junio 12, 2018

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Marcelo H Barba

Cuando estamos por enfrentar cualquier actividad programada (y con esto quiero decir, no sorpresiva) todos nosotros aunque no seamos conscientes del proceso interno, preparamos alguna estrategia. En Golf sucede y es fundamental. 

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 Diría que en esta disciplina que abrazamos con pasión, casi siempre se nos presenta un plan mental por cada uno de los 18 hoyos que vamos a tratar de conquistar. La diferencia entre la estrategia y la táctica, es que en el primer caso (estrategia) nos referiremos a una planificación que fijaremos para el todo el desafío; mientras que la táctica son las acciones que vamos a necesitar disponer, para cumplir con cada parte del plan y la estrategia misma.

Una buena estrategia siempre estará vinculada con actividades o estudios de ‘inteligencia previa’. Por ejemplo, una estrategia a plantearnos sería la de hacer todo lo que podamos, para tratar de no sumar más de 90 golpes en los 18 hoyos.

Precisamente tratar de hacer todo lo que podamos, incluirá actividades de inteligencia previa relacionadas por Ej., con un análisis del campo donde jugaremos; las distancias a recorrer en cada hoyo; los obstáculos a evitar (arenas, aguas, rought, fuera de límites y demás situaciones de riesgo); el clima que nos acompañará en el día que jugaremos (existen muchas herramientas disponibles para conocer con tremenda exactitud la temperatura, la lluvia, los vientos; hasta hora por hora); los horarios de salida; el tipo de pasto que ciertas canchas de Golf poseen (sobre todo el estado de los greenes); si pudiéramos acceder a alguna tarjeta de score, analizar también el hándicap o la dificultad de cada hoyo que enfrentaremos… en fin, hasta la posibilidad (dependiendo de lo fino y sofisticada que sea nuestra planificación) de conocer físicamente la cancha donde jugaremos, es decir, pisarla, caminarla un poco y observar su estado real.

Me dirán que todo esto es demasiado exagerado, puede ser. Pero lo que deseo transmitir en todo caso, es que cada uno de nosotros en base a sus propios objetivos y deseos de cumplirlos, podrá seleccionar y planificar muchos elementos y variables de antemano, para minimizar los riesgos, hacer más previsible las situaciones e intentar que muchas de esas cosas no nos sorprendan cuando estemos jugando.

Dentro de esos planes previos, obviamente estará nuestra propia preparación física, que en términos estratégicos no es menor ni deberíamos minimizarla; comprendiendo en ello a actividades de ajustes en los días previos, en algún sitio de práctica y hasta en la misma cancha un par de horas antes de nuestra salida.

Dichas preparatorias (en más o en menos) deberían comprender, algunas ejecuciones con el driver, una práctica con 30 /40 pelotas desde un bunker, media hora -como mínimo- sobre el green y otras 20 /30 ejecuciones de juego corto con un pitch o elemento similar.

Quizá la estrategia más dura de cumplir será la de nuestra preparación mental, la de tratar de conocer nuestras fortalezas y debilidades y luego aplicar esas limitaciones al desarrollo del juego. Con esto quiero decir que deberíamos adecuar nuestras características y estilo de juego a lo que precisamente conocemos y dominamos, no intentar por ejemplo, el uso del driver cuando no confiamos aún en su dominio, o tratar de alcanzar distancias que nunca antes de ese torneo supimos conseguir; del mismo modo que con el resto de los palos y las ejecuciones que normalmente realizamos. Ser lo que en verdad somos y jugar como en verdad jugamos.

Si enfrentamos un Par 3, en el que su distancia ya nos dice que nos será imposible dejarla posada sobre el green con nuestro primer tiro; la “táctica” a utilizar debería ser -de antemano- llegar en dos ejecuciones, con lo cual… usemos el palo que mejor nos deje posicionados sobre el fairway, sin esforzarnos ni intentar descalabrarnos, como para poder realizar un segundo tiro cómodo y exitoso que ahora sí, nos deje posados cerca del hoyo.

Todos los golfistas que conozco y me incluyo, casi siempre pretendemos ejecutar el tiro más potente, largo y derecho; de la misma forma que pasar de aire una laguna, que mes a mes sube de nivel por la cantidad de pelotas que descansan en su fondo; todos también deseamos llegar en tres tiros en un par5, en dos en un par4 y como dije antes, en una sola ejecución en un par3… pero toda esa ensoñación no tiene nada de estratégico y probablemente nos haga acumular más golpes en nuestra tarjeta.

Es probable que nuestra propia experiencia de juego, la que vayamos acumulando y perfeccionando con los años, termine por modificar nuestras estrategias originales. Eso será absolutamente lógico y beneficioso, pero mientras tanto sepamos adecuar nuestras estrategias a nuestras limitaciones reales; con ello también nos plantearemos nuevas tácticas un tanto menos exigentes y más orientadas a la confianza que finalmente le ganamos a nuestros palos y ejecuciones.

Esto lo podemos ver reflejado cuando nos planteamos (por Ej.) dos objetivos distintos frente a un mismo hoyo.

En el primer caso con una mentalidad exitista nos mentalizaremos para hacer un birdie. En el segundo caso en cambio, saldremos del tee pensando en que con nuestro hándicap, sería muy aceptable lograr un humilde bogey.

Créanme que las sensaciones obtenidas en uno y en otro caso son tremendamente distintas porque, si efectivamente hacemos bogey o inclusive un par, cuando habíamos pensado en bogey… saldremos satisfechos y positivamente preparados para enfrentar el próximo hoyo.

Pero sí en cambio (cuando habíamos imaginado el birdie) terminamos con un bogey… caminaremos desilusionados y hasta frustrados hacia el próximo tee de salida…

Quede claro por favor, que en ningún caso presento una actitud de conformismo, sino de realidad y sinceridad para con nosotros mismos y con nuestras limitaciones. Y en base a ello sugiero que planteemos nuestras estrategias reales.

Que tengamos buen Golf este fin de semana y que podamos identificar nuestras propias “Fortalezas y Debilidades” para asegurar el éxito de nuestro plan.

Hasta la próxima

Marcelo H. Barba

 

 

 

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