abril 30, 2013

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Marcelo Barba

Mientras observo a los profesionales y trato de descifrar alguno de sus secretos, comprendo un poco más las pequeñas cosas que nos alejan de su impresionante performance y experiencia.

Una de ellas -sin dudas- es el grado de concentración que logran mantener, en la mayoría de los casos, durante el recorrido de los 18 hoyos (y aún más… porque algunos terminan de jugar y se van a la zona de práctica para seguir «ajustando» aquellas cosas que no funcionaron al 100%; increíble no?)

Pero por encima de las tantas técnicas de concentración que cada uno supo incorporar a su rutina, aparece una en particular, bastante común en ellos, que nos aleja más de su nivel de juego. Es la soledad.

Que no es lo mismo que jugar sólo; me refiero al silencio… Porque una cosa es jugar con un caddie, donde podría decirse que el mayor flujo de información entre esas dos personas, se referirá y circunscribirá al juego, a los palos, al viento, al estado de la cancha, a las distancias, en fin… hasta deben cruzarse algún que otro comentario sobre los compañeros y competidores de juego.

Y otra cosa -muy distinta- es lo que hacemos nosotros cuando jugamos los fines de semana.

Mi sensación, es que quizá desperdiciemos una de las pocas oportunidades naturales de concentración que nos ofrece el Golf, convirtiéndola en una especie de reunión social, donde además aprovechamos para jugar un poco de Golf, ya que estamos…

Hablamos demasiado. Planteamos diálogos duros, de política, fútbol, trabajo y otras cosas que posiblemente no dejarán que nuestra mente se focalice y tome el control sobre lo que efectivamente intentamos hacer.

En alguna oportunidad intenté caminar en silencio y concentrado en mi próximo golpe. Iba pensando sólo y exclusivamente en la preparación de la ejecución, la posición de la pelota, las distancias, el palo que debería usar, etc., pero mis amigos me preguntaron si estaba enojado -si me sentía bien… porque lo ‘lógico’ para nuestro grupo, era jugar y charlar de lo que nos pasó y vivimos durante la semana, cambiando opiniones y puntos de vista sobre tal ó cual tema (¿lo viste a Del Potro?; ¿Qué me decís de Boca…?; ¿Qué opinan del lavado y la corrupción…?; en fin… cosas para hablar, tomar posiciones y seguir por muchos hoyos más).

Al Golf se lo critica, entre otras cosas, diciendo que es aburrido, solitario y sin posibilidades de entablar una conversación con nadie. En nuestro caso diría que eso es falso, porque hacemos lo contrario. Pero también soy conciente de lo otro que apunté arriba, que para jugar bien hace falta silencio, estar focalizado en lo que uno quiere hacer, desalojando de nuestra mente toda idea ó situación que nos pueda producir ‘ruido de fondo’, no se si es claro lo que pretendo transmitir… es como jugar en soledad con nuestra mente.

Noten lo que sucede cuando jugamos con alguien desconocido, que llegó de visita y terminó compartiendo la línea de juego de tres amigos que no conoce. Seguramente será quien demuestre el mejor desempeño del grupo y además, quien presentará la mejor tarjeta, ya que el hecho de desconocer la cancha lo hará concentrarse y al no tener confianza con sus compañeros de juego, también lo mantendrá más silencioso, concentrado y alejado de los temas que pudiesen distraerlo.

Con todo esto, no estoy estimulando ninguna idea antisocial y menos aún que nos convirtamos en ermitaños del Golf. Lo que sí quiero hacer, es tratar de identificar más elementos de ayuda para nuestra concentración, para aplicarlos en cada oportunidad que deseemos jugar ‘mejor’.

Todos nosotros somos capaces de administrar desde el plano conciente nuestro propio nivel de aislamiento mental, aunque estemos rodeados de gente. Comprobémoslo algún día, renunciando momentáneamente a nuestra línea de amigos y anotémonos veinte minutos más tarde, en otra salida con jugadores desconocidos con quienes nunca compartimos más que un cordial saludo.

O sin tanta vuelta… sugirámosle a nuestros amigos de siempre que justo ese día de torneo, traten de hablar poco y que en lo posible sea de Golf… veamos los resultados obtenidos y comparémoslos con los de otra semana anterior. Les aseguro que habrá caras y gestos de sorpresas interesantes.

Hablemos mucho y no perdamos esos momentos irrepetibles entre amigos, pero desahoguémonos en el bar del 9 ó al finalizar el 18, compartiendo una sabrosa y helada cerveza.

Hasta la próxima.

Marcelo H. Barba

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