noviembre 10, 2010

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Situación 1°: Algún ser maléfico puso ese tremendo ejemplar botánico en medio de la línea de juego…

Situación 2°: El pésimo tiro que acabo de ejecutar terminó por depositar la pelota en las raíces del pino ó de aquel árbol, sobre el costado del fairway…

Dos situaciones típicas, conocidas y desafiantes para muchos golfistas.

Analicemos la primera (que nos llevará también a la segunda):

El ‘ejemplar’ está ahí, se yergue como si fuera un monumento a la naturaleza viva, año tras año crece más y se desarrollan sus ramas; nos atrae y a la vez nos obliga a ser precisos para evitar que su majestuosidad impida que los atravesemos con tiros bajos, débiles ó desviados, terminando bajo su sombra y arriba de sus raíces…

¿A cuántos de nosotros se nos presentó este ‘trance’?
Todos tendremos ó tuvimos ya esta experiencia, cuando jugando en una cancha descubrimos, que a los 100 ó 150 metros del tee de salida (de un Par 5 ó un inocente Par 4, da igual), colocaron un espeso y alto ‘arbolito’ que se interpone en la línea de nuestro objetivo…

Como en la vida, el Golf nos plantea situaciones similares, donde todo lo que parecía ser sencillo, recto y solucionable -en principio- terminará presentando una dificultad ó conflicto inesperado que nos hará replantear las estrategias originales.

También como en la vida, prefiramos la ‘sinceridad’ y franqueza de una cancha que nos muestre los problemas de frente… es decir, que nos estacione un tremendo árbol frente a nuestros ojos y nos diga claramente que, más allá de la potencia y habilidad que pongamos en juego para dominarla, también deberemos lidiar inteligentemente para salvar estas otras situaciones.

La cuestión a dilucidar en primer término, es la distancia a la que se encuentra el ejemplar; para tratar de compararla con el trayecto de vuelo que supuestamente nos animaremos a lograr con el tiro de salida (hablo de los buenos… ya lo sé)

En una cuenta rápida -según nuestra experiencia previa- estaremos bastante cerca de conocer un resultado. Decidir si sobrevolaremos el obstáculo ó preferiremos un ‘Plan B’.
Una segunda variable que ayudará a tomar la decisión es el coraje (ó ánimo, que será directamente proporcional a la cantidad de golpes que registremos en nuestra tarjeta, cómo venimos hasta ahí…), digamos que, con un buen ‘score’ seremos más valientes y nos animaremos a montar un tiro ‘fantasía’ que cabalgue alrededor del árbol.

Uno con gancho ó slice controlado (Draw ó Fade para darle mayor ortodoxia) que nos dejará rodearlo por la derecha ó izquierda; hacer de cuenta que nunca hubo nada plantado en ese lugar. Pero la realidad (por lo menos la mía) es otra, aún no sé cómo se hacen esos tiros controlados… gracias a Dios que me salen hacia delante.

Ahora bien… si las cuentas dan, el tiro sale como lo aprendimos, como deseábamos y nos ganamos un Loto… no habrá más problemas y la cosa terminó aquí.
Vamos a las probabilidades y analicemos los fríos números.
Como dice «Pareto» en su principio, también aquí aplicaremos el axioma del «80-20» ¿porqué no?.

Reformulándolo de la siguiente manera: «Del 100% de nuestros tiros, según este principio universal, sólo el 20% serán los que consideraremos excelentes y, el restante 80% corresponderá a los menos precisos… a los que nos dejarán bajo el agua, fuera de límites de la cancha ó a la sombra de estos árboles que ahora nos proponemos estudiar»
Lo que nunca sabremos, es si estamos por ejecutar uno que corresponde al grupo del 80% ó del 20%…

A partir de allí, comenzará nuestro verdadero análisis, para que en lugar de sumar un golpe de más -inteligentemente- terminemos sumándole dos ó tres, torpemente.

