Volver a cero…

Marcelo H Barba

Alguna vez pasaremos por momentos erráticos y veremos que lo que creíamos haber aprendido dejó de funcionar, no desesperemos ni intentemos cambiarlo todo, porque entonces no cambiará nada… vayamos de a poco y con calma.

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Es posible que en todo el cúmulo de habilidades que aprendimos y creemos estar reproduciendo bien, exista algo, una cosa mínima, que en ese inmenso sistema de engranajes que diseñamos, alguno dejó de funcionar. Concentrémonos sólo en eso, intentando recuperar la partitura que eventualmente perdimos y que ahora tocamos ‘de oído’.

Hasta el más excelso pianista de concierto, que se sabe cada nota y compás que reproduce frente al público, necesita tener la partitura frente a sus ojos, no deja nada librado a su buena memoria ni a las miles de veces que lo practicó.

Si tuviésemos que hacer una lista de las habilidades que aprendimos y pusimos en práctica cada vez que empuñamos un palo de Golf, créanme que nos asombraríamos de lo que incorporamos y sabemos.

Comenzando por nuestras propias manos, los dedos, los brazos y codos, nuestros hombros y espalda; el ‘stance’ que adoptamos con nuestras piernas y pies; nuestras caderas, muñecas, cuello y cabeza, en fin… seguro me olvido de otras que practicamos mil veces, como las ejecuciones desde la arena, los tiros largos y las difíciles lecturas del green; pero a pesar de todo, no llevamos un registro ni tenemos la posibilidad de recurrir a dichas experiencias mientras recorremos un campo de Golf. Ahí estamos en vivo, recurriendo a nuestra mente y sin ninguna partitura que nos dé una ayudita.

El aprendizaje de esta disciplina de precisión y coordinación requiere, desde el momento que decidimos adoptarla, que nos transformemos en sutiles ingenieros de cosas microscópicas. Pequeñísimos ‘engranajes mentales’ que se irán acoplando de a uno en los sitios adecuados de nuestro cerebro, para desde allí saber cómo dirigir músculos, tendones y nervios; para que finalmente, cada pieza se mueva en su momento justo, con una potencia adecuada y con la más alta precisión que podamos; habilitando además a que otros elementos del sistema se liberen y actúen en consecuencia.

Podríamos cambiar esta imagen tan ‘mecánica’ por otra de tipo musical, donde el cerebro hará las veces de un maestro-director de orquesta filarmónica y cada uno de nuestros músculos, huesos y nervios ejecutarán una partitura única, precisa y perfecta para que todo suene y se escuche como una buena melodía… y si algún elemento perdiera el compás o desafinase… el resultado terminaría siendo malo, destemplado y torpe.

Cuando todos comenzamos con nuestra propia ‘orquesta’ apenas si podíamos juntar 3 ó 4 músicos y hacer sonar la melodía de “La Cucaracha” (bastante desafinada por cierto…); pero no nos acobardamos e insistimos.

También pensamos que en algún momento podríamos llegar a desarrollar una exquisita sinfonía, y eso nos pareció un sueño incumplible, pero seguimos, hasta que por fin pudimos hacer coordinar –al menos- los acordes parecidos a esa famosa canción de niños.

En general, nos pasará que con el tiempo y luego de mucha práctica; de ir incorporando nuevos ‘instrumentos’ y músicos a nuestra ya no tan humilde orquesta, inevitablemente… en algún momento y por un tiempo que parecerá interminable, sobrevendrá la desazón y desesperanza cuando sin ningún motivo aparente, comience a desmoronarse nuestro Golf.

Sentiremos que nada nos funciona como antes, que no supimos relacionar adecuadamente cada uno de esos difíciles ‘mecanismos’ que tanto nos costó sincronizar con el resto del juego.

Esa sensación, bastante común, que aún hoy me sigue sorprendiendo en ocasiones donde enfrento bajones anímicos y/o físicos, es superable en la medida que enfrentemos el problema con paciencia y tranquilidad.

Es decir, sin volvernos locos intentando cambiar muchas cosas a la vez, para lograr retomar la precisión y/o distancia que habíamos logrado obtener y que ahora –misteriosamente- perdimos.

