Se ha observado que una moderada práctica del golf, además de apartar a sus protagonistas de las tabernas, es extremadamente útil para el llamado «team building» o acercamiento entre líder y colaboradores. La buena mesa también ayuda.
¿Qué fue antes el Golf o los negocios? ¿Las reglas del Golf – nuestras célebres rules – o las del Management? Tengo razones para concluir que los negocios modernos y el Management nacen cuando, por culpa del excesivo calor o por estar cubiertos de hielo los links, los aficionados no podían dedicarse, iron en mano, a perseguir una bola por el campo, y, antes de optar por molestar al servicio o ser sorprendidos ociosos en la biblioteca por una tía Alicia, optaron juiciosamente por aterrizar en la City y distraerse ganando dinero a espuertas.
Ya se sabe: una libra no hace granero pero ayuda al compañero; media corona lleva a otra media y unas cuantas juntas a crear empresas, tejer organigramas, invertir en Bolsa y hacer más dinero. Y tanta actividad, que empezó como una distracción, terminó imitando al Golf, con sus Juntas y Consejos, reglas y hasta un especie de federación que pomposamente llamaron Banco Mundial. Pero en el fondo sólo es el golf llevado a la vida profesional.
Algunos de estos conspicuos businessmen, absorbidos full time por sus empresas, acabaron pensando que golf y profesión eran dedicaciones incompatibles. En nuestros días esa errada creencia acerca de una supuesta incompatibilidad ha cristalizado en este terrible comentario jocoso: el hándicap indica el número de días que el sujeto trabaja al mes. Es decir, un novato con hándicap 28 trabajaría el mes completo, mientras que a un hábil player con hándicap 4 no se le vería por la oficina más que un día por semana.
En una vida anterior, cuando no me dedicaba a presidir empresas, jugar al golf asiduamente y a emborronar cuartillas para los blogs, ocupaba yo un digno puesto en una multinacional. Pues bien, nos visitó el Director General (CEO) y, frívolamente en el curso de una conversación de pasillo, repetí la gracia sobre el hándicap y los días de trabajo. El CEO se volvió como un rayo y con una mirada de duro reproche, semejante a la peor de la más temida de mis tías, me espetó.
– ¡Eso es falso!
Me quedé de piedra, percibí con claridad el empeño del suelo por despegarse de la suela de mis zapatos y balbuciendo no se qué excusa me ausenté.
El responsable del gabinete del CEO, que había estado presente, vino en mi socorro y logró alcanzarme a la altura del lavabo de la derecha del cuarto de baño de caballeros:
– A ver que hacemos, porque el jefe es hándicap 12.
En mi familia podemos sorprendernos y parecer cogidos fuera de juego, pero nada nos impide sacar con humor la pata metida y afrontar los hechos con deportiva estrategia.
Ese mismo mediodía organicé las cosas para que el asunto si no olvidado, quedase suficientemente enmascarado tras un sencillo almuerzo en Hacienda Benazuza, (Sanlúcar la Mayor) servido bajo la dirección orquestal de El Bulli, que nos obsequió con una degustación de delicatessen, regada por un vino tinto del que olvidé su marca pero nunca el precio por botella.
No voy a decir que el CEO et moi acabásemos como amigos íntimos, pero sí con una visión coincidente acerca de los negocios y el golf, hasta tal extremo, que formamos equipo en un campeonato por parejas bajo la modalidad scramble, que tanto contribuye a fortalecer los lazos de amistad, siempre que en Hoyo 18 tu bola de driver no acabe en el lago (tercer pato a la izquierda), dejando sin opciones a tu compañero… pero esa es ya otra historia.




