mayo 31, 2011

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Tomado de www.fueradelimites.com  Enrique Soto

La persona que hoy ocupa nuestra atención ha ganado 29 veces en el PGA Tour y otras 29 en el Senior PGA Tour (actual Champions Tour).

Cuenta en su palmarés con seis grandes (dos U.S. Open, dos British Open y dos PGA Championship) y ha ganado cinco veces el Vardon Trophy. Se trata de uno de los mejores jugadores de la historia del golf y su lista de victorias podría ser todavía más amplia, pero compitió contra otros monstruos de este deporte como Jack Nicklaus o Gary Player.

Representó durante sus años como profesional la sonrisa de este deporte y fue famoso no sólo por un afiladísimo espíritu competitivo, sino también por una grandiosa actitud para enfrentar las dificultades a lo largo de su vida y transmitir una alegría y pasión por el juego que pocos jugadores a lo largo de la historia han expresado. Esta es la historia de «Supermex», «Merry Mex» o Lee Trevino.

«No hay nada parecido al talento natural. El talento es algo que creas pegando millones de bolas».

Lee creció en una cabaña en las afueras de Dallas (Texas) y compaginó su asistencia a la escuela con el trabajo en los campos de algodón. Nunca conoció a su padre, que le abandonó junto a sus hermanas, su madre y su abuelo, un sepulturero. Ningún miembro de su familia le introdujo en el golf y éste se presentó en su vida como una alternativa para salir adelante, ya que vivía a muy poca distancia del hoyo 7 del Dallas Athletic Club. Buscando bolas en los límites del campo consiguió ganar algunos dólares extra. Su juego empezó a forjarse desde la curiosidad y la ingenuidad de un niño, rondando por la caseta de los caddies buscando trabajo y finalmente consiguiéndolo a la edad de ocho años. Al lado de esa caseta, los caddies tenían tres hoyos para practicar y allí fue donde el joven Lee comenzó a practicar, usando unos palos antiguos y haciendo pequeñas apuestas con sus compañeros de trabajo.

Cuando cumplió los diecisiete años se alistó en el Cuerpo de Marines de Estados Unidos, dejando atrás una época algo turbulenta y caótica de su vida. El ejército le proporcionó una estabilidad y un orden que no había tenido hasta entonces, y aunque su expediente no estuvo exento de problemas disciplinarios, fue una experiencia muy positiva para él. Al cuarto año de servicio había madurado lo suficiente como para alcanzar el rango de Cabo, y gracias a un error administrativo pasó a formar parte de la Unidad Especial de Servicios, suministrando material deportivo y conduciendo el autobús del equipo de fútbol. Estos últimos dieciocho meses en el ejército, le sirvieron además para jugar al golf con sus oficiales cada tarde.

El juego de Trevino no se caracterizó nunca por ser espectacular y todas sus victorias llegaron a través de un instinto competitivo que dejaba perplejos a sus rivales. No se trataba de un jugador que cogía calles y dejaba su bola cerca de bandera pero sí era capaz de meter los putts necesarios para presionar e imponer su autoridad. Este instinto asesino siguió perfilándose en su vida como civil y se mostró al público por primera vez en 1967, jugando su primera temporada en el PGA Tour y terminando en el puesto 45 de la lista de ganancias, con 26,000 dólares. Un swing autodidacta y una actitud en el campo poco habitual para la época hicieron que muchos críticos le calificaran como un valor inseguro del Circuito.

«Puedes hablarle a un fade, pero un hook nunca te escuchará».

El swing de Lee no era precisamente de manual. Había tenido problemas para controlar el hook en su swing y construyó uno que le permitiera mover la bola de izquierda a derecha sin dificultad. Con el palo en lo alto del backswing, parecía que iba a ser incapaz de mantener un buen equilibrio a través del impacto pero en el momento crítico, cuando la cara del palo hacía contacto con la bola, su cuerpo estaba perfectamente situado. No tardó mucho en silenciar a sus detractores y al año siguiente, en 1968, ganó el U.S. Open en Oak Hill. Los siguientes seis años de su carrera fueron una sucesión de éxitos y llegaron a su máximo esplendor en 1971, donde encadenó en cuatro semanas la victoria en el U.S. Open, The Canadian Open y el British Open.

«He sido alcanzado por un rayo y he estado en los Marines durante cuatro años. He viajado por todo el mundo y he estado en cualquier lugar que puedas imaginar. No hay nada de lo que tenga miedo excepto de mi mujer.»

Parecía que la sucesión de victorias de Trevino seguiría su curso natural durante los siguientes años pero nadie podía llegar a imaginar el curso que iba a tomar su vida. El 27 de Junio de 1975, jugando el Western Open en el Butler National Golf Club (Chicago), Lee fue alcanzado por un rayo, dañando permanentemente su flexibilidad y la sensibilidad de la parte baja de su columna. «Me dejó tirado boca arriba y vi como mis brazos y mis piernas se extendían, no podía respirar. No sentí dolor en absoluto, de hecho tuve una sensación agradable. Sentí calor y que podía escuchar todo a mi alrededor, estaba totalmente en paz. Veinte minutos después me desperté y la gente estaba a mi alrededor; me dolía todo el cuerpo.»

Para un hombre que basaba su swing en una gran fuerza física y la coordinación, este accidente supuso un gran contratiempo para sus objetivos pero después de una serie de operaciones, volvió a reencontrarse con su juego. Sus apariciones en el Circuito se redujeron drásticamente y pasó de practicar tirando cientos de bolas a solo cincuenta. A los 44 años demostró que su profesión seguía latiendo muy fuerte en su interior y ganó el PGA Championship. Se retiró en 1985 y pasó a jugar el Senior’s Tour.

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