junio 25, 2020

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Kate Wynja, que renunció a su título de campeona en Dakota por firmar mal la tarjeta, se ha convertido en un icono del golf.

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Que el golf es un deporte de valores, parece claro. Al igual que otras disciplinas que se expandieron con el Imperio Británico, como el tenis o el rugby, estaba basado en el «fair-play»; esto es, que se daba por entendido el juego limpio como su principal premisa.

 

Hoy en día, con la profesionalización extrema de todos los deportes, se ha hecho difícil mantener los códigos de honor en gran parte de ellos. Hay muchos intereses en juego y quien más y quien menos trata de sacar provecho de las situaciones conflictivas tratando de engañar a los árbitros. Sin embargo, estas tres actividades siguen luchando contra ellos y son modélicas a la hora de buscar remedios. El rugby y el tenis fueron pioneros a la hora de introducir el videoarbitraje y el ojo de halcón y el golf sigue preciándose de autorregularse. Aunque existe la figura del juez, no es necesario para el desarrollo de los torneos, ya que cada jugador es responsable de su propio resultado. Es decir, de anotarse los golpes que realiza en cada ronda y de firmarlos al terminar. «Por la propia naturaleza del golf los compañeros se fían plenamente de ti –comenta Marta Figueras-Dotti, golfista profesional–. En nuestro deporte aprendes a tener una serie de valores, como la honradez, la disciplina, la consideración hacia los demás, las reglas de etiqueta… Te enseña mucho cada día».

 

Como no se juega contra un rival concreto, sino contra el campo y uno mismo, ésa es la verdadera motivación del golfista: hacerlo cada vez mejor para alcanzar el mayor nivel posible. En este ambiente los engaños no tienen cabida, pues sería como hacerse trampas jugando al solitario. Un absurdo. «Sin duda el golf respeta los valores por la simple razón de que se juega solo –incide la capitana olímpica–, muy solo la mayoría de las veces porque el campo es muy grande. Como casi nunca hay un árbitro presente, debes afrontar las situaciones difíciles que se producen por la aplicación de las reglas». Y ese momento llegó para Kate Winja, una adolescente estadounidense, cuando todo estaba preparado para que celebrase su triunfo en el campeonato estatal juvenil de Dakota del Sur, que acababa de ganar. «En el momento de comprobar los resultados vi que me había apuntado un golpe de menos en el último hoyo, por lo que no dudé en informar de ello de inmediato y en ponerme la sanción correspondiente», relató. El hecho, que no habría pasado de ser una muestra más de la honradez de una deportista, le sobrepasó cuando trascendió a las redes sociales.

 

 

Repercusión mediática

 

«Yo no le di la mayor importancia, porque no hice otra cosa que cumplir con lo que me habían enseñado», añadió,

 

pero no sucedió así con los miles de personas que empezaron a hacerse eco de su gesto. De hecho, recibió una llamada del mismísimo Jack Nicklaus y la entrevistaron en el canal nacional de golf. La vorágine de la autosanción llegó a tal extremo que, cuando el circuito Symetra llegó a su estado, decidieron darle una invitación para que pudiese alternar con sus ídolos.

 

«Entiendo que para quien no conoce este deporte pueda resultar algo chocante que no solo no se hagan trampas, sino que uno pueda ir contra sí mismo –apunta Figueras-Dotti–. En ese sentido me parece muy positivo que se dé a conocer su ejemplo para que se hable en positivo del golf. Que alguien renuncie a un título es algo extremo, muy honorable por su parte y es una buena recompensa que la inviten. Es una enseñanza para la vida, un comportamiento que los golfistas tenemos asumido». Al convertirse en referente moral para los aficionados, a la joven de Sioux Falls apenas le quedaron fuerzas para el torneo. «Todo escapó de mis manos, pero sé que hice lo correcto. Ha sido una gran experiencia jugar con profesionales», comentó. No pasó el corte (+27), pero le dio igual. Tenía la conciencia tranquila.

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