Vayamos de a poco y por partes… porque seguramente se nos escapó algo de nuestra memoria muscular, sea por los vicios adquiridos con el tiempo; por intentar ‘copiar’ otro swing o estilo que nos pareció mejor que el nuestro; por pensar (erróneamente) que ya no necesitaríamos ajustes ni visitas al profesor, en fin… por creernos omnipotentes.

Y eso no es bueno, en todo lo que decidamos enfrentar, inclusive en Golf.

Lo primero (dependiendo del tiempo que dispongamos) será volver a la base, simplemente eso. Volver a cero…

Retrotraernos al comienzo y de ser posible, visitar a un profe. Nos asombraremos cuando nos haga tomar el stance que alguna vez funcionó bien, que nos guíe para realizar un swing más suave sin ponernos el palo de Golf como bufanda ni pretender poner a nuestra pelota en órbita junto a la Luna… pero con cada ‘ajuste’ nos hará recorrer nuestras destrezas y experiencias de a una en una; intentando encontrar en cada acción ‘ese’ error que nos sacó del camino. Pero lo hará analizando y cambiando una cosa por vez…

Inclusive diría, que ante la falta de tiempo para realizar esa visita al profe, nosotros mismos podremos ajustar alguna que otra variable que se salió de cauce.

Retomando nuestra esencia desde lo básico, comenzando por analizar y corregir nuestra empuñadura del grip; proponiéndonos realizar un swing al 70%; en clavar exageradamente nuestra mirada sobre la pelota; en volver a realizar los dos o tres swings de práctica que alguna vez hicimos antes de ejecutar; hasta podríamos bajar del cielo a nuestro crecido orgullo, solicitándole a alguno de nuestros amigos que observen nuestro swing y nos transmitan la imagen que ven, como para intentar corregir algún defecto que nosotros no advertimos.

Volver a cerono significará perder las habilidades adquiridas; por el contrario, será el mejor ejercicio mental y físico para identificar, en un esquema “paso a paso”, dónde se esconde el error que estamos cometiendo y cómo éste a su vez, está influyendo sobre el resto de las habilidades que creíamos inalterables.

Hasta el mejor guitarrista de concierto necesitará afinar y ajustar las cuerdas en cada ejecución…

Que tengan un excelente Golf, con amigos y muchas experiencias para disfrutar.

Hasta la próxima

Marcelo H. Barba

Publicado: 5 abril, 2020 - Por admin - Leer mas...


Mis pensamientos en esta Pandemia:

 

Marcelo H Barba

Tiempo atrás y en el ámbito privado había escrito unas líneas dedicadas a mis nietos. Allí abordaba una serie de temas y conceptos que consideraba un especie de “legado” que yo mismo les dejaba, para ayudarlos a entender un poco mejor la vida que nos rodea, en términos económicos, religiosos, morales y recreativos (no dejaría de contarles algo de Golf…).

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De aquellos escritos y justamente por lo que estamos viviendo, voy a rescatar y compartir una parte, porque me parece tiene una vinculación casi directa con este tema del ‘corona virus’ que la Tierra entera atraviesa como una nueva peste.

Coincidan conmigo o me crean un desquiciado, siento la necesidad de compartir lo que van a leer porque va más allá de un virus circunstancial, como hemos tenido en el pasado y seguramente tendremos a futuro. Me refiero más precisamente al respeto que el hombre –en términos generales- está perdiendo por la naturaleza y la vida misma, y a cómo nuestro planeta -muchas veces- nos ubica, tratando de volver a cero drásticamente su condición de ‘natural’ para que las consecuencias de los daños que le provocamos no sean definitivos.

Nadie sabe a ciencia cierta si una determinada explosión en el punto “a” determina un terremoto en el punto “b”; o si el desmonte indiscriminado de árboles en un área de la tierra, produce inundaciones o deshielos en otra parte; o si tal o cual experimento o prueba de laboratorio terminan por generar una catástrofe química que la raza humana sufrirá y ‘pagará’ con sus vidas.

Aquellas líneas decían algo así… (Dirigiéndome a mis nietos)

“…La nave Tierra, sus animales y recursos.

En un fantástico contraste, en esta época ‘primitiva’ que vivimos, el hombre aún discute –por Ej.- sobre la existencia de zoológicos… de cárceles para animales que nunca jamás merecieron estar aislados. Hasta existe una actividad catalogada como ‘deportiva’, basada en la caza (matanza por placer o diversión) de animales supuestamente salvajes, que inexorablemente se irán extinguiendo y ustedes no conocerán sino a través de imágenes o viajes en el tiempo.

