septiembre 19, 2019

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Marcelo H Barba

Mientras jugamos, probablemente hacemos cosas que son incompatibles con las metas que nos fijamos. ¿Verdad…?

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Esto es cuando queremos jugar bien y tener un buen score, pero no somos consecuentes con nuestras actitudes ni contribuimos mínimamente para que podamos lograr nuestro objetivo.

El tema de la concentración (ese viejo y remanido asunto) es una actitud muy evidente. No nos imaginamos hasta dónde llega la importancia y por dónde comienza –por Ej.- la gimnasia para evitar la distracción, con la simple acción de hacer silencioen nuestro recorrido y lo que lograríamos con ello.

Voy a ser más específico con un caso:

La costumbre de jugar con mis amigos (gracias a Dios, por el lado bueno) hizo que durante muchos años, compartiéramos una línea de 3 o 4 jugadores cada fin de semana, reunirnos y disfrutar una mañana completa de Golf. El grado de amistad y confianza en el grupo era y sigue siendo tal, que hace permeable todo tipo de charla y comentario sobre nuestro juego y cualquier otro diálogo, sea este cómico, deportivo, económico o político; y eso no es tan bueno.

Ninguno de nosotros en principio, logró vincular al silencio con la concentración, pero luego de ciertas experiencias advertimos que es prácticamente imposible llegar a un buen nivel mental, que nos aísle y permita lograr ejecuciones con precisión si no callamos ni cerramos nuestras bocas…

Y es tan lógico que hasta parece obvio… porque mientras intentábamos dejar de reír por las bromas referidas a algún error o pasar el trago por un comentario vinculado con la derrota de nuestro equipo de fútbol, simultáneamente, tratábamos de realizar nuestro approach o putt de 60 cm. Y por “alguna” razón que no comprendíamos, nada nos salía bien ni lográbamos hacer lo que pensábamos…

Por distintas circunstancias (y casualidad) dos integrantes del grupo de amigos, entre los que me incluyo, cierto fin de semana que volvimos a encontrarnos paracharlary tratar de jugar… comentamos lo bien que jugamos un torneo, ambos por separado, donde:

a)No conocíamos a ninguno de nuestros acompañantes de la línea;

b)Nunca antes habíamos visto ni jugado ‘esa’ cancha; y

c)Por no pasar alguna vergüenza, mantuvimos un alto nivel de abstracción para tratar de anotar buenos scores…

Y ahí estaba la cosa… bien simple y directa; sin pretenderlo descubrimos uno de los mil secretos de esta disciplina: El Silencio.

Si bien no podemos comportarnos como robots, sin cambiar siquiera un comentario con nuestros acompañantes, era obvio que resultaba “incompatible” mantener un diálogo casi permanente y abierto, mientras nuestra principal actividad mental debería ser la abstracción en el juego que desarrollábamos.

En otra oportunidad, compañías ‘no golfísticas’ (mi familia y algunos amigos) que circunstancialmente compartieron conmigo un programa de Golf por tele, me hicieron referencia a los gestos adustos y al poco o inexistente diálogo que se les veía mantener a los profesionales mientras jugaban. Irónicamente (digo esto porque yo mismo lo debería hacer) les explicaba que esa actitud de ‘lobo solitario’, se debía principalmente al alto grado de concentración que ellos sabían generar y mantener durante todo el recorrido. Una especie de “blindaje mental” que finalmente se desmoronaría por cualquier mínima interrupción, perjudicando su performance y calidad de juego.

Nuestro cerebro no nos engaña, pero…  Pero nosotros dejamos que lo haga… de una manera indulgente cuando jugamos siempre sobre el mismo campo de Golf; diría que en términos de box le bajamos la guardia al recorrido, ya que conocemos toda la cancha y con ello también dejamos de estar ‘atentos’ a las distancias y a los distintos elementos que, en cambio, veremos y consideraremos muy seriamente cada vez que juguemos en un campo desconocido… ¿Motivo..? Subestimamos a nuestra concentración y ahí están los resultados… de siempre.

Creo que esto de ‘blindarse’ es parecido al ejercicio de levantar pesas. Cuanto más lo practiquemos más carga y frecuencia podremos resistir…

La concentración vendría a ser también como una gimnasia para la mente y deberíamos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para poder mantenerla en su nivel óptimo, toda vez que esta práctica nos demuestre buenos resultados.

Les propongo que, más allá de descubrir y jugar en otros campos desconocidos, en el próximo encuentro con sus amigos de siempre, todos traten de poner en práctica este pequeño desafío mental, que nadie hable ni emita comentarios perjudiciales mientras se desarrolla el juego.

Total, cuando llegue el momento del bar y en compañía de algunas cervezas, podrán ponerse al día con todos los comentarios que deseen (¿desafío difícil no?, sobre todo en esta época de partidos del Mundial de Fútbol), pero de todas formas hayque intentarlo aunque sólo sea por curiosidad…

Hasta la próxima y buen score para los nuevos “silenciosos”…

Marcelo H. Barba

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