En la vida cotidiana el cuerpo y la mente interactúan en un permanente correlato, con el propósito de plasmar la realidad percibida y crear los ajustes necesarios para adecuarse a ella.
Por medio de los sentidos percibimos el mundo que nos rodea, cargado de imágenes, tentaciones y sugerencias. Respondemos a estos hechos en forma consciente o no. Por ejemplo: Recordamos un lugar, por el perfume de una flor, por el sabor de una comida, o por una melodía. También guardamos una experiencia, con agrado o desagrado, según halla sido percibida y aceptada la vivencia. Todo este caudal de información creará el acervo de experiencias, que se dispondrá al momento pensar, trabajar o jugar al golf.
También existen sugestiones que nos hacemos a diario en forma imperceptible. Son de dos clases: involuntaria y voluntaria.
Involuntaria.
Nace dentro de la mente, por estímulos imaginarias o reales. En función de lo que percibimos en nuestro entorno y en el propio cuerpo.
Desde la infancia, en la familia, en la escuela, en sociedad y por los medios de comunicación, estamos en contacto con estímulos que afectan el subconsciente, provocando un acondicionamiento (autosugestión) que cambia nuestra realidad. Crean disposiciones, intolerancias, simpatías, antipatías y preferencias algunas de ellas ajenas a la voluntad. De esa manera nacen inclinaciones no siempre beneficiosas, ya que irán a formar un acondicionamiento inútil y en ocasiones nocivo. Son los temores, las fobias y las enfermedades imaginarias comúnmente llamadas hipocondrías.
Otro tanto ocurre en el deporte
Las experiencias cargadas de miedo, ansiedad y aprensión, dejan fuertes sugestiones que mal disponen y hasta anulan a un jugador. En cierta ocasión con motivo de entrenar a un profesional de golf, me encontré con una fuerte carga sugestiva, que el jugador manifestaba lleno de temor al decirme: «No puedo jugar este hoyo, por que es como si me odiara, siempre termino haciendo doble o triple boggie» Una mala experiencia lo afectó profundamente, había creado una sugestión negativa que no podía superar.



