octubre 1, 2019

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Marcelo H Barba.

Eran los años del ‘comienzo’. Recuerdo que ese día estaba enojado, no creía el pésimo tiro que acababa de realizar… El profe me detuvo a punto de patear la bolsa y me dijo:  _Marcelo, ¿qué pretendes de tu Golf…?

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Mientras lo miraba tratando de comprenderlo, justo cuando iba a contestarle algo…  ‘Alfredo’ siguió:

_Perdón, te lo pregunto porque hace casi un año que lo juegas y quisiera saber si tengo que adaptarme o reconsiderar algo de lo que te enseño… Si me respondes que deseas ser un golfista que no cometa errores, ni quieres pifiarla y terminar sancionándote como si fueras un aprendiz de profesional, tendremos que hablar algo más…

Me calmé, tomé agua y le contesté que esa no era mi idea. Ahí comenzó un diálogo interesante que intentaré recordar y transmitir para su propia regulación de nervios y expectativas, que obviamente son lógicas ante situaciones parecidas. De esta anécdota ya pasaron casi 25 años…

_Antes que nada –dijo- hablemos y reconozcamos algunas ‘limitaciones’.

_Primero, recién estas aprendiendo. A entender al Golf. Ya hablamos y sé que no vives ni te alimentas del mismo, ni creo tampoco que lo hagas en el futuro. Por el contrario, vives de tu trabajo en la oficina y sólo lo practicas los fines de semana, con algún día excepcional entre semana si tus tareas lo permiten… ¿es así?”

Obviamente asentí y me quedé esperando más.

_El segundo punto, limitante aunque no condicionante, es que en 2 años cumplirías 40. Pero a pesar de no haberte formado desde joven en esta disciplina, creo que como todo ‘adulto’ que decide ingresar al Golf podrás pasarla bien, divertirte y jugarlo correctamente. Eso te lo aseguro.

_Por otro lado, no te ofendas, pero no observo cualidades deportivas que me hagan pensar que eres un diamante en bruto, un Tiger ‘tapado’ que nadie descubrió hasta ahora… con lo cual, si realmente deseas probar si puedes convertirte en profesional, me animo a acompañarte en tu ilusión y, con mucho trabajo y horas de dedicación (entre 6 y 8 por día, durante el resto de tu vida…) veremos qué sucede. Pero sinceramente… no creo que sea tu objetivo. ¿Qué pretendes lograr con tu Golf…?.

Todo eso me sonó duro, pero fue tan útil y real que me acomodó la estantería… Se lo agradecí a través de los años.

Esa charla tenía más de un objetivo. Como dije, pasaron más de 25 años y sigo jugándolo, practicándolo y aprendiendo sin olvidarme que en Golf, no es conveniente ni produce beneficios auto-flagelarnos por jugar mal, del mismo modo que cuando estamos aprendiendo y pensamos (en algún momento) que logramos dominar tal o cual tipo de golpe, porque nadie se explica el motivo por el cual, en el siguiente hoyo… la pifiaremos haciendo lo mismo que antes salió perfecto.

El profe me prestó un video de profesionales famosos cometiendo errores. _No obstante, lo más interesante que quiero que veas –dijo- es lo que le sigue inmediatamente a las malas ejecuciones. Observa bien los tiros de recuperación. Ellos aprendieron a borrar de su mente el error y crean un excelente tiro para dejar su pelota sobre el green. Alucinante.

En la misma línea enigmática hay que detenerse y tratar de explicarse el motivo por el cual, el mejor profesional que ganó un torneo, en el siguiente encuentro ni siquiera puede pasar el corte clasificatorio. ¿Cómo se entiende…? ¿Tiene acaso alguna lógica?

_Piensa que estos profesionales se dedican sólo al Golf, todos los días de su vida y varias horas cada día; que están siendo apoyados y en parte presionados, por sus sponsors con muchos miles de dólares para que trabajen de eso y sean exitosos. Practican inclusive antes y después de cada torneo y a pesar de todo, cometen errores. Este es otro de los enigmas del Golf. Jamás nadie podrá decir que llegó a dominarlo, diría que ni siquiera te animes a pensarlo, porque justo en ese momento caerás por un tobogán hasta el piso.

