febrero 28, 2011

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marcelo Barba mhbarba@gmail.com


Hoy me duelen mucho los pies… así que alejándonos un poco de las anécdotas, trataré de volver a algunas consideraciones útiles para los que comienzan con esta apasionante disciplina ó para aquellos, que por algún motivo ignoran ciertas cosas, referidas al equipo ó atuendo recomendable para la buena práctica del Golf, empezando por donde debemos comenzar, por uno de los extremos: los pies.

Para entender la importancia relativa que debemos darle a nuestro calzado deportivo, más allá de la comodidad y suavidad que normalmente le pedimos a un calzado cuando nos lo probamos, pensando en los cientos de kilómetros que caminaremos enfundados en ellos; recordemos algún concepto básico de física (el de acción y reacción, por Ej.) y recién entonces comenzaremos a entender, porqué es tan importante que utilicemos algo especial, si es que pretendemos evitar patinadas e inevitables pérdidas de potencia.

Hace muchísimo tiempo un famoso filósofo y matemático (Arquímedes) dijo: «Dadme una palanca y moveré al mundo…» sin siquiera imaginarse la vigencia y razón que tendría a través de los siglos. Lo actualizado y fresco que resultaría su pensamiento; sin embargo, Don Arquímedes, sólo quería ejemplificar gráficamente cómo se multiplicaría la fuerza si la misma era bien aplicada.

A pesar de ello, nunca aclaró demasiado dónde apoyaría esa hipotética palanca…

Quiero decir, que no sirve de mucho tener un excelente brazo de palanca si no contamos con otro excelente punto de apoyo que nos asegure el funcionamiento de todo el sistema.

Con el Golf pasan cosas similares. En el aspecto físico (que nos ocupa ahora) y en otros más intangibles… ¿o acaso no han percibido aún la cantidad de personas que aprovechan un partido de Golf para »apalancar» sus propios negocios?

Desde lo físico, hagamos un ejercicio de imaginación: Imaginémonos que estamos flotando dentro de un bote en medio de un lago, sin viento ni corriente que nos mueva.

Nuestro objetivo: es tratar de empujar con los remos unos troncos que flotan, sin que dicha acción nos mueva ó cambie el rumbo de nuestro bote.

Veremos que es imposible cumplir la consigna, de hecho comenzaremos a desplazarnos como si estuviéramos remando. La única salida inteligente, para poder cumplir ese objetivo, será fijar el bote a algún elemento inmóvil.

Ahora trasladémonos al campo de Golf, sin bote.

Levantemos el drive como siempre, con los brazos extendidos hasta el máximo de nuestro swing. Paremos allí en ese punto, tan sólo unos segundos y miremos la distancia que va desde la cabeza del drive hasta la pelota apoyada en el piso…

Veremos que, en el peor de los casos, existirá una separación importante <más de 2,30 metros> de puro »brazo de palanca» conformada por la longitud de todo nuestro cuerpo, más la de nuestros brazos, más la del palo de Golf.
¿Saben adónde apoya semejante brazo de palanca…? En un punto crítico. Precisamente en nuestros pies y éstos sobre el piso.
El elemento que finalmente evitará que nos desplacemos, como el ancla para un bote, es nuestro par de zapatos especiales, que estarán firmemente adheridos al piso gracias a la ingeniería de su suela.

Entendiendo el concepto, hallaremos el motivo de la existencia de los tapones plásticos, que necesariamente debe poseer un calzado, para que podamos afirmarnos en cada golpe, en cada descarga violenta de energía sobre una pelotita que se encuentra en estado de reposo absoluto, sobre el piso y esperando…

Poco importan los modelos, las insignias, los colores, cordones ó demás elementos puramente estéticos; eso va de la mano de la moda, del dinero y de las ganas que tengamos de parecernos a algún famoso golfista que los utiliza.

Lo que debe importarnos y mucho, es la comodidad, la flexibilidad, la impermeabilidad y la sensación de seguridad que el calzado nos transmita, durante más de cuatro horas de caminata y exigencia, cada día de cada mes de cada año que dicho calzado aguante.

Un calzado debe probarse con buenas medias (calcetines) de algodón, caminar un poco, sentir si algo nos roza ó aprieta demasiado en algún punto crítico (talón, empeine, laterales del pie, etc.) y fundamentalmente, deberá formar parte del pie como si se tratase de un guante que se adhiere a la mano; ni flojo ni apretado, justo y cómodo, a tal punto que no sintamos la urgente necesidad de quitárnoslo en cuanto finalice el juego.

No tratemos de ahorrar donde no tenemos que hacerlo; si bien un buen calzado puede resultar ‘caro’, pensemos en los meses de uso continuo que le daremos y amorticémoslos en dicho período; si son buenos… pagaremos unos pocos pesos por mes y con gusto; con lo cual, tomémonos un tiempo para seleccionar y finalmente adquirir los que mejor se adapten a nuestros pies.

Sin quererlo, se ha respondido indirectamente a la clásica pregunta ‘¿porqué no se puede jugar Golf en zapatillas?’
Como poder… se puede, pero de la misma forma que jugar al tenis en hojotas, al bowling con mocasines de suela; hacer footing con borceguíes militares; squash con patas de rana ó bascket con botas de montar; pero seamos siempre conscientes de las limitaciones que estaremos asumiendo con esas opciones…

Volviendo al comienzo de la nota, creo que hice una mala elección con los últimos que compré. Busqué mucho un par de zapatos que tuvieran la suela cocida (no pegada) para que me durasen más tiempo que los tradicionales, dado que a estos últimos luego de un tiempo, se le terminaban despegando la goma o se rompían los anclajes de los tapones.

Erróneamente pensé que si conseguía unos cocidos ello no sucedería y serían eternos, pero al comprarlos nadie me dio una garantía de comodidad, con lo que al poco de utilizarlos, advertí su rigidez y dureza extrema. Una cosa es verdad… son zapatos para toda la vida, quedarán guardados y a la sombra por muchos años…

Razoné y caí en cuenta de una cosa (triste pero real): No existen zapatos placenteros para el Golf que reúnan todas esas condiciones juntas. Si se pretende suavidad y flexibilidad, habrá que sacrificar la duración de los mismos y, en términos de tiempo, no existen hasta hoy zapatos que duren más de 18 meses, jugando cada fin de semana de todos los meses del año, por lo menos aquí donde vivo y juego…

Vivo en un clima extremadamente húmedo; juego en verano y en invierno, muy temprano por la mañana, con mucho rocío ó escarcha de hielo… (Además de la arena y el barro que circunstancialmente pisoteo); es casi como tratar de correr un rally «París-Dakar» con un automóvil de serie… sin ninguna preparación ni acondicionamiento previo.

Finalmente, me hice a la idea de comprarme un par de zapatos «ultra cómodos» cada año ó año y medio. Dando por perdida cualquier esperanza de conseguir la perfección (lo perfecto es enemigo de lo bueno… y mis queridos pies, agradecidos)

A elegir bien, con el bolsillo y los pies…
Hasta la próxima.
Marcelo H. Barba

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