septiembre 2, 2009

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POR MIGUEL ANGEL ALCARAZ ÁRBITRO DE GOLF. laverdad.es

Como otras muchas actividades, los orígenes del golf son dados a ciertas conjeturas. Que si lo inventaron unos pastores, que si eran los señores escoceses, que si una civilización prehistórica ya jugaba con palicos y cañicas a darle a una piedra, que luego fue una bola. No creo que fueran los inventores del golf quienes lo calificaron como deporte de caballeros, sino que ha sido un mito creado con posterioridad y que ha llegado a calar en ciertas visiones de este deporte, como en la película La leyenda de Bagger Vance (EE.UU. 2000, Director: Robert Redford. Interpretes: Matt Damon, Willy Smith y Charlize Theron).
En cualquier caso, se supone que el jugador conoce las reglas y juega conforme a ellas. A veces es una presunción como la de la inocencia y por eso decimos (mal dicho) que el presunto delincuente fue detenido in fraganti. En el fondo se parece mucho: hay que presumir que el jugador jugó conforme a las reglas y que el marcador estuvo pendiente de los golpes y penalidades de éste, mientras no sean descubiertos en una infracción de las normas.
¡Y qué infracción! La bola estaba al pie de un árbol. Para jugarla en dirección a bandera había un grave riesgo de dejarse parte del palo en el tronco. Y entonces le dio una patada a la bola que ni Luis Aragonés en sus buenos tiempos, la dejó en antegreen sin que el marcador se inmutara (¿recuerdan aquel gol al Bayern Munich de falta por encima de la barrera? Era la final de la Copa de Europa y se la llevaban…). Con un chip la puso al lado de la bandera, la embocó en el siguiente y se contó tres golpes (¡?).
El arbitraje en el golf es muy distinto a otros deportes. No hay que estar corriendo tras la bola, ni detrás de los jugadores. En general el árbitro de golf debe cubrir una zona muy grande del campo, donde pueden jugar al mismo tiempo unos 140 jugadores. Es imposible impedir que se cometan infracciones. Para eso, cada jugador tiene un marcador, que tiene la obligación de contar los golpes del jugador al que marca. La misión del árbitro es ayudar al jugador, interpretar la situación de hecho y aplicar las reglas. Esto significa que debe penalizar al jugador si observa una infracción, pero ese no es ni su único ni principal cometido. Claro que debe actuar ante cualquier infracción que observe o que le sea comunicada, pero también asiste al jugador ante cualquier duda que pueda surgir, para decidir cuestiones de hecho y aplicar las reglas.
La actitud
En general, la actitud del jugador suele ser positiva. Ya sea porque, ante una duda, realmente no sabía cómo actuar según las reglas, ya sea porque iba a cometer una infracción y el árbitro le ha indicado cuál es el modo correcto de proceder. Pero también hay quien, ante una penalidad de dos golpes por una infracción de las reglas, pregunta que ¿quién eres tú para decirme eso?, como aquél que teniendo la bola en un obstáculo de agua lateral, dropó la bola en medio de la calle y jugó desde allí. En tal caso, el Comité podía también descalificarlo si consideraba que al jugar desde un lugar incorrecto había cometido una grave infracción. Pero al margen de la aplicación de la Regla 20-7, lo anecdótico es el comentario del jugador ante un árbitro, perfectamente identificado, con la leyenda «árbitro» y el escudo de la FGRM en su vestimenta y en su gorra, pregunta que quién es para sancionarle. Obviamente, no llevaba la estrella de sheriff y la cartuchera al cinto, pero era la persona designada por el Comité de la prueba para ese preciso cometido.
Y esto nos lleva a otras consideraciones, pues no siempre el Comité designa árbitros, es más, en muchos de los campos en los que se juega al golf en nuestra Región, la presencia de los árbitros es la excepción. Generalmente, en esos campos sólo están en los torneos organizados por la federación. Entonces, ¿a qué se juega? Pues, en líneas generales, se juega a algo parecido al golf, pero no es golf. Eso es al golf lo que una pachanga al fútbol. Hay quien dice que los jugadores ya saben las reglas (¡?) Bueno, también se dice que los delincuentes conocen muy bien la ley; si no, pregunten a los abogados de oficio. Pero ese conocimiento de las leyes no garantiza que no se comentan delitos.
En todos los deportes que conozco hay árbitros. Su labor será más o menos grata, pero no creo que haya muchos en los que la misión del árbitro sea ayudar al jugador. Y, sin embargo, en qué pocos torneos de aficionados hay árbitros de golf, cuando incluso los hay en ajedrez. Sin duda, vd., amable lector, los habrá visto en torneos de fútbol sala, de baloncesto, de tenis, de voley playa ya sea en categoría infantil o senior. Pero parece que en golf no tenemos buena imagen. Un señor que está por en medio del campo y no está jugando. Un tipo raro.
Sus cometidos
Las funciones del árbitro son diversas: el marcaje del campo, la elaboración de las reglas locales, la revisión de la colocación de las salidas y las banderas, la vigilancia de la competición y el acta de la misma, con las incidencias que se hayan producido. Pero no siempre se hacen todas estas funciones. Depende del Comité de la competición. En cualquier caso, tienen razón quienes piensan que es un tipo raro. En una competición suelen cumplirse doce horas en el campo, sin que hayamos podido dar ni siquiera un rabazo. Créame querido lector, si le digo que es un trabajo como mínimo muy fastidioso. El árbitro de golf es un aficionado al golf. Y después de ver jugadores, buenos y malos, durante más de doce horas al día, cuando regresa a casa, con una bola en el bolsillo que encontró perdida en un alcornoque, uno siempre hubiera preferido jugar, aunque fuera para llevarse el premio forrabolas.

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