Un error es más difícil de olvidar que un éxito de recordar, por que va ligado al daño que produce. Este dolor emocional perdura, por que va más allá del error mismo y lo convierte en fracaso. Lesiona la personalidad del jugador. Por eso, ciertos errores no se olvidan nunca, en particular aquellos que destruyen la confianza.
Con el fin de superar esta crisis, entreno a mis alumnos a ocultar o cambiar el pensamiento por una imagen. Esta debe ser gratificante y placentera, tanto como se la pueda crear.
Recientes estudios han demostrado que se pueden bloquear pensamientos a voluntad luego de un breve entrenamiento destinado a tal fin.
Freud decía: «La esencia de la represión reside simplemente en apartar algo de la vista y mantenerlo alejado de la conciencia» «No creo que mis pacientes borraran sus recuerdos. Me parece que los suprimieron: es decir, los recuerdos siguen ahí, pero es difícil llegar a ellos»
Tony Jacklin desde sus comienzos como amateur en su natal Inglaterra, demostró un inquebrantable deseo de sobresalir y constituirse lo antes posible en un campeón de golf. A los 13 años ganó el campeonato infantil de Lincolnshire, y a los 16 lo repitió, como abierto, superando al profesional del campo de golf. Siendo profesional demostró que estaba en condiciones de derrotar a los jugadores norteamericanos, ganando los torneos de Jacksonville y los abiertos de Royal Lythan y St. Annes. Al año siguiente ganó el abierto de Chaska, sacando una ventaja de siete golpes a su inmediato perseguidor, resultado que no se obtenía desde el año 1921. Con este desempeño se convirtió en la gran esperanza para la defensa del título ante los norteamericanos, en el torneo de St. Andrews. Cuando por fin comenzó, la gran expectativa se apoderó de la multitud allí presente, llegando al delirio cuando hizo 29 golpes en los primeros nueve hoyos y birdie en el 10. El drama se presentó cuando empezó a llover en el hoyo 14, debiéndose suspender el torneo.