Nuestra brutalidad e ignorancia actual, mantiene ejemplares enjaulados, aislados de sus pares y de su hábitat; los utilizan para experimentos mortales o mutantes y se los hace sufrir como nadie lo hizo jamás. Confieso que cuando miro a los ojos a cualquier animal que sufre, me ‘sintonizo’ con su energía y me emociono mucho, me siento impotente porque son seres con sentimientos y energía propia, hasta creo que poseen alma o por lo menos, que son más elevados que muchos humanos.

Los desequilibrios materiales en el planeta, hacen que muchas personas mueran de hambre. En otros lugares de esta misma ‘casa’, malgastan vidas y dineros en guerras que sólo sirven para aumentar y sostener el poder efímero de algunas pocas personas, que dicen ser más civilizadas. La raza humana hace sufrir a los suyos, a los animales y a toda la naturaleza de una forma ininteligible, incoherente y cruel.

Los humanos engañan a sus pares, los inutiliza, los desactiva mentalmente. Los embrutece con falsas creencias, con falsos conceptos de moral y de religión, con una desnutrición sistemática desde pequeños, para que sus cerebros no lleguen a madurar o, lo que es peor, crezcan ‘torcidos’.

Nadie, ninguno, piensa en el otro como si fuese uno mismo, no existe persona sobre la tierra que pueda asegurar que ama a otra si la deja en la miseria y sin alternativas, sobre todo, aquellos que se autoproclaman o dicen ser representantes de dios, sea cual fuere su culto, raza y religión; son mesiánicos muy peligrosos.

Hasta que me vaya, llevaré la esperanza como testigo y eventual habitante de la Tierra que soy, que en algún futuro se podrá ‘sintonizar’ correctamente la frecuencia de la vida. En ese punto dominaremos correctamente la energía.

Mientras tanto, la naturaleza –siempre- seguirá resguardando sus ciclos, defendiéndose de las agresiones y cada tanto, se encargará de limpiar todo aquello que la aleja peligrosamente de su esencia.

La naturaleza gana… es una verdad gigante y tremenda; ahora mismo mientras estamos aislados en cuarentena, podemos ver por la ‘tele’ las calles, los rincones y todos aquellos sitios donde han dejado de circular personas, cómo ganó terreno el pasto, el simple yuyo que creció cada vez avanza más… cómo se puso transparente el agua de la clásica Venecia y la de algunos ríos…; cómo los animales que hasta hace unos días considerábamos salvajes caminan por las avenidas desiertas… y “los campos de Golf” que tanto respetamos y amamos, en breve se parecerán a campos de siembra, donde el pasto del fairway nos llegará a las rodillas y la perfecta carpeta de los greenes se verá transformada en hermoso nido de pájaros y bichos… así de natural, de simple y lógico: la naturaleza Gana, siempre gana.

Ojalá comprendamos el silencio y el grito desesperado de cualquier animal que sufre, que no falte tanto, estamos descubriendo métodos de comunicación entre ballenas, monos, caballos, delfines y otros tantos; una vez que podamos entenderlos… habremos podido elevar un escalón más a la raza humana. Pero para algunas especies será tarde, por nuestra propia culpa, por nuestro egoísmo, por olvidarnos que somos inquilinos y no dueños del planeta.

Hay un mensaje que deseo darles, para que a su vez lo transmitan a sus propios hijos, nietos y demás descendientes, así como yo mismo lo recibí y ahora trato de hacerlo con ustedes. También me gustaría vivir lo suficiente como para que podamos viajar juntos al espacio y compartir la visión de la Tierra desde lejos… desde una perspectiva donde todo parecerá cambiar, es difícil comprender que esa imagen que veremos se trata de nuestra casa, de ese Planeta hermoso en el que vivimos y queremos destruir. Un globito brillante que acordamos llamar Tierra, que circula por la inmensidad del espacio en un infinito celeste que bautizamos “vía láctea”, que además, forma parte de un inmenso sistema en equilibrio, que se extiende más allá de esa estrella que decretamos que se llamara “Sol”.

Ese planeta en definitiva, el que nos recibe y del que formamos parte, no es más que una Nave. Una nave interestelar impresionantemente grande, que se traslada junto a otros elementos por el espacio, con un destino, rumbo, y objetivo claramente fijado.

