octubre 18, 2011

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Si justo hoy -sea por el motivo que sea- está muy apurado… la recomendación más sana y equilibrada que se me ocurre, es que no juegue Golf… hágame caso; le hará muy bien a sus compañeros y se ayudará a sí mismo.

Pero si de todas formas lo desea, comuníqueselo al Starter (su apuro) para que lo incorpore a una línea de jugadores ágiles, dado que podrían complicarse más sus tiempos si le tocara jugar arrastrando a algún compañero ‘lento’

En esta disciplina, como en tantas cosas de la vida hay un tiempo justo y necesario que no se puede modificar.

Existen tantas variables que Ud. no podrá siquiera administrar, como por Ej.: el ritmo de sus propios compañeros de juego; la cantidad de jugadores que lo acompañen en su línea; la cantidad que hoy ocupa toda la cancha; la modalidad de juego que se eligió para ese día (Medal, Fourball, Salidas simultáneas, etc.); el tipo y geografía de la cancha; el clima; las reglas locales que dispuso el club (‘Lie’ mejorado, por Ej.); la franja horaria que eligió para jugar; su propia precisión y en definitiva… su suerte.

No se puede jugar observando el reloj, ya lo sabemos todos los que pretendemos hacer un buen score. Pero ello no quiere decir que para hacerlo bien tengamos que exagerar ó imitar a los profesionales, que se toman tiempos infinitos (a mi gusto sobreactuando), cuando están participando en sus torneos.

Usemos el tiempo de una manera racional y más sensata, porque no es nuestro; es un tiempo que estamos compartiendo con otros golfistas en la misma cancha.

En el mundo ‘amateur’, el nuestro precisamente; ninguno estará en condiciones serias de prometerle a su esposa ó amada compañera, que regresará a casa antes de las 4 ó 5 de la tarde… porque todo dependerá -además de la hora de llegada al club- de cada mínima cosa que nos pase dentro y fuera del campo de Golf.

Si los planetas se alinean a su favor, digamos que en promedio no se irá antes de las 4 horas de haber llegado -con suerte- y sumando tiempos breves de vestuario, de práctica, de juego propiamente dicho, con un corto refrigerio y la correspondiente ducha ó higienización. Por el extremo opuesto -si la suerte lo abandonó- permanecerá atornillado en las instalaciones por un período de 6 ó más horas. Y no se olvide de sumar el tiempo del viaje…

Alguna que otra vez, por esas locas cosas de su destino, le tocará compartir su juego con un compañero lento, muy lento (ojalá que sea sólo uno…)

Esos jugadores que siempre realizan seis, siete ó más swings de práctica; que justo antes de impactar la bola deciden cambiar su palo por un más largo ó corto; que caminan despacio como paseando por el shopping; que luego de golpear cada bola limpian meticulosamente sus palos y hacen una ceremonia para enfundarlos y acomodarlos prolijamente en la bolsa, y cuando por fin llegan al green… aprovechan para sacarle brillo a su descolorida esfera, luego se desplazan de un lado a otro observando todas las líneas y ángulos posibles, para quedarse como congelados por varios segundos, antes de impactar un Putt de 30 cm. Alucinante…

Entonces querido colega, toda su línea (sea de dos, tres ó cuatro jugadores) se moverá a la velocidad del más lento, que le impondrá su parsimonioso y flemático estilo de juego a todos.
Tómeselo con calma, respire profundo; recuerde siempre que sus objetivos eran distraerse, divertirse y aflojar esos nervios que acumuló durante la semana… no se enoje.
Después de todo Ud. tendrá pocas alternativas -diplomáticas- a mano, para intentar cambiar su propio destino. Convénzase de que ese día será un largo día… y que hacerle una bufanda con el hierro 3 a su amigo lento, no es del todo aconsejable.
Digamos que una de las posibilidades más milagrosas, es que lo ayuden externamente.
Que se quejen, griten y los maldigan los jugadores que vienen detrás de su línea (como acompañantes de un largo sepelio); ó por el contrario, que se acerque el carrito del asistente del Starter -recorriendo la cancha- y les ‘sugiera’ agilizar el juego de todos.
Ahí, justo en ese punto, se le abrirá una puerta para que Ud. mismo encare personalmente el tema con su acompañante lento, aunque deberá ser prudente con lo que diga y haga, porque terminará acumulando más estrés del que tenía, si acaso recibe alguna contestación ó gesto que no le agrade.

Sufrir la lentitud excesiva de un colega es fastidioso y tratar de insinuarle ó proponerle algún cambio en su actitud, también lo pondrá en una situación violenta; primero porque no lo conoce ni sabe cómo reaccionará, por más que se lo diga con respeto y mucho cuidado; y segundo, porque lo último que desea en ese día es tener un altercado con alguien.

La falta de ritmo distrae, desconcentra a quienes están acostumbrados a resolverlo con otra agilidad, téngalo presente y haga un doble esfuerzo por mantener su propia concentración.

Si Ud. es un jugador ágil, sepa entonces que quienes están acostumbrados a jugar lentos y a tomarse el tiempo del mundo para decidir cada golpe… a ellos también los desconcentra mucho que los apuren, que les cambien su tradicional compás de juego (pero de este caso nos ocuparemos en otra nota futura).

Por eso vuelvo a repetir lo que le sugerí al principio: Si está apurado… ese día haga otra cosa menos jugar Golf. Y si aún insiste, prepárese mentalmente para jugar 9 hoyos, para no discutir y para soportar lo que le toque en suerte a su lado…

Pero no deje de cumplir con su verdadera meta: Disfrute tanto como pueda cada minuto.

Hasta la próxima.
Marcelo H. Barba

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