junio 1, 2020

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hechosdehoy.com  Calatayud

Hace unos días se publicaba la noticia de un accidente ocurrido en un campo de golf de Tenerife. No es infrecuente que se produzcan casos de lesiones y además muy serias.

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El caso que relataba el diario El Mundo es el de un vuelco de un buggy y su posterior precipitado descenso por un terraplén. El accidente acabó con la vida de un jugador y produjo heridas de distinta consideración a otros cuatro jugadores. Luego, algunos dicen que éste es un deporte tranquilo, sosegado y del que no cabe esperar más sorpresas.

 

Lo cierto es que depende mucho de con quien juegues y de cómo sea el campo. Tengo un amigo, señor socio, que lleva ya unos pocos incidentes conduciendo un buggy; su esposa, que le acompaña habitualmente en esas correrías golfísticas, debe estar gestionando un generoso seguro de vida, otro de lesiones y, quizás el que mejor puede aprovechar: un seguro de viudedad sobrevenida por accidente deportivo.

 

Ellos mismos me contaron que este amigo, señor socio, acompañado de su cónyuge consiguió la nada fácil habilidad de dejar el pequeño vehículo eléctrico subido a un montículo y sin ninguna de las cuatro ruedas tocando suelo. Fueron rescatados sin un rasguño y pueden contarlo.

 

Pero no es así en todas las ocasiones. En el Le Cirque du Soleil se ven cosas menos difíciles que en el golf y con riesgo más moderado: esas bolas pegadas con el driver que chocan en las barras del tee de salida y vuelven disparadas a la cabeza de los jugadores; ese swing de calentamiento que pasa rozando la zona maxilar del compañero contrincante, ese brusco frenado del buggy al borde del lago…

 

No, no son pocas las situaciones de riesgo. Y quienes peor lo tiene son las damas. Las jugadoras amateur, como es sabido, salen de “barras rojas”, es decir, su zona de salida en cada hoyo está siempre, invariablemente, entre la zona de salida de los señores (barras amarillas o blancas) y el fairway, la calle, el lugar destinado a recibir la bola. Pues bien, en un partido en el que vayan hombres y alguna dama, la señora tendrá cuidado de apartarse de su zona de salida mientras lo hace un jugador masculino. En caso contrario peligra seriamente su integridad.

 

He leído datos de un médico forense español que indican que una bola de golf puede ser letal como una bala. Es evidente que tal magnitud de daño depende del momento del impacto – cuánto tiempo transcurre desde que se origina el golpe hasta el impacto – y de la zona del cuerpo afectada. Para este doctor, que ha estudiado golpes con el driver que impelen la bola a una velocidad de 80 metros por segundo (288 kms./hora), un impacto recibido puede dejar a la víctima lista de papeles si es cerca de la salida y afecta a zona vital.

 

Por ello no deja de emocionarme la confianza que tiene en mí, mi venerada prima Margarita, que apenas se esconde cuando voy a salir con mi driver. Es cierto que he mejorado bastante, pero debo confesar que los patos negros de la salida del hoyo 15, no se van al agua, se quedan en el, para ellos lugar más seguro: el centro de la calle. Los odio.

 

Se muere en un campo de golf también por la acción de un rayo. Sin embargo, a salvo lo salvable, según mi prima Margarita es una forma poco sensata de entregar la cuchara. Efectivamente los “protocolos” a cumplir en caso de amenaza de tormenta eléctrica son conocidos de sobra por los jugadores. Así que si alguien persiste en quedarse en el campo cuando suena la sirena, porque lleva un gran día, puede ser que sea su último buen día para el golf y para cualquier otra actividad.

 

Pero una de las más crueles formas de morir en un campo golf es morir de aburrimiento. Y es que coincidir día tras día en un campo de golf con un compañero pesado y pelma, disminuye la capacidad intelectiva, la “pasionabilidad” por el golf, si entienden lo que quiero decir. Y entonces, adiós a la alegría de jugar, au revoir à la joie de vivre!

 

El remedio es fácil: poner simpatía, poner reto deportivo y quizás una modesta apuesta acomodada a la fortuna de los jugadores: una cerveza, una bola de golfo, o green fee.

 

Empieza un año y en lo que esté en nuestras manos, lo mejor es no morirse. Y si uno es jugador de golf vivirlo acompañado y acompañando. Es el mejor uso que se puede hacer de los artilugios que nos traigan los Reyes Magos y el mejor uso también de los talentos que cada uno tiene.

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