noviembre 3, 2010

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Marcelo Barba

La pregunta suena tan familiar y hasta natural…

Cada víspera de feriado el teléfono cobra vida y se conecta con las mismas personas que nos venimos convocando desde hace años, cada mes y a la misma hora, aunque llueva y truene, guardando la íntima y fuerte esperanza que, si eso ocurre, amanezca con sol y la tierra haya absorbido hasta la última gota que cayó.
Llega el viernes y dialogamos unos minutos sobre nuestras cosas y el trabajo, nos consultamos cómo nos fue en la semana, sobre cómo se encuentran los integrantes de las familias, pero al final… terminamos sincronizando los relojes para encontrarnos a la mañana del inminente sábado.

Se trata de un ritual religioso, respetado y sagrado. Inalterable y perenne.

El despertador anunciará la llegada de los primeros rayos de luz, con pereza y algo de arrepentimiento dejaremos la comodidad de la cama, pero sólo unos segundos, hasta que caigamos en la conciencia que ese despertar no se relaciona con el trabajo, sino con nuestra pasión: el Golf.

Nuestro ‘equipo’ terminó por convencerse de que la mejor hora para jugar, sin que se generen quejas ó peores gestos de ‘las brujas’, es bien temprano por la mañana, ya que todos duermen hasta casi el mediodía y cuando llegamos (cerca de las 13 hs.) nadie se percata de nuestras cinco horas de ausencia. Costó un poco al principio, pero lo logramos.

Mientras nos desperezamos y estiramos, observaremos ansiosos por alguna hendija de la ventana, si el día nos regala un cielo limpio, si aún permanecen las nubes ó la eventual lluvia de la noche anterior. O para nuestro hondo pesar… se nos ilumina la cara con algún relámpago y la habitación tiembla inesperadamente con los truenos de una pesada tormenta.

Pero con humedad, cataratas de agua, chisporroteo y explosiones de rayos igual nos levantaremos y volveremos a consultarnos telefónicamente, para auto-convencernos de que ‘ese’ es uno de los mejores momentos para decidir la partida hacia la cancha…

A pesar del gesto de incredulidad que nos muestre la cara de nuestra compañera, que insistirá inútilmente en un nuevo intento por convencernos, pero terminará por acurrucarse y taparse hasta esconder su cabeza -mascullando algo que no queremos ni podemos interpretar- mientras la dejamos retomar su sueño de fin de semana lluvioso…

A pesar también de que nosotros mismos sepamos ó nos imaginemos (pero jamás lo diremos, por cábala) que ese día precisamente, no podremos hacer ni un miserable swing de práctica.

Por lo general optamos (los amigos golfistas) por viajar en un solo auto, encontrarnos en la casa del amigo que vive más cerca del camino que nos aleja de la ciudad, hacer el traspaso de bolsos, carritos y cuerpos presentes… para partir todos juntos, como si se tratase de un picnic de adolescentes, tarareando contentos la música que alguno sintonizó. Y a eso de las 6:15 hs. partimos.

Mientras vamos saliendo de la ciudad, a medias luces, casi desierta y húmeda; hasta que tomamos la autopista que nos llevará a transitar los 60 kilómetros que nos separan de la felicidad y la cancha, vamos compartiendo risas, los primeros diálogos, anécdotas y rezos… para que se despejen las nubes y que por fin aparezca el sol.

Gracias a Dios y -supongo- a esos rezos matinales, las ocasiones de lluvia que estoy describiendo no son frecuentes; simplemente las relato para mostrar el grado de fanatismo y nivel de pasión que manifestamos hacia el Golf.

Lo interesante y rescatable de esta novela (que es real) para los que deseen sacar algún provecho positivo y aplicable a su rutina, es que con esta rara ‘gimnasia’ semanal que acabo de describir, podemos lograr unas cuántas cosas que considero recomendables:

1. La disciplina de grupo. Aunque parezca irrelevante para muchos, a mi juicio tiene un valor importante, toda vez que se trata de un ‘equipo’ de personas grandes (adultas quedaría más diplomático, ya que algunos integrantes podrían sentirse tratados como viejos…), que hemos llegado a consolidar luego de tanto tiempo, una sana rutina de ejercicios y largas caminatas terapéuticas, con encuentros bien físicos.