Para que esto suceda en la forma menos traumática posible, una vez encontrada la despreciable esfera blanca, les propongo que analicemos cómo sacarla hacia un sitio más conveniente, para luego ejecutar un buen tiro.
Justo aquí, en este punto, se unen las dos situaciones planteadas al principio:
La del árbol plantado en medio del fairway y la pelota que quedó bajo aquel otro del costado. No importará si se trata del lado derecho, del opuesto, ó si quedó justo en la mitad.

Lo que propongo es simple: PENSAR y después ejecutar.
Un pensamiento que -inclusive- nos pueda llevar al extremo de declarar injugable la pelota, dependiendo dónde se ubique y cómo se apoye sobre el piso. Asumir un golpe de multa, ‘siempre’ debería ser considerado como un elevado acto de inteligencia…

En el Golf los valientes suelen sumar más golpes que los pensadores…

Si el tiro que enfrentamos nos deja una mínima posibilidad de golpear neta a la bola, les re-transmito el consejo de mí querido Profe (pero quítense de la mente el orgullo y la falsa vergüenza para comprenderlo):
«Tomen su Putter. Busquen una posición correcta para pegarle bien -inclusive hacia atrás- pero asegúrense apuntarle a un claro, donde no haya ninguna posibilidad que la bola toque ó vuelva a quedar atrapada por las ramas u hojas del lugar».

Lo del Putter es sencillo de entender: no posee loft y esa condición nos asegurará que la pelota no se elevará, correrá pegada al piso y hacia donde apuntamos. El secreto pasará a ser qué sitio elegir y apuntarle ahí como si fuese un hoyo muy lejano.

Si en cambio existiera la eventualidad de que podamos hacer swing ó a lo sumo, un medio swing, dependiendo de la experiencia previa de cada jugador y la altura de las ramas, será más conveniente entonces utilizar un hierro 3, 4, a lo sumo un 7, ó aquel que nos transmita más comodidad ó confianza.

Exageremos un stance (dependiendo del palo elegido) adelantados de la bola. Que la misma quede retrasada, casi a la altura del hombro derecho; las manos por delante (a la altura del hombro izquierdo) y las muñecas algo quebradas hacia atrás (eso le bajará aún más el Loft al palo), manteniendo esa posición hasta después de pegarle.

Nuevamente dos cosas: asegurarnos «ver esa ventana» de luz por donde escapará la pelota y dejar la vista clavada en el piso -por detrás de la bola- hasta después de impactarla, así correrá libre fuera del árbol.

Saldrá baja, recta, hacia donde apuntamos y esa rutina nos sacará del apuro.

Recordemos que si la bola se mueve mientras preparamos el tiro ó hacemos swings de práctica cortitos antes de impactarla, equivaldrá a sumar otro golpe. Analicemos muy bien el piso, los elementos que pisamos cuando vamos por ella y las cosas que vemos por debajo de la pelota (ramitas, hojas, pasto seco, etc.) ya que esa será la condición visual que nos inclinará ó no, a tomar la decisión de declararla injugable.

Obviamente, que si la desgraciada y redonda cosa blanca… terminó por reposar ahí, pegada al tronco, a sus raíces, ó peor aún, en otro lugar que ni siquiera nos permita arrimar los brazos aunque reptemos como gusanos (debajo de un espinoso arbusto por Ej.), no perdamos tiempo ni mayores esfuerzos…

Dirijámonos hacia nuestro compañero marcador, el que registra nuestros golpes, para decirle claramente, que la calificamos como injugable y recién después, saquémosla de esa horrible posición.

Todo legal, pacífico y matemáticamente analizado. Nada de calenturas, gritos, ni apurones; porque además de golpes innecesarios quizás sumemos el costo de una vara quebrada, por la bronca y la energía acumulada que no supimos canalizar.

Por otra parte sepamos, que más allá de lo ilógico que suene ahora, es ilegal romper ramas, deteriorar arbustos ó producirle daños a cualquier vegetal que se encuentre plantado y adherido al piso. Aunque durante el juego queramos dinamitar a ese ejemplar botánico que ‘siempre’ nos atrapa.

Amiguémonos con la naturaleza.
Suerte con ‘ese’ Árbol…

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