Quizá la quimera más buscada por cualquier ‘alquimista’ del Golf, sólo se reduce a esta frase: “Lograr Regularidad”.

Todo me encajaba en la lógica y la razón; necesitaba tiempo para digerir cada palabra de esa charla, pero aun así, entendí que mi único y humilde objetivo (el humanamente cumplible) era pasarla bien y divertirme; sin dejar de lado la natural sensación y ganas de superación que todos traemos, es decir, que más allá de disfrutar también era aceptable que quisiera jugar cada vez mejor, bajar mi hándicap y sentirme reconocido… pero ¿hasta qué nivel sería lógico exigirme…?

Esta respuesta también me la brindó Alfredo, fue simple:

_Así como te observo jugando y con el nivel de compromiso que le dedicas, creo que comenzarás a bajar tu hándicap y a ganar algún torneo; me animo a decir que el año próximo tus ‘28’ golpes se irán reduciendo hasta los ‘20’ o menos. Pero, a partir de allí te diré algo importante…

_Te darás cuenta que tu “zona de confort” se instalará cerca de los ‘18’, ya que contar con un golpe más en cada hoyo es genial, pero también verás, que esforzarte para bajar dos o tres golpes adicionales y mantenerte entre 15 / 16 de hándicap, te costará más horas de dedicación (que hoy no tienes) y no te dejará divertir tanto…

Todo me parecía profético. Hoy testifico que en realidad fue profético.

A muchos años de distancia de aquel diálogo me considero un golfista feliz, que se divierte muchísimo y que no perderé el sueño por firmar una tarjeta de más de 100 golpes (confieso que entre amigos -a veces- ni las llevamos), pero a esta altura de los años sabemos muy bien cuándo hacemos pares o dobles boogies… y en mi mente aún siguen contando esos 18 cómodos de hándicap que seguiré conservando por siempre. Algunos podrían pensar que estoy a favor de la indulgencia, del conformismo o de la resignación con uno mismo; pero al contrario voto por la lógica, la razón y mi sensación de felicidad y disfrute. Piénsenlo…

El otro cambio que me costó incorporar (aunque todo llega), es que a cierto nivel de la vida, más crecidos digamos, con más responsabilidades laborales, con demandas de familias que atender por el ‘Papi…’ (sí, aunque los hijos tengan 40 años…), más el tiempo que obligada y naturalmente debemos dedicarle a los amigos y actividades sociales –no golfistas-hicieron que comenzara a pensar distinto, para entender más conscientemente el cambio que se iba produciendo en mis sensaciones de juego…

Me refiero a las ganas de competir y de ganar, por las que todo amateur atraviesa cuando practica y ejercita su deporte (humildemente hablo de las pequeñas competencias que se dan dentro de un Club). Decía que sin ser tan consciente del proceso, finalmente terminé adoptando un cambio positivo. El de “Competir” por el de “puro disfrute”.

A todos nosotros, más temprano de lo que creemos, nos llegarán los días de sentir más placer por compartir una buena caminata y circunstancial juego de Golf entre amigos, en un hermoso campo a puro sol, estirando las horas que podamos conseguir y paladeando una buena cerveza al final, que jugar para ganar una medalla o premio en cualquier torneo porque ya pasamos esa ‘etapa’. En estos tiempos nos resultarán más gratificantes los instantes de puro disfrute que cualquier otro evento competitivo.

¡Gracias Golf…!!!

Si no lo han hecho ya, pregúntense internamente: ¿Qué pretendo de mi Golf…?, y sean francos con sus respuestas.

A partir de ese acto de sinceramiento, les pronostico mejores momentos con los amigos de siempre (y con uno mismo) y como siempre, les envío mi deseo para que compartan un buen encuentro de Golf…

Marcelo H. Barba

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