Este último argumento, tiene aún más significado (ver 2) ya que el ritmo de trabajo semanal y las pocas horas ‘nuestras’ que nos dejan esos días, lo destinamos -obviamente- a nuestra amada familia, pero ponemos en peligro a la continuidad del contacto físico con los mejores amigos, tema que considero tan necesario como el de la familia misma.

2. El contacto físico, que como dije arriba, es progresivamente más escaso y necesario; en un mundo donde el cambio permanente parece ser lo más sólido, con pérdidas constantes de buenos códigos culturales, propuestas de ‘nuevas’ formas de relacionarnos con las personas. Ahora parece ser (de hecho lo es) todo más ‘impersonal y virtual’, en línea con la tecnología que nos inunda con rapidez (Internet y sus redes, que irónicamente insisten en llamarlas ‘redes sociales’, más los poderosos celulares, los chats, el tweeter,; facebook, en fin…)

Elementos que cubren ó intentan cubrir, esa progresiva falta de tiempo que no podremos conseguir ni recuperar en nuestros ocupados días, pero no importa… ya que con dicha tecnología podremos encontrarnos ‘virtualmente’ y saber uno del otro (¿?); a través de fotos, mensajes y la frialdad y distancia que supone todo lo escrito.
En lugar de vernos y abrazarnos con un fuerte apretón, besarnos, compartir una copa de buen vino, plácidamente con un buen cigarro, ó simplemente mirar los ojos de quien nos relata un problema y necesita de apoyo y compañía, de nuestra mano sobre su hombro… de contacto bien físico.

A diferencia del contacto ‘virtual’, el físico además… genera compromiso entre las partes que lo comparten. Analícenlo detenidamente y verán que no exagero.
3. Generar Compromiso: salvo honrosas excepciones, es muy cierto que si no tenemos un amigo que nos obligue y nos pique como un mosquito insistente, es probable que no seamos ‘tan’ perseverantes, ni constantes ó firmes como oportunamente nos propusimos, para darle continuidad a una actividad que recién comenzamos.

Es como cuando uno se decide, domingo por la noche, a comenzar con su dieta de adelgazamiento mañana lunes… ya sabemos de antemano que si no hay quien nos lo recuerde y acompañe físicamente en cada comida, no llegaremos ni al jueves, con suerte.

Con el Golf y con cualquier actividad física que sugiera algún tipo de sacrificio (aunque luego se transforme en placer) pasará lo mismo.

Si justo ese día que decidimos ir, hace demasiado frío, llueve ó estornudó el perro… terminaremos por abrazar cualquier excusa y arroparnos nuevamente al lado de nuestra amada compañera.

Mientras nos alcanza nuevamente el sueño, falsamente nos prometeremos que en la próxima ocasión cumpliremos con nuestra infaltable cita. !!Falsos!!

Pero ahí llegan ellos… nuestros amigos súper-héroes que vienen al rescate de nuestra apatía y desgano, sacudiéndonos la cama con sus insistentes llamados y bocinazos, y la cosa cambia… créanme que iremos ó iremos.
Unos ayudaremos a los otros: «hoy por mí, mañana por ti»; el compromiso será grupal e inquebrantable.

4. Discutir estrategias: más que discutirlas diría que podremos compartir nuestras mejores ideas y proyectos inmediatos relacionados con el Golf.

En casi cuarenta minutos de viaje, dentro del habitáculo de un automóvil, entre todos nos ponemos a arreglar el mundo, el fútbol y de paso, a repasar cada hoyo con nuestros errores, las malas tendencias, vicios y las circunstancias por las que siempre terminamos ejecutando ese tiro tan malo, ó visitamos la laguna famosa, nos salimos del campo por el lateral más impensado, y mil cosas más.

El efecto más inmediato y bueno de este conciliábulo en equipo, mientras todos cambiamos opiniones, es que cualquiera puede recibir y aceptar, entre chistes y comentarios distendidos, un claro consejo ó diagnóstico de quienes son sus más confiables observadores.