‘El Grande’ que diseñó y armó este brutal sistema-ecológico, un genio en Logística por cierto; además, la hizo auto-sustentable, auto-limpiable y auto-generable. Siempre habrá combustible suficiente como para que llegue a destino, con humanos que se encarguen de muchas cosas por muchos años; con oxígeno, agua y comida suficiente para que esos seres puedan regenerarse a sí mismos una y otra vez, por muchos siglos… aunque cada tanto…

Lamentablemente se presentará un proceso de “auto-limpieza” (terremotos, maremotos, catástrofes, pestes, etc.), que es indicativo de que algo salió de su curso, que no funciona bien o podría poner en peligro algún otro equilibrio del sistema por donde nos trasladamos. 

Ahora mismo… nos encontramos muy ‘ocupados’ y, si no fuese por la “tregua” que impuso este virus en el mundo, seguiríamos exterminando algunas especies, contaminando el agua pura, llenando al aire y a la vegetación de polución; derritiendo hielos eternos, quemando y desmontando bosques, rompiendo equilibrios únicos e impidiendo que se cumplan los ciclos naturales.

El mensaje que la humanidad debe captar y comprender es que, en nuestra casa no podemos matar ni destruir a la familia, tampoco podemos incendiarla, ni explotarla, ni inundarla de basura, de mugre y pestilencia, porque además de nuestras futuras generaciones tenemos vecinos… y porque (por ahora) tampoco hay alternativas lo suficientemente cerca, para comenzar a viajar y mudarse, para compartir otros lugares. Eso llegará a su tiempo, en el momento justo…”

No les voy a desear buen Golf como siempre lo hago, discúlpenme. Esta vez deseo que logremos la paz interior suficiente como para pensar en lo esencial.

También deseo que cuando todo esto termine, exista la cantidad suficiente de personal de mantenimiento en los campos de Golf, como para reconvertir la selva en la que se transformó una linda cancha de 18 hoyos…

Gracias a Dios esto no durará mucho tiempo más. Que tengan mucha salud y no salgan de sus hogares.

Hasta la próxima..!!

Marcelo H. Barba

Publicado: 29 marzo, 2020 - Por admin - Leer mas...


Torneos de “36 y 54”: una maratón de Golf…

 

 Marcelo H Barba

Desconozco si en otras partes del mundo sucede lo que pasa en nuestros campos de Golf ‘amateurs’, tal vez tratando de imitar (inocentemente) los torneos profesionales que vemos por la tele, obviamente de altísimo nivel deportivo…

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Lo digo así, porque en nuestro ‘segmento’ no somos profesionales ni estamos físicamente acostumbrados a torneos de tipo maratón, que nos exigen mucho más de lo poco que podemos dar… Tampoco creo que sea imposible o desaconsejable hacerlo, pero coincidamos en que deberemos hacer algún esfuerzo adicional al que estamos acostumbrados.

Me refiero a los campos donde los fines de semana ‘largos’ suelen presentarse torneos de 36 hoyos, aprovechando la seguidilla de feriados que se suman al sábado y domingo tradicional. Y aunque no es frecuente, también aparecen los de 54 hoyos, promocionados por firmas de indumentaria deportiva, bancos o bebidas. Esto se da en fechas típicas, como ‘Semana Santa’ por Ej., y su finalidad básicamente, es económica y marketinera.

En esos casos la cantidad de anotados es importante, dado que se trata de un desafío al que ningún golfista podría resistirse. No obstante, es interesante observar cómo disminuyen o abandonan al día siguiente y prácticamente queda menos del 40% de los jugadores originalmente inscriptos, cuando se trata de una competencia de 36 o 54 hoyos.

La explicación que le podemos encontrar a los abandonos, por un lado es el cansancio o la falta de estado físico; y por el otro, la creciente desmotivación que iremos acumulando al advertir que ya no podremos ganar o terminar el recorrido.

