diciembre 5, 2011

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Hagamos lo que hagamos, con precalentamiento ó cien swings de práctica, siempre que nos enfrentemos al primer hoyo del juego, sobrevendrán tres situaciones clásicas: Dudas; miedos y falta de soltura en el golpe que pone en marcha el partido de Golf. Es un hecho inevitable.

A veces me digo a mí mismo (lo compruebo) que debería re-comenzar el “1″ luego de haber jugado el 3 ó inclusive el 4; porque recién allí, mi cuerpo y mente tienen la sensación plena de estar jugando Golf…
Pero comprobé también que esa sensación de miedo y duda que nos ataca en el primer tee, no se va tan automáticamente cuando le dedicamos un poco de práctica previa… diría que no es algo atribuible al físico, sino a la mente, a nuestra querida y compleja cabezota. Por más que tiremos 10 baldes de 100 pelotas antes de comenzar con cada juego.

Analicé y observé con detenimiento las circunstancias que rodean al primer tiro, cada vez que esperamos nuestro turno de salida, cerca del tee ó haciendo algunos tiros sobre el putting green, mientras llega el momento preciso de pararnos, apoyar la pelota y disponernos a ejecutar.

Una de las actitudes que tomé (y me ayudaron mucho) que ahora recomiendo, es de orden psicológico y se refiere a no mirar más a quienes están saliendo antes que nosotros. Tan sencillo como eso.

Muchos jugadores se quedan como hipnotizados, mirando fijamente cómo lo hacen los demás…

Inconcientemente nuestra mente registra, compara, copia y trata de reproducir lo que nos ‘‘parece mejor”. Es decir, intentará hacer -aunque no seamos concientes del proceso- lo mismo que vimos y consideramos un buen swing, inclusive sin advertir que esos tenían más errores que los nuestros.

Lamentablemente es un mecanismo que no podemos anular, ni apagar con una llave, ni quitarle las baterías para que deje de funcionar. Así que simplemente tratemos de mirar para otro lado, observemos nuestras propias escenas y la película de nosotros mismos, reproduciendo el tiro más perfecto que nos podamos imaginar, pero reconociendo en ese jugador a nuestra propia persona.
En particular, me alejo unos metros del tee de salida -lo suficiente como para no molestar- y aprovecho el sol ó la luz de la mañana, para darle mi espalda. Preparo un pequeño ‘cine chinesco’

Con ello logro reflejar mis sombras en el piso. Luego, observo un golfista en negro… que me muestra mi propio stance, cómo estoy abriendo las piernas, el lento movimiento de sacada del palo hacia arriba con el brazo izquierdo estirado; que en esa misma sombra no aparezca el codo derecho como un ‘ala de pollo’ volando; el giro de mi cadera (miro que no balacee mis piernas hacia algún costado, para corregirlo); finalmente, observo cómo descargo el golpe y termino el mismo… todo como si fuera en cámara lenta.

Lo importante es, que el hecho de estar mirando eso mientras armo y descargo el golpe, hace que fije mis ojos sobre un punto (hago de cuenta que ahí está la pelota), obligándome de esa forma a practicar la famosa y primera lección que aprende todo golfista: “no sacarle los ojos de encima a la bola”

Cuando llega mi turno, subo al tee de salida sin llevar conmigo ninguna “contaminación” visual de los otros jugadores que me precedieron, y eso es importante por dos cosas simples: a) Ninguna rutina es 100% trasladable a otra persona, máxime si se trata de aptitudes físicas, porque tenemos cuerpos distintos, porque tenemos experiencias disímiles, equipos de Golf distintos, y cerebros distintos… y b) Porque nunca jamás podremos intentar poner en práctica un nuevo golpe, rutina ó simplemente cambiar un estilo de juego, en menos de diez minutos, sin siquiera haberlo practicado mil veces, fuera de un campo de Golf.

Para finalizar les cuento que desde hace un tiempo tomé la decisión de jugar el hoyo-1 ‘a boogie’. Me mentalicé para ejecutar mi primer tiro con una madera de fairway (3, 5, 7). Hago de cuenta que ya estoy jugando hace rato y ahora ejecuto un segundo ó tercer golpe desde el medio del fairway.
Clavo el tee más profundo y dejo la pelota como flotando al ras del pasto. El swing que sigue lo efectúo al 70% (sin enroscarme ni pretender desintegrar la bola con ese golpe), el resultado que obtengo hasta ahora en el hoyo-1 es (para mí) bastante sorprendente, ya que a veces no hago boogie y sin pretenderlo llega un hermoso par…

Seguramente debe haber mil técnicas especiales (y mejores) para sacarnos el miedo escénico, la dureza y los pensamientos a la hora de ejecutar el primer tiro del Hoyo-1; pero desde lo simple y práctico, con muy poco gasto de nuestra parte, les recomiendo estos tres pasos que acabo de describir: a) No mirar a otros jugadores; b) Practicar con nuestras sombras; c) Ejecutar un tiro de fairway sobre el tee de salida.
Mucha suerte… y hasta la próxima.
Marcelo H. Barba.

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