diciembre 4, 2012

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hechosdehoy.com

El actor de 82 años tiene un campo de golf propio de nombre Tehama en Carmel, California, y ha lanzado con Nancy Haley una línea de ropa de golf de alta gama.

Este joven tiene 82 años, un campo de golf propio en Carmel (California) de nombre Tehàma (se dice tah-hey-ma). Participó con otros en el lanzamiento Back9 Golf Network y en 1997 y lanzó con Nancy Haley TEHAMA, exitosa línea de ropa de golf de alta gama.

Sincero y sencillo en la entrevista:
- Ahora prefiere relajarse jugando al golf ¿no?
- Desde luego. El golf es un deporte al que puedes jugar con una limitada habilidad y disfrutar mucho. No es preciso que te entrenes y practiques durante meses. Además hace que acabes compitiendo contra ti mismo, y te revela aspectos de tu personalidad que quizás desconozcas.

Con esta pregunta y con esta respuesta termina la entrevista. Parece sencillo, pero no lo es, sintetizar en solo cuatro líneas el alma del golf y su cuerpo; precisar espíritu de lucha y superación y, simultáneamente, lo asequible que resulta el golf y cómo disfrutar con él con una habilidad razonable.

Quien así responde a la periodista de ABC, Angélica Martínez es un actor, un productor, un político por dos años y un dueño de la escena, fácil de admirar, pues es aquel hombre de rostro duro y enjuto que, en la pasada campaña electoral estadounidense dio un discurso a una silla sola y vacía que le acompañaba junto al atril.

Sí, ese es Clint Eastwood que, como informa Hechos de Hoy estrena estos días, vuelve como actor en una historia de un veterano cazatalentos del beisbol, Gus Lobel. El título de la película, “Trouble with the curve” (aquí traducida como “Golpe de efecto”) y su temática -la búsqueda de el gran jugador- invitan por sí mismas a viajar con la imaginación al golf.

Evidentemente, cada jugador del golf es un cazatalentos de sus propias fronteras deportivas en el sentido de que, por estrechos que aparezcan los márgenes de maniobra física, mental y espiritual, todo player, persigue algún aspecto de la propia superación. Un límite que sobrepasar, en la confortable ironía de saber que en el golf no existe la perfección y que la excelencia, en el mejor de los casos, es extraordinariamente efímera: dura exactamente lo que un swing, mientras las manos hacen el follow through a una velocidad de entre 75 y 85 km/h.

Nada, un suspiro apenas ahogado y volver. No es esa la lección de la cinta dirigida por Robert Lorenz. Pero sí aprendemos que cerca de cada uno, dentro de uno mismo hay una mina de talentos y capacidad de generación de felicidad propia y ajena. El film contiene una escena con rastros de humano coraje en el diálogo entre Mickey (Amy Adams), la hija del protagonista y el cazatalentos deportivos Gus (Clint Eastwood):

.- Mickey: Me mandaste lejos, Sólo un cobarde deja a su hijo.
.- Gus: No sabes ni la mitad de lo que crees saber.
.- Mickey: Dime por qué me abandonaste.
.- Gus: Yo no quería que vieras la vida sentada en gallinero, eso es todo.
Mickey: “No la veía desde el gallinero; pasar el mayor tiempo posible junto a mi padre viendo béisbol, eso era tribuna.”

El otro aspecto sugerente del golfista y cineasta Clint Eastwood es el título de la película que, cogiéndolo por los pelos -al título no al actor-, me ha recordado la clase de golf de ayer mismo, donde mi sufrido coach se empeñaba en que yo hiciera las cosas por el arco correcto para que la cara del palo estuviera cuadrada al empalar la bola. Inútil, imposible porque yo tenía un “trouble with the curve” y constantemente entraba desde fuera produciendo algo parecido a la trayectoria con efecto de un Messi del golf intentando meter un gol al arcoíris por la zona norte del condado.

Esto me lleva a la comunicación: la realidad es que no podemos dejar de comunicar ni cuando callamos. Contar historias que inspiren es propio del cine. Contar la mente al cuerpo cuál es el movimiento correcto para que la bola salga como un proyectil a su objetivo es el objeto, prácticamente el único objeto, del swing en el golf.

Entonces, cabe preguntarse por qué hay películas que no funcionan, por qué hay palabras que no conmueven y gestos que aíslan y por qué mi amigo el hombro derecho no escuchaba la orden del cerebro de que iniciase el giro.

La respuesta se llama sintonía: sin sintonía no hay ritmo -vital en la belleza y efectividad del swing- y sin ritmo tendremos un problema en el plano sobre el que se realiza la curva que cubre el arco exacto del golpe preciso. Si las manos no sintonizan con la mente no lo harán bien.

Si las personas no sintonizamos con el público, el sonido que sale de nuestra boca es incapaz de culminar la transmisión. Sin escucha en la misma sintonía la palabra es extraña, el gesto huero y la vista miope a las necesidades del corazón. La buena noticia es que estamos a tiempo de aprender a manejar el dial de nuestra vida mirando, primero despacio como en un swing de prueba y luego más naturalmente, para acabar aprendiendo qué resortes nos hacen comunes, es decir nos unen en lo que tenemos de común.

Por cierto los aficionados al golf poseemos en común con Clint Eastwood esta exitosa afición. Pero comprobamos que en el actor y productor es algo más que un divertimento cuando la fe en su ejercicio le ha llevado, entre otras cosas, a tener un campo propio en Carmel, CA Tehàma. Es algo exclusivo, sólo tiene 300 socios que lo son por invitación y pagando medio millón de dólares. También participó con otros en el lanzamiento Back9 Golf Network, una cadena de televisión sobre este deporte y, en 1997, lanzó con Nancy Haley cofundadora y Presidente de Sport-Haley Inc., una exitosa línea de ropa de golf de alta gama con el nombre, precisamente, de TAHAMA. No hay duda, el golf acompaña e inspira a los creadores.

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