noviembre 13, 2018

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Marcelo H Barba

Alguna vez pasaremos por momentos erráticos y veremos que lo que creíamos haber aprendido dejó de funcionar, no desesperemos ni intentemos cambiarlo todo, porque entonces no cambiará nada… vayamos de a poco y con calma.

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Es posible que en todo el cúmulo de habilidades que aprendimos y creemos estar reproduciendo bien, exista algo, una cosa mínima, que en ese inmenso sistema de engranajes que diseñamos, alguno dejó de funcionar. Concentrémonos sólo en eso, intentando recuperar la partitura que eventualmente perdimos y que ahora tocamos ‘de oído’.

Hasta el más excelso pianista de concierto, que se sabe cada nota y compás que reproduce frente al público, necesita tener la partitura frente a sus ojos, no deja nada librado a su buena memoria ni a las miles de veces que lo practicó.

Si tuviésemos que hacer una lista de las habilidades que aprendimos y pusimos en práctica cada vez que empuñamos un palo de Golf, créanme que nos asombraríamos de lo que incorporamos y sabemos.

Comenzando por nuestras propias manos, los dedos, los brazos y codos, nuestros hombros y espalda; el ‘stance’ que adoptamos con nuestras piernas y pies; nuestras caderas, muñecas, cuello y cabeza, en fin… seguro me olvido de otras que practicamos mil veces, como las ejecuciones desde la arena, los tiros largos y las difíciles lecturas del green; pero a pesar de todo, no llevamos un registro ni tenemos la posibilidad de recurrir a dichas experiencias mientras recorremos un campo de Golf. Ahí estamos en vivo, recurriendo a nuestra mente y sin ninguna partitura que nos dé una ayudita.

El aprendizaje de esta disciplina de precisión y coordinación requiere, desde el momento que decidimos adoptarla, que nos transformemos en sutiles ingenieros de cosas microscópicas. Pequeñísimos ‘engranajes mentales’ que se irán acoplando de a uno en los sitios adecuados de nuestro cerebro, para desde allí saber cómo dirigir músculos, tendones y nervios; para que finalmente, cada pieza se mueva en su momento justo, con una potencia adecuada y con la más alta precisión que podamos; habilitando además a que otros elementos del sistema se liberen y actúen en consecuencia.

Podríamos cambiar esta imagen tan ‘mecánica’ por otra de tipo musical, donde el cerebro hará las veces de un maestro-director de orquesta filarmónica y cada uno de nuestros músculos, huesos y nervios ejecutarán una partitura única, precisa y perfecta para que todo suene y se escuche como una buena melodía… y si algún elemento perdiera el compás o desafinase… el resultado terminaría siendo malo, destemplado y torpe.

Cuando todos comenzamos con nuestra propia ‘orquesta’ apenas si podíamos juntar 3 ó 4 músicos y hacer sonar la melodía de “La Cucaracha” (bastante desafinada por cierto…); pero no nos acobardamos e insistimos.

También pensamos que en algún momento podríamos llegar a desarrollar una exquisita sinfonía, y eso nos pareció un sueño incumplible, pero seguimos, hasta que por fin pudimos hacer coordinar –al menos- los acordes parecidos a esa famosa canción de niños.

En general, nos pasará que con el tiempo y luego de mucha práctica; de ir incorporando nuevos ‘instrumentos’ y músicos a nuestra ya no tan humilde orquesta, inevitablemente… en algún momento y por un tiempo que parecerá interminable, sobrevendrá la desazón y desesperanza cuando sin ningún motivo aparente, comience a desmoronarse nuestro Golf.

Sentiremos que nada nos funciona como antes, que no supimos relacionar adecuadamente cada uno de esos difíciles ‘mecanismos’ que tanto nos costó sincronizar con el resto del juego.

Esa sensación, bastante común, que aún hoy me sigue sorprendiendo en ocasiones donde enfrento bajones anímicos y/o físicos, es superable en la medida que enfrentemos el problema con paciencia y tranquilidad.

Es decir, sin volvernos locos intentando cambiar muchas cosas a la vez, para lograr retomar la precisión y/o distancia que habíamos logrado obtener y que ahora –misteriosamente- perdimos.

Vayamos de a poco y por partes… porque seguramente se nos escapó algo de nuestra memoria muscular, sea por los vicios adquiridos con el tiempo; por intentar ‘copiar’ otro swing o estilo que nos pareció mejor que el nuestro; por pensar (erróneamente) que ya no necesitaríamos ajustes ni visitas al profesor, en fin… por creernos omnipotentes.

Y eso no es bueno, en todo lo que decidamos enfrentar, inclusive en Golf.

Lo primero (dependiendo del tiempo que dispongamos) será volver a la base, simplemente eso. Volver a cero…

Retrotraernos al comienzo y de ser posible, visitar a un profe. Nos asombraremos cuando nos haga tomar el stance que alguna vez funcionó bien, que nos guíe para realizar un swing más suave sin ponernos el palo de Golf como bufanda ni pretender poner a nuestra pelota en órbita junto a la Luna… pero con cada ‘ajuste’ nos hará recorrer nuestras destrezas y experiencias de a una en una; intentando encontrar en cada acción ‘ese’ error que nos sacó del camino. Pero lo hará analizando y cambiando una cosa por vez…

Inclusive diría, que ante la falta de tiempo para realizar esa visita al profe, nosotros mismos podremos ajustar alguna que otra variable que se salió de cauce.

Retomando nuestra esencia desde lo básico, comenzando por analizar y corregir nuestra empuñadura del grip; proponiéndonos realizar un swing al 70%; en clavar exageradamente nuestra mirada sobre la pelota; en volver a realizar los dos o tres swings de práctica que alguna vez hicimos antes de ejecutar; hasta podríamos bajar del cielo a nuestro crecido orgullo, solicitándole a alguno de nuestros amigos que observen nuestro swing y nos transmitan la imagen que ven, como para intentar corregir algún defecto que nosotros no advertimos.

Volver a cerono significará perder las habilidades adquiridas; por el contrario, será el mejor ejercicio mental y físico para identificar, en un esquema “paso a paso”, dónde se esconde el error que estamos cometiendo y cómo éste a su vez, está influyendo sobre el resto de las habilidades que creíamos inalterables.

Hasta el mejor guitarrista de concierto necesitará afinar y ajustar las cuerdas en cada ejecución…

Que tengan un excelente Golf, con amigos y muchas experiencias para disfrutar.

Hasta la próxima

Marcelo H. Barba

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