Saber cuáles son las fallas más visibles de determinado golpe, de un mal swing en un bunker, del palo equivocado que seleccionamos para la salida de tal ó cual hoyo, etc.
Del mismo modo también, cómo ‘vemos’ nosotros a nuestros propios amigos en esas u otras circunstancias, aportando una opinión particular y quizás, hasta una posible recomendación que termine por ayudar a quien no puede ver por sí mismo lo que los demás observamos con facilidad.
A mi me pasó, que en determinada circunstancia, por una recomendación que me hicieron mis amigos, referida al hoyo 1 de la cancha que más frecuentamos, terminé mejorando el resultado de esa fatídica primera salida.
Siempre me quejaba de que, en ese hoyo particular no podía finalizarlo con par ó a lo sumo en boggie. No veía mis errores ni en qué cosa me equivocaba.

Uno de mis amigos -mientras viajábamos- me señaló, con total humildad y sin delicadeza alguna, que en lugar de salir tan torpemente con mi driver, lo hiciera con un híbrido, cosa que en principio rechacé de plano (dada la pérdida de distancia que imaginaba), pero todos juntos me hicieron ‘ver’ que, usase lo que usase, inevitablemente necesitaría de otro tiro para llegar ó acercarme a la bandera (totalmente lógico).

Así que, si realizaba dicha ejecución con un palo más confiable, era de esperar que la bola quedara en mejor posición para el 2do. tiro, en vez de salirme de límites ó de mojarla en la laguna lateral, como fatalmente sucedía…

El resultado me sorprendió. No salí más del 1 con el driver y perdí la cuenta de las veces que pude finalizarlo en Par… (creo que es un consejo bastante bueno para los que como nosotros, no hacen preparativos físicos previos, ni elongaciones, ni nada parecido al precalentamiento de ningún músculo; y para algún ‘loco’ como yo, que además de no hacer nada formal pretende ejecutar su primer tiro del partido, con el palo más difícil de todos).

No estoy diciendo ni sugiriendo -ni siquiera pensando- en que reemplacen al valioso consejo y observación de un Profesor, por una económica y alborotada charla de amigos en viaje hacia una cancha de Golf… el apoyo Profesional es irreemplazable y debería ser tomado como una rutina que, como la visita a nuestro médico de cabecera, hacemos un par de veces al año.

Rescato en todo caso como positivo, el diálogo distendido, abierto y sincero que se logra en el ámbito descrito. Donde sin vergüenzas ni falsas posturas, cada cual opina y cambia puntos de vista con el resto del grupo.

También aprovechamos estas charlas, para intercambiar estrategias y tácticas, cuando nos toca jugar en la modalidad llamada «four-ball» ó cualquier otra distinta al repetitivo y conocido ‘Medal’ que siempre jugamos.
Consideren que es inteligente y oportuno, tratar de ponerse de acuerdo con la pareja que jugará con nosotros.
Hay muchas cosas para acordar de antemano, señales, códigos que ayudarán a resolver situaciones del torneo, cambios de opiniones referidos al green, la velocidad y/ó caída que observa cada uno antes de ejecutar su Putt, en fin, hasta qué palo utilizar -en la oportunidad que podamos cruzar esa información- y todo aquello que signifique ‘decidir en equipo’.

El resultado final -aunque no se gane siempre- es óptimo y todos saldremos contentos de la cancha.
5. El tercer tiempo: Aquí quería llegar…
Este es uno de mis argumentos más secretos y preferido.
Es el tiempo, precisamente, que nos dedicamos a nosotros mismos, luego de finalizar la primera y la segunda vuelta, de completar los 18 hoyos de un magnífico y completo día de Golf…

Duchados, frescos, calmos, relajados de todo pensamiento y acción, como a punto de entrar en coma, nos enfrentamos a unas cervezas bien frías, al último y sacrificado desafío del día, con algo pecaminoso para acompañar el breve momento de paz (algún que otro trocito de queso, fiambres, aceitunas, maníes y demás pequeñeces…)
Obviamente que esta última ‘actividad’ tiene calidad de secreto de estado. Jamás será comentada en público y siempre deberemos guardar un poco de apetito para cuando almorcemos frente al resto de la familia, no sea que… alguno piense ó imagine que nos hemos tomado un sobrio y frugal aperitivo, previo a la comida familiar… Cuidado.
Cuando pongan en marcha esta simple rutina, lograrán dos cosas adicionales; que el Golf sea una magnífica excusa de reunión entre amigos, y que nuestro núcleo de amigos se fortalezca y crezca de la mano de este hermoso deporte.

Y… ¿Vamos al Golf este fin de semana…?

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