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Marcelo Horacio Barba, es Argentino residenciado en Buenos Aires del modelo 1954. Superior en Informática y asesor de sistemas en el área financiera. Apasionado del golf y sensible a sus temas. Casado y mandado por dos hijas.
Que nos dice Marcelo:
Cómo ingresé al mundo del Golf y quién soy:
Si tuviera que identificar un par de motivos por los que me interesé en el Golf y tomé la decisión (tardía a mí gusto, lamentablemente) de incorporarlo a mi vida, fueron las siguientes razones:
a) Mi mejor amigo de tenis me ‘traicionó…’
b) A pesar de mi pasión por la tecnología y mi obsesiva dedicación al trabajo, llegué a un punto en que necesité ponerme en contacto con lo natural, lo agreste, con la tierra, el aire puro y el pasto; y saben qué…? el Golf (además de todo eso) me dio todas las respuestas que en ese momento de mi vida buscaba.
Cuando me refiero a mi amigo, hablo de Pablo, un hermano del alma que ya no está, se adelantó y se fue…, pero a través de su insistencia pude iniciarme en este sano vicio, cuando ambos cumplíamos nuestros primeros 36 años.
En aquella época, los dos trabajábamos en un banco y fortalecíamos la amistad con nuestros encuentros semanales de tenis y años después, vino el Golf.
Muchos podrían pensar que esa ‘excusa-Golf’ que intentaba incorporar a mi pobre vida deportiva, pudo haber sido cualquier otra, como el ajedrez, fútbol, natación, alpinismo, baile clásico o tejido de bufandas, puede ser.
La verdad, como se dice, es que siempre se necesita de un cable a tierra ó cualquier tipo de actividad que nos relaje más mental que físicamente; aunque sea por unas horas, algo que nos ayude a recuperar energías, bajar el estrés, problemas y las necesidades con las que siempre convivimos y luego nos complicamos, sin mucho sentido.
Probablemente también me hubiera ‘enganchado’ con cualquier otra cosa, pero frente a mí en ese momento de mi vida se puso el Golf y el refrán dice que: «Si la vida te da limones… has limonada»
Los niveles y grados de concentración que gradualmente me reveló y luego asumí con su práctica (el término asumir tiene un significado serio) junto con la experimentación de los contactos naturales, el silencio, la compañía y el esfuerzo ‘distribuido’, en casi cuatro horas de concentración para construir un resultado, más el desafío personal que representaba, era para mi algo desconocido y atrapante a la vez.
Sobre todo porque en esos días, podía dedicarle unas horas del fin de semana y en muy raras ocasiones otro día libre entre semana. En fin, creo que consideré seriamente que los objetivos de distracción y abstracción no los lograría transpirando copiosamente, quedándome azul por la falta de oxígeno, muy agotado y agarrotado físicamente…
Tal vez exista gente que, con una actividad más enérgica pueda lograr la misma profundidad de abstracción, es decir con mucho cansancio físico. Pero en mí caso dudo mucho que hubiera gozado haciendo eso (tanto como con el Golf). Por lo menos no llegaría a ese punto de satisfacción y de armonía plena, una especie de clímax.
Sin embargo, soy conciente que el Golf no es ni debería ser visto nunca, como una medicina o rutina terapéutica que se pone en marcha, para olvidar y tratar de resolver otros problemas más importantes. Ni tampoco el tenis ó cualquier otro deporte!!!
En todo caso siempre traté de verlo como una disciplina que, gracias a su necesidad de tanta concentración, me alejaba por un tiempo de los problemas que aún no resolvía y aún cargaba, dándole así un respiro a mi cabeza para que pudiera recomponerse y descubrir la respuesta a mi problema; pero siempre evité que el Golf terminase convirtiéndose en otro peso adicional, en algo que competiría por los mismos lugares y prioridades que los temas que traía en mi cabeza antes de comenzar a jugar.
Otra de las cosas que pude analizar con el pasar de los años, es el nivel de juego donde mejor me sentiría. Me refiero al handicap y de las experiencias que uno va acumulando con sus años.
Cuando comencé, obtuve un handicap de 25 que rápidamente engordó hasta llegar a los 30 y pico… pero luego de insistir con muchísima perseverancia, práctica y torneos, en unos meses supe estabilizarlo entre los 26 y los 24.
Con los años llegué a tocar el piso de los 17 golpes de ventaja, pero rápidamente sentí dos cosas: 1) que dejaba de divertirme a medida que disminuía mi handicap, y 2) Si bien disminuía mi ventaja en golpes, mi edad aumentaba y con ello también crecía mi circunferencia abdominal, aparecían los primeros dolores de huesos y articulaciones y demás cosas que ‘normalmente’ les suceden a quienes superan los 55 años… (Mi médico decía: «Si algún día te despiertas sin ninguna dolencia ni malestar físico, por favor… llámame urgente, porque lo normal es precisamente lo contrario»)
A esta altura de mi vida, además de maduro, con mi handicap siento definitiva y orgullosamente una gran comodidad en la zona donde me divierto -entre los 19 y los 22 golpes- dependiendo de mi suerte, del clima y que se alineen todos los planetas… mantengo una honestidad intelectual con quienes juego y con los que admiran a los golfistas, sin que me haya preocupado jamás el factor social del handicap… Soy conciente que en ocasiones juego mal, pero también puedo afirmar sin falsas modestias que soy muy bueno en mi especialidad del juego corto y sobre el green… que en Golf no es poca cosa.
Gracias a Dios también y después de tantos años, pude finalmente ‘domar’ el conflicto familiar que significaba -y significa para todo golfista- desaparecer por más de cinco horas de su casa cada vez que uno desea jugar Golf. Hoy mi familia entera sabe de mis debilidades y me reconocen como un caso perdido… y todos me aceptan como soy.
Entre mis principales distracciones, además del Golf, desde siempre mantuve la necesidad de expresar muchos de mis sentimientos con las manos; ejecutando música con algunos instrumentos; haciendo pequeñas esculturas sobre materiales blandos y escribiendo sobre dos temas en particular: El Golf y las relaciones del ser humano con todo lo que lo rodea. Otro de mis ‘hobbies’ apasionantes, pero que mantengo con cierta reserva personal (que comencé fortuitamente allá por los años ’70) es el de la ovnilogía ó el estudio serio de los fenómenos extraterrestres, pero conociendo todo lo que ello implica en términos de discusiones, opiniones intransigentes, posiciones personales; dogmas de fe y tantas otras cosas… prefiero circunscribirlo a mi ámbito privado y círculo de gente que conozco, en condiciones mentales de paz como para compartir esos temas.
Lo que más me atrapa en la actualidad es la escritura; intento a través de ella dar una pincelada de color a todo lo que observo y me resulta importante ó atractivo, para mí y quienes comparten las mismas sensaciones que yo (como en el Golf, por ejemplo). Escribí un libro dedicado al Golf y a una parte de mi vida, que espero publicar alguna vez, antes de irme…
Por lo demás, me identifico como un tipo común, que se come un ‘hot-dog’ en cualquier esquina de la ciudad, viaja en trenes, buses y subtes; se mezcla con la gente y todos los segmentos sociales sin temor a pasarla mal… disfruto de lo que la vida me da en ese instante y cada día le agradezco a Dios por lo esencial, mi familia, mis amigos y la salud que todos tenemos para deleitarnos con una flor, con una brisa de aire puro, con un tremendo paisaje agreste ó un simple plato de fideos frente a nosotros.




