julio 18, 2019

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Marcelo H. Barba

La simple acción de hacerle una pequeña marca a la pelota que usamos para el juego, más allá de las que trae de origen, es una medida inteligente que nos ahorrará discusiones, multas, eventuales errores y enojos con otros compañeros de juego.

Screen Shot 2017-09-11 at 8.59.19 AM

 

Ej.: Tira Roberto…, tira Juan… y hace lo propio Alfredo… Todos salen caminando para encontrarse con su propia pelota y realizar sus segundos tiros, pero como también juega la casualidad, tanto Roberto como Alfredo van a parar al mismo sitio, digamos que sendas pelotas (blancas, esféricas, de la misma marca y sin ninguna identificación especial que las distinga) están ahí, separadas por escasos centímetros una de la otra.

Aquí aparecerán algunos escenarios interesantes para analizar:

a)     Que alguno o ninguno recuerde con qué pelota jugaba… con lo cual, posiblemente nadie se pondrá de acuerdo con la propiedad de cada esfera. Habrá que tener paciencia y hacer de cuenta que cada cual perdió su pelota, retroceder hasta el sitio donde se ejecutaron los tiros y volver a impactarlas sumando la multa correspondiente que indican las reglas para estos casos y para cada jugador.

b)     Que alguno reconozca como propia a una de las pelotas encontradas, pero el otro no… con lo cual vale lo indicado arriba pero sólo para uno de los golfistas.

c)     Que ante la imposibilidad de identificar fehacientemente la pelota encontrada se genere una discusión –intransigente-, se atrase el juego y se deba recurrir a una ayuda externa que indique una salida más formal al inconveniente.

Para estos casos, para tratar de demostrar la propiedad de una pelota con algún ‘antecedente’… se me ocurre demostrarlo por la vía de la confianza, es decir, si compramos una caja o tubo de 3 pelotas, podríamos exponer que la no identificada formaría parte del trío que adquirimos, ya que por su estado, marca y número coincidiría con las otras dos pelotas que aún resguardamos, con lo cual, por esta vía ‘podríamos’ demostrar –lo digo potencialmente- el origen de la esfera, aunque todo será relativo y como suele suceder con el Golf, siempre dependerá del grado de honestidad del propio jugador.

Ahora bien, si ambas pelotas en disputa no se pueden identificar ni diferenciar, la cosa es de rigor para ambos jugadores y habrá que aplicar las Reglas 12-2 y 27-1, considerando a ambas pelotas perdidas. Aun así, cuidado cuando la pelota se encuentra medio enterrada en el rough o con dificultades para observarla, porque habiendo anunciado previamente la intención de identificarla (a su compañero, marcador o co-competidor) y la misma se toca y/o se rota; el jugador que lo haga incurrirá en una penalidad por tocar la pelota de manera distinta a como lo establecen las Reglas (Regla 18-2a), salvo que previamente hubiera marcado su posición.

Según las Reglas 12-2 y 20-1, la pelota puede levantarse -o tocarse y rotarse- con el propósito de identificarla, pero después de marcar su posición. Si el jugador hubiera marcado la posición antes de rotarla, no habría penalidad, suponiendo que la pelota al rotarla no se hubiera limpiado más de lo necesario para identificarla.

A este punto, queda claro que hacerle una marca de identificación a nuestra pelota, terminará siendo un gran negocio para todos, especialmente para nuestro propio score…

Finamente sólo me queda proponerles buena creatividad, para elegir y colocar una marca las ‘esferas’ que identificarán como propias… y como siempre, desearles suerte en su próximo encuentro.

Hasta la próxima.

Marcelo H. Barba

 

 

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