Respecto del cansancio, sepamos que está directamente relacionado con el éxito, es decir, con los buenos resultados. Si por casualidad llevamos una tarjeta ‘ganadora’ con algunos pares y birdies… no sentiremos ninguna fatiga corporal (consiente) y pretenderemos seguir hasta el final, sí en cambio caminamos arrastrando una tarjeta parecida a una bolsa de adoquines, seguramente que a la primera sugerencia de abandono, nos iremos a tomar una ducha…

En una carrera pedestre o maratón ninguno de los que finalicen entre los primeros, lo harán porque corrieron a toda velocidad desde el momento de la largada. Llegarán en cambio a cruzar la meta, los que supieron regular su energía y gastaron sus últimas fuerzas en los metros finales de la carrera. Pero en este ejemplo deberíamos considerar muy especialmente que, esos atletas llegaron a la competencia bien preparados y se mantuvieron hidratados/ energizados con vitaminas -antes y durante su recorrido- hecho que no aplica para nosotros, los amateurs del Golf… o acaso me equivoco?

En los torneos de 36 y 54 hoyos aparecerán las ganas y la ansiedad de quienes nos disponemos a salir desde el primer hoyo; pero como dije, por el momento somos amateurs que intentamos demostrar que podemos hacer lo que hacen en un Master… pondremos toda nuestra energía y concentración en los primeros 18… (tal vez en los 9 iniciales). Y al otro día llamaremos a una ambulancia. Nos dolerá hasta el pelo.

Salimos con todas las fuerzas y la convicción de ganar, pero con el correr de las horas… ganó la desmotivación, acumulamos cansancio, algo de desgano y desconcentración, porque la realidad nos mostró lo difícil que fue mantener al 100% esos niveles de rendimiento (físico y psíquico) que requería un largo encuentro.

Mantenernos ‘al máximo’ significará prepararse antes y durante. Dormir y descansar, comer poco, beber mucha agua (dije agua…) y evitar excesos de cualquier tipo hasta que finalice el torneo. Para quien escribe y para muchos otros, es como un sueño irrealizable porque (además) queremos pasarla bien un sábado, un domingo o ambos, entre amigos, disfrutando noches de tragos y ricas comidas, música, un buen vino… en fin, nada siquiera parecido a la disciplina que requiere una concentración deportiva. Pero de todas formas nos anotamos y creemos que podremos. Y eso no está mal, divertirnos hasta donde podamos.

Desde luego que no estoy en contra de los encuentros maratónicos de Golf, pero intento transmitir que cuando nos decidamos participar, no olvidemos quiénes somos (en términos deportivos), qué podemos hacer para pasarla lo mejor posible y cómo comportarnos durante las vicisitudes que seguramente viviremos.

Quizás lo más interesante será intentar conseguir un mínimo grado de perseverancia y regularidad. Tremendo.

A mi juicio, lo lograremos muy progresivamente, tratando de no desmoronarnos ante los dobles o triples boogies.

Hablo de ‘intentar’ sobrellevar esos malos momentos, manteniendo la ilusión del próximo día, es decir, sabiendo que tendremos otra oportunidad para arreglar esos golpes de más (sobre todo al jugar durante 2 o 3 días); porque quienes no poseamos esa ‘visión’ de recuperación (me incluyo…) nos pondremos nerviosos, desconcentrados y gradualmente iremos perdiendo nuestra poca o incipiente regularidad en los golpes.

Una de las acciones que puse en práctica para ‘intentar’ mantener algún grado de regularidad y concentración, fue la de jugar sin mirar (obsesionado) mi tarjeta, sino hasta que finalizara los 18… Recién ahí ‘caería’ en la cruda realidad de lo bien o mal que había jugado.

Mirar hoyo a hoyo la cantidad de golpes que acumulaba, tenía dos efectos negativos: a) si jugaba mal, me desmotivaría más rápido, con ganas de abandonar y arrastrándome del cansancio; y b) si en cambio estaba haciendo una buena performance y venía con una tarjeta ‘ganadora’, podría causarme (obviamente inconscientemente) una sensación de tolerancia para conmigo mismo y jugaría el resto de los hoyos con indulgencia, en cuyo caso los resultados no serían buenos.

Cualquiera de esas sensaciones podrían desconcentrarnos y con ello, hacer que modifiquemos (para peor) el nivel de juego que veníamos desarrollando. Pruébenlo…

Si tienen la oportunidad, anótense en un “54” (o en uno de 36), será una buena experiencia.

Luego me comentan cómo les fue… y cuántos analgésicos se tomaron (pero con placer).

Hasta la próxima

Marcelo H. Barba

Publicado: 12 febrero, 2020 - Por admin - Leer mas...


