noviembre 24, 2010

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Se preguntarán con qué elementos se relaciona el tema ‘cultura’ en esta disciplina.

Pues bien, yo me lo pregunté ó sencillamente lo ignoraba hasta que como en todo, uno conoce otras gente… camina por las canchas… observa mucho… y compara.

Hay elementos que valen la oportunidad de ser destacados y en esta ocasión nos referiremos a uno: «El Cuidado de la Cancha».

Que en realidad deberíamos interpretarlo como el «respeto por quien viene detrás» (que también es aplicable a otras circunstancias de la vida)

Muchos de nosotros pensamos y algunos estamos convencidos, que el cuidado de la cancha descansa exclusivamente en el personal de mantenimiento.
Déjenme decirles que no.

Culturalmente es una actitud similar al tema de los baños públicos, donde especialmente -en nuestro país- cuando ingresamos a estos sitios tan pulcros… nos encontramos con mugre y tanta ausencia de limpieza, que nos avergüenzan que los vean ó pretendan utilizarlos los extranjeros, amigos o invitados.

También estamos equivocados en el Golf, si pensamos que quien tiene que reparar un divot ó alisar el bunker es un caddie.

Sin embargo, nadie debería sentirse afiebrado ó abochornado, al momento de buscar esa «lonja» de fairway que voló solidaria a su pelota y volver a reponerla en su lugar, tratando que el fairway no adquiera progresivamente una imagen de queso gruyere; porque si lo dejamos para después («que lo arregle alguien de mantenimiento»), ese trozo de pasto rasurado terminará secándose y jamás volverá a hermanarse con la tierra que lo contuvo.

¿Acaso no sufrieron aún la indescriptible sensación de tirar un tiro desde adentro de un divot seco, profundo y sin pasto? Creo que sí, no? …es inolvidable.
¿Acaso nadie vivió la experiencia de tener que utilizar (Sí ó Sí…) un baño público? Eso sí es algo alucinante…
Entonces, hagamos de cuenta que en algún momento nosotros mismos podremos encontrarnos con nuestro propio agujero no reparado… procedamos en ese mismo instante a someternos, agachándonos para cubrirlo como corresponde, como si la cancha mereciera esa reverencia especial y una humilde disculpa.

No tengo nada en contra del sexo femenino, al contrario, me agrada y disfruto mucho con su compañía. Pero creo que en las canchas de golf es un fiel exponente de la actitud descripta más arriba, sobre todo, en la comodidad y despreocupación que demuestran al salir de los bunkers, y en el hecho de no sentirse responsables por reparar sus propios divots, ó levantar los piques dentro de los greens.

Y qué decir de los caballeros que ‘arrastran’ su andar como vaqueros en el lejano oeste, pero por el green, dejando tras de sí unas hermosas huellas de tapones y pisadas que luego olvidan sistemáticamente de reparar, al retirarse de uno de los lugares más prolijos y perfectos de la cancha.

A esta altura de la lectura creo haberme ganado la simpatía de algunas mujeres, de otros tantos colegas que tal vez pudieron verse identificados, en alguna actitud de comportamiento.

Pero no importa…
Porque también creo que hay muchos golfistas contentos, que comparten lo que aquí se expone y que definitivamente desean disfrutar de dos cosas: Una mejor cancha de golf y sentirse orgullosos de poder invitar a otros amigos a compartir una parte importante de su vida privada (con la misma tranquilidad y orgullo con que uno invita y muestra su casa a sus amigos)

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