febrero 12, 2020

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 Marcelo H Barba

Desconozco si en otras partes del mundo sucede lo que pasa en nuestros campos de Golf ‘amateurs’, tal vez tratando de imitar (inocentemente) los torneos profesionales que vemos por la tele, obviamente de altísimo nivel deportivo…

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Lo digo así, porque en nuestro ‘segmento’ no somos profesionales ni estamos físicamente acostumbrados a torneos de tipo maratón, que nos exigen mucho más de lo poco que podemos dar… Tampoco creo que sea imposible o desaconsejable hacerlo, pero coincidamos en que deberemos hacer algún esfuerzo adicional al que estamos acostumbrados.

Me refiero a los campos donde los fines de semana ‘largos’ suelen presentarse torneos de 36 hoyos, aprovechando la seguidilla de feriados que se suman al sábado y domingo tradicional. Y aunque no es frecuente, también aparecen los de 54 hoyos, promocionados por firmas de indumentaria deportiva, bancos o bebidas. Esto se da en fechas típicas, como ‘Semana Santa’ por Ej., y su finalidad básicamente, es económica y marketinera.

En esos casos la cantidad de anotados es importante, dado que se trata de un desafío al que ningún golfista podría resistirse. No obstante, es interesante observar cómo disminuyen o abandonan al día siguiente y prácticamente queda menos del 40% de los jugadores originalmente inscriptos, cuando se trata de una competencia de 36 o 54 hoyos.

La explicación que le podemos encontrar a los abandonos, por un lado es el cansancio o la falta de estado físico; y por el otro, la creciente desmotivación que iremos acumulando al advertir que ya no podremos ganar o terminar el recorrido.

Respecto del cansancio, sepamos que está directamente relacionado con el éxito, es decir, con los buenos resultados. Si por casualidad llevamos una tarjeta ‘ganadora’ con algunos pares y birdies… no sentiremos ninguna fatiga corporal (consiente) y pretenderemos seguir hasta el final, sí en cambio caminamos arrastrando una tarjeta parecida a una bolsa de adoquines, seguramente que a la primera sugerencia de abandono, nos iremos a tomar una ducha…

En una carrera pedestre o maratón ninguno de los que finalicen entre los primeros, lo harán porque corrieron a toda velocidad desde el momento de la largada. Llegarán en cambio a cruzar la meta, los que supieron regular su energía y gastaron sus últimas fuerzas en los metros finales de la carrera. Pero en este ejemplo deberíamos considerar muy especialmente que, esos atletas llegaron a la competencia bien preparados y se mantuvieron hidratados/ energizados con vitaminas -antes y durante su recorrido- hecho que no aplica para nosotros, los amateurs del Golf… o acaso me equivoco?

En los torneos de 36 y 54 hoyos aparecerán las ganas y la ansiedad de quienes nos disponemos a salir desde el primer hoyo; pero como dije, por el momento somos amateurs que intentamos demostrar que podemos hacer lo que hacen en un Master… pondremos toda nuestra energía y concentración en los primeros 18… (tal vez en los 9 iniciales). Y al otro día llamaremos a una ambulancia. Nos dolerá hasta el pelo.

Salimos con todas las fuerzas y la convicción de ganar, pero con el correr de las horas… ganó la desmotivación, acumulamos cansancio, algo de desgano y desconcentración, porque la realidad nos mostró lo difícil que fue mantener al 100% esos niveles de rendimiento (físico y psíquico) que requería un largo encuentro.

Mantenernos ‘al máximo’ significará prepararse antes y durante. Dormir y descansar, comer poco, beber mucha agua (dije agua…) y evitar excesos de cualquier tipo hasta que finalice el torneo. Para quien escribe y para muchos otros, es como un sueño irrealizable porque (además) queremos pasarla bien un sábado, un domingo o ambos, entre amigos, disfrutando noches de tragos y ricas comidas, música, un buen vino… en fin, nada siquiera parecido a la disciplina que requiere una concentración deportiva. Pero de todas formas nos anotamos y creemos que podremos. Y eso no está mal, divertirnos hasta donde podamos.

Desde luego que no estoy en contra de los encuentros maratónicos de Golf, pero intento transmitir que cuando nos decidamos participar, no olvidemos quiénes somos (en términos deportivos), qué podemos hacer para pasarla lo mejor posible y cómo comportarnos durante las vicisitudes que seguramente viviremos.

Quizás lo más interesante será intentar conseguir un mínimo grado de perseverancia y regularidad. Tremendo.

A mi juicio, lo lograremos muy progresivamente, tratando de no desmoronarnos ante los dobles o triples boogies.

Hablo de ‘intentar’ sobrellevar esos malos momentos, manteniendo la ilusión del próximo día, es decir, sabiendo que tendremos otra oportunidad para arreglar esos golpes de más (sobre todo al jugar durante 2 o 3 días); porque quienes no poseamos esa ‘visión’ de recuperación (me incluyo…) nos pondremos nerviosos, desconcentrados y gradualmente iremos perdiendo nuestra poca o incipiente regularidad en los golpes.

Una de las acciones que puse en práctica para ‘intentar’ mantener algún grado de regularidad y concentración, fue la de jugar sin mirar (obsesionado) mi tarjeta, sino hasta que finalizara los 18… Recién ahí ‘caería’ en la cruda realidad de lo bien o mal que había jugado.

Mirar hoyo a hoyo la cantidad de golpes que acumulaba, tenía dos efectos negativos: a) si jugaba mal, me desmotivaría más rápido, con ganas de abandonar y arrastrándome del cansancio; y b) si en cambio estaba haciendo una buena performance y venía con una tarjeta ‘ganadora’, podría causarme (obviamente inconscientemente) una sensación de tolerancia para conmigo mismo y jugaría el resto de los hoyos con indulgencia, en cuyo caso los resultados no serían buenos.

Cualquiera de esas sensaciones podrían desconcentrarnos y con ello, hacer que modifiquemos (para peor) el nivel de juego que veníamos desarrollando. Pruébenlo…

Si tienen la oportunidad, anótense en un “54” (o en uno de 36), será una buena experiencia.

Luego me comentan cómo les fue… y cuántos analgésicos se tomaron (pero con placer).

Hasta la próxima

Marcelo H. Barba

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