¿Qué pretendes del Golf…? (O: Cómo se reacomodan nuestras exigencias…)

Marcelo H Barba.

Eran los años del ‘comienzo’. Recuerdo que ese día estaba enojado, no creía el pésimo tiro que acababa de realizar… El profe me detuvo a punto de patear la bolsa y me dijo:  _Marcelo, ¿qué pretendes de tu Golf…?

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Mientras lo miraba tratando de comprenderlo, justo cuando iba a contestarle algo…  ‘Alfredo’ siguió:

_Perdón, te lo pregunto porque hace casi un año que lo juegas y quisiera saber si tengo que adaptarme o reconsiderar algo de lo que te enseño… Si me respondes que deseas ser un golfista que no cometa errores, ni quieres pifiarla y terminar sancionándote como si fueras un aprendiz de profesional, tendremos que hablar algo más…

Me calmé, tomé agua y le contesté que esa no era mi idea. Ahí comenzó un diálogo interesante que intentaré recordar y transmitir para su propia regulación de nervios y expectativas, que obviamente son lógicas ante situaciones parecidas. De esta anécdota ya pasaron casi 25 años…

_Antes que nada –dijo- hablemos y reconozcamos algunas ‘limitaciones’.

_Primero, recién estas aprendiendo. A entender al Golf. Ya hablamos y sé que no vives ni te alimentas del mismo, ni creo tampoco que lo hagas en el futuro. Por el contrario, vives de tu trabajo en la oficina y sólo lo practicas los fines de semana, con algún día excepcional entre semana si tus tareas lo permiten… ¿es así?”

Obviamente asentí y me quedé esperando más.

_El segundo punto, limitante aunque no condicionante, es que en 2 años cumplirías 40. Pero a pesar de no haberte formado desde joven en esta disciplina, creo que como todo ‘adulto’ que decide ingresar al Golf podrás pasarla bien, divertirte y jugarlo correctamente. Eso te lo aseguro.

_Por otro lado, no te ofendas, pero no observo cualidades deportivas que me hagan pensar que eres un diamante en bruto, un Tiger ‘tapado’ que nadie descubrió hasta ahora… con lo cual, si realmente deseas probar si puedes convertirte en profesional, me animo a acompañarte en tu ilusión y, con mucho trabajo y horas de dedicación (entre 6 y 8 por día, durante el resto de tu vida…) veremos qué sucede. Pero sinceramente… no creo que sea tu objetivo. ¿Qué pretendes lograr con tu Golf…?.

Todo eso me sonó duro, pero fue tan útil y real que me acomodó la estantería… Se lo agradecí a través de los años.

Esa charla tenía más de un objetivo. Como dije, pasaron más de 25 años y sigo jugándolo, practicándolo y aprendiendo sin olvidarme que en Golf, no es conveniente ni produce beneficios auto-flagelarnos por jugar mal, del mismo modo que cuando estamos aprendiendo y pensamos (en algún momento) que logramos dominar tal o cual tipo de golpe, porque nadie se explica el motivo por el cual, en el siguiente hoyo… la pifiaremos haciendo lo mismo que antes salió perfecto.

El profe me prestó un video de profesionales famosos cometiendo errores. _No obstante, lo más interesante que quiero que veas –dijo- es lo que le sigue inmediatamente a las malas ejecuciones. Observa bien los tiros de recuperación. Ellos aprendieron a borrar de su mente el error y crean un excelente tiro para dejar su pelota sobre el green. Alucinante.

En la misma línea enigmática hay que detenerse y tratar de explicarse el motivo por el cual, el mejor profesional que ganó un torneo, en el siguiente encuentro ni siquiera puede pasar el corte clasificatorio. ¿Cómo se entiende…? ¿Tiene acaso alguna lógica?

_Piensa que estos profesionales se dedican sólo al Golf, todos los días de su vida y varias horas cada día; que están siendo apoyados y en parte presionados, por sus sponsors con muchos miles de dólares para que trabajen de eso y sean exitosos. Practican inclusive antes y después de cada torneo y a pesar de todo, cometen errores. Este es otro de los enigmas del Golf. Jamás nadie podrá decir que llegó a dominarlo, diría que ni siquiera te animes a pensarlo, porque justo en ese momento caerás por un tobogán hasta el piso.

