julio 27, 2011

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lanacion.com

Un birdie en el hoyo 18 lo habría consagrado en el Canadian Open, en Vancouver; hizo bogey y finalizó 3°, a uno de O’Hair; una actuación que lo devuelve a su mejor versión.

Andrés Romero recuperó esa sensación de que el mundo del golf lo esté observando, de que las cámaras se muevan pendientes de cada uno de sus golpes, de sus gestos, de sus expresiones. El Pigu transcurrió mucho tiempo en el PGA Tour con vueltas intranscendentes y casi solitarias, apenas con la compañía de su caddie y algún allegado.

En el Canadian Open todo cambió. Ayer se paró en el tee del 18 sabiendo que con un birdie obtenía su segundo título en el PGA Tour, después de su conquista en Nueva Orleáns en 2008. El desafío era difícil, aunque el destino del torneo dependía exclusivamente de la eficacia de su swing. Sean O’Hair y Kris Blanks esperaban ansiosos en el club house con sus 276 golpes (-4). Pero el tucumano falló: un gancho a la derecha, la necesidad de pegar con fade pegado a los árboles, una sacada corta desde el búnker y dos putts lo sentenciaron al bogey y al tercer puesto, para quedar a un golpe del desempate. Luego, tras un hoyo extra, O’Hair festejó el título; a él sí que le bastó con el bogey.

“Estoy contento fue una buena semana, más después de cómo empecé, pero, por suerte, los dos birdies del 10 y el 11 me tranquilizaron un poco y pude acomodar la vuelta”, señaló Romero, de 30 años, cuya carrera parece predestinada a los momentos mágicos.

Su trayecto de ida en el grupo final, junto con Bo Van Pelt y el local Adam Hadwin, se estropeó con un doble bogey, tres bogeys y un birdie. Ese score de +4 asomaba condenatorio. Sin embargo, emprendió un renacer desde el hoyo 10 y encadenó 5 birdies que lo situaron al borde de la hazaña. Hasta que llegó el fatídico hoyo 18. “Ahí le pegué mal el drive, pero me quedó tiro. Si se abría un metro la ponía en el green y ¿quién sabe? Pero bueno, después la pelota en el búnker estaba muy para arriba y no era fácil dejarla cerca”, apuntó Romero, que ya empieza a recoger los beneficios de este tercer puesto.
Por lo pronto, con los 984.153 dólares embolsados en esta temporada, se aseguró la tarjeta del PGA Tour para 2012, que era su objetivo primario. Además, quedó en el 68° lugar de la FedEx Cup, el ranking correspondiente a los Playoffs que cierran la temporada.

Más todavía: Romero está virtualmente clasificado para el PGA Championship, el último Major de la temporada, que se jugará del 11 al 14 del mes próximo en el Atlanta Athletic Club de Georgia. Para ingresar a este certamen de Grand Slam, hay que figurar entre los primeros 70 puestos de un ranking que va del PGA Championship 2010 al Greenbrier Classic, que se jugará desde el jueves próximo. Romero ocupa hoy el 73° lugar de ese listado, pero, si no se llena el field, se recurre a ese ranking para completarlo. El año pasado se consideró hasta el puesto 78°, por lo que el jugador de Yerba Buena cuenta con muchas chances.

Como en todo certamen de golf que no se obtiene, quedan algunas escenas para el lamento; la principal, aquella fantástica sacada del búnker en el 14 que casi se convierte en águila (la pelota cayó de aire, dio toda una vuelta al hoyo y salió). No pudo ser.

“Estoy con más confianza; hace varias semanas que me tengo fe y me voy acercando. Apunto a jugar los cuatro torneos de la FedEx, que te permite actuar en todos los Majors”, sueña el Pigu, que volvió a tratar de tú a tú a la elite.
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Torneos de Grand Slam ya pasaron en los que Andrés Romero no participó. El último fue el PGA Championship 2009; ahora, quedó en buena posición para volvera a un Major

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