diciembre 1, 2010

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Siguiendo a la anterior sobre este mismo tema -cultura- y con el único propósito de mejorar cada día la calidad del juego y las relaciones humanas, hablemos un poco de las nuevas costumbres tecnológicas que también invadieron los links.

De a poco y sin que lo notásemos, comenzaron a formar parte de nuestra vida, una vida ya demasiado complicada, demasiado acelerada.

Sí… hablo del celular, uno de los aparatitos que -choca- con la práctica amateur y profesional de este deporte mientras se desarrolla el juego.

Este práctico y útil telefonito llegó a nuestras vidas, para meterse en casi todas las actividades familiares y laborales que nos acompañan.

La cosa no sería tan traumática si supiéramos ubicarnos en los límites razonables y justos que el sentido común nos indica en cada caso.

Se los oye sonar en los lugares más impensados…: dentro de un cine en medio de una película; en plena ceremonia religiosa; en una disertación frente a un amplio auditorio en silencio; en un respetuoso entierro; mientras entonamos el himno de nuestro país en un acto; en un torneo internacional de Golf, mientras ‘Tiger’ está concentrándose para embocar su Putt de dos metros (y desde el público que lo rodea se escucha un hermoso «Ring-Tone»), en fin…

Suenan irreverentes y electrizantes hasta en medio de un pensado y casi perfecto back-swing ó justo en el preciso momento del putt, cuando la pelota quedó a 30 cm. del hoyo (y necesitábamos meter ó meter). Inclusive, produciendo una gama de sonidos y cadencias de lo más cómicas e ingeniosas.

¿Qué era de la vida de un golfista no hace tanto tiempo atrás, sin teléfono celular?
¿Terminaremos incorporando una ‘PC’ al carrito porta-palos? dado que también necesitaremos estar ‘on-line’ con el trabajo?

Alguno podrá decir que en el resto de los deportes no hace falta un celular, porque no se ‘desaparece’ por 4 ó 5 hs. de casa ó la oficina. Es verdad…
Pero también es verdad que ESE mismo argumento es el que elegimos y eligieron muchísimos golfistas cuando, por cuatro ó más horas, descubrimos que podíamos encontrarnos con nosotros mismos, en medio de la naturaleza, en pleno silencio…

Desenchufémonos un corto tiempo por semana y coincidamos por lo menos, en que puede ser una alternativa válida prender el «celu» en el bar del ’19, ó cada dos horas para realizar un breve patrullaje telefónico y constatar que todo anda bien; ó la mejor de todas: utilicemos la opción de vibrar en lugar de sonar… para que solo nosotros advirtamos que alguien quiere contactarnos.
Hasta la próxima…!!

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