Quizá la quimera más buscada por cualquier ‘alquimista’ del Golf, sólo se reduce a esta frase: “Lograr Regularidad”.

Todo me encajaba en la lógica y la razón; necesitaba tiempo para digerir cada palabra de esa charla, pero aun así, entendí que mi único y humilde objetivo (el humanamente cumplible) era pasarla bien y divertirme; sin dejar de lado la natural sensación y ganas de superación que todos traemos, es decir, que más allá de disfrutar también era aceptable que quisiera jugar cada vez mejor, bajar mi hándicap y sentirme reconocido… pero ¿hasta qué nivel sería lógico exigirme…?

Esta respuesta también me la brindó Alfredo, fue simple:

_Así como te observo jugando y con el nivel de compromiso que le dedicas, creo que comenzarás a bajar tu hándicap y a ganar algún torneo; me animo a decir que el año próximo tus ‘28’ golpes se irán reduciendo hasta los ‘20’ o menos. Pero, a partir de allí te diré algo importante…

_Te darás cuenta que tu “zona de confort” se instalará cerca de los ‘18’, ya que contar con un golpe más en cada hoyo es genial, pero también verás, que esforzarte para bajar dos o tres golpes adicionales y mantenerte entre 15 / 16 de hándicap, te costará más horas de dedicación (que hoy no tienes) y no te dejará divertir tanto…

Todo me parecía profético. Hoy testifico que en realidad fue profético.

A muchos años de distancia de aquel diálogo me considero un golfista feliz, que se divierte muchísimo y que no perderé el sueño por firmar una tarjeta de más de 100 golpes (confieso que entre amigos -a veces- ni las llevamos), pero a esta altura de los años sabemos muy bien cuándo hacemos pares o dobles boogies… y en mi mente aún siguen contando esos 18 cómodos de hándicap que seguiré conservando por siempre. Algunos podrían pensar que estoy a favor de la indulgencia, del conformismo o de la resignación con uno mismo; pero al contrario voto por la lógica, la razón y mi sensación de felicidad y disfrute. Piénsenlo…

El otro cambio que me costó incorporar (aunque todo llega), es que a cierto nivel de la vida, más crecidos digamos, con más responsabilidades laborales, con demandas de familias que atender por el ‘Papi…’ (sí, aunque los hijos tengan 40 años…), más el tiempo que obligada y naturalmente debemos dedicarle a los amigos y actividades sociales –no golfistas-hicieron que comenzara a pensar distinto, para entender más conscientemente el cambio que se iba produciendo en mis sensaciones de juego…

Me refiero a las ganas de competir y de ganar, por las que todo amateur atraviesa cuando practica y ejercita su deporte (humildemente hablo de las pequeñas competencias que se dan dentro de un Club). Decía que sin ser tan consciente del proceso, finalmente terminé adoptando un cambio positivo. El de “Competir” por el de “puro disfrute”.

A todos nosotros, más temprano de lo que creemos, nos llegarán los días de sentir más placer por compartir una buena caminata y circunstancial juego de Golf entre amigos, en un hermoso campo a puro sol, estirando las horas que podamos conseguir y paladeando una buena cerveza al final, que jugar para ganar una medalla o premio en cualquier torneo porque ya pasamos esa ‘etapa’. En estos tiempos nos resultarán más gratificantes los instantes de puro disfrute que cualquier otro evento competitivo.

¡Gracias Golf…!!!

Si no lo han hecho ya, pregúntense internamente: ¿Qué pretendo de mi Golf…?, y sean francos con sus respuestas.

A partir de ese acto de sinceramiento, les pronostico mejores momentos con los amigos de siempre (y con uno mismo) y como siempre, les envío mi deseo para que compartan un buen encuentro de Golf…

Marcelo H. Barba

Publicado: 1 octubre, 2019 - Por admin - Leer mas...


Cuestión de maduración…

Marcelo Barba

Cierta vez un profesor me reveló algo que no supe interpretar, sino hasta que me descubrí a mí mismo exigiéndome jugar mejor o medianamente mejor, sin embargo a pesar de mis esfuerzos, no lo podía ver reflejado en mis tarjetas.

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Él me había dicho que en esta disciplina, con el tiempo, se llegaba a descubrir que el único camino para poder jugar mejor y ser más preciso, era ajustar el juego corto y el Putt. Que era una cuestión de maduración, finalizó. Pero yo no comprendí a qué se refería y seguí insistiendo en ganar distancia con mi driver… Leer más …

Publicado: 13 junio, 2019 - Por admin - Leer mas...


El Show Debe Continuar??

 

Marcelo H Barba

Hoy no voy a hablar de Golf. O mejor dicho, no tengo el espíritu para hacerlo, conociendo la lamentable situación por la que están pasando mis amigos venezolanos, que entre otras cosas, comparten conmigo temas de la vida y del Golf.

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Frente a esta situación me pareció desubicado o políticamente inconveniente, desarrollar una nota de Golf impermeable a los sucesos, como si nada importante pasara en la vida personal de nuestros amigos.

En este caso y a mi entender, si bien un artículo de Golf no representa un show ni nada parecido, el ánimo que debe imperar es de respeto por quienes hoy se debaten en un futuro incierto e inseguro, pero con ganas de volver a rescatar ese espíritu ‘chévere’ que los caracterizaba.

Desde Argentina leo y escucho lo que ocurre en Venezuela. Más allá de lo que dicen los diarios y las noticias de la tele, no vislumbro otra perspectiva que no sea trágica. Íntimamente siento el desamparo, violación y abandono de sus ciudadanos; y lo peor es que presiento la gestación de un profundo clima de replanteo (¿revolución?) prácticamente imparable. Un caldo espeso, desagradable, que hierve y que derramará dolor entre hermanos. Ojalá esto nunca suceda.

Resulta incomprensible que en el año 2019, un país desarrollado, con tremendo potencial y riquezas, con profesionales, gente honesta, trabajadora y feliz; se encuentre casi sumergida en la tristeza de un caos, sin energía, ni agua, ni medicamentos, entre tantos otros faltantes. Más inexplicable, es que su supuesto gobierno democrático niegue la ayuda humanitaria de otros países. Parece algo demasiado exagerado como para describir una realidad del siglo XXI.

La pregunta es: ¿hasta cuándo Maduro…? ¿Hasta cuándo lo apoyarán…? Porque la gente, sus trabajadores y empresarios (hasta gran parte de los militares mismos), lo quieren ver derrocado; pero no se vislumbra un plan inmediato ni pacífico para lograrlo sin perder más vidas de sus propios ciudadanos y hermanos.

No hay una guerra, sin embargo el mundo asiste y percibe una Venezuela a punto de estallar en una rebelión civil anunciada, lógica, hasta necesaria para su futuro… Pero el gran deseo de todos es que lo hagan en paz y con diálogo.

Es lamentable llegar a esos límites para solucionar un tema que parece ‘personal’, propio de un intransigente mediocre y corrupto dictador de turno. Y la historia en ‘nuestros’ países se repite…

Mi opinión es que nuestros pueblos en definitiva, son los culpables directos de los gobernantes que elegimos. Y lo digo precisamente desde la Argentina, casi con pudor y con los mismos problemas de ignorancia, pérdida de memoria colectiva, ausencia de educación y ‘clientelismo’ barato, donde aún a pesar de haber demostrado manifiestamente el altísimo grado de putrefacción de sus gobernantes, la Justicia no actúa, sigue ciega y sorda, parece estar respondiendo como cómplice ilícita a esos corruptos que continúan libres, e incluso, los deja ocupar un sitio en el parlamento y los cubre con un halo de protección que los blinda de cualquier destitución, juicio y cárcel.

Creo entender que lo que ‘nos’ sucede, a los países latinos sobre todo, es un costo de aprendizaje y crecimiento inevitable. Un precio que tenemos que pagar mientras pasamos de un estado de ‘adolescencia democrática’ hacia la gestación de una república adulta y más justa.

La dictadura es fatal, nadie discute que es una de las peores situaciones en las que puede hundirse un pueblo, tenemos sobradas muestras en casi todos los países de América del Sur… pero reconozco también, que un sistema democrático “infantil” y sin una Justicia que funcione hasta con Dios, también se termina pareciendo a una dictadura…

Cambiar las decisiones caprichosas de un dictador, por otro mecanismo como un congreso ‘que se dice’ democrático, pero que en realidad funciona como un ente aprobador de las brutas decisiones del tirano (más una Justicia ausente), es la peor combinación y receta para evitar el desarrollo sano y progresivo de cualquier pueblo.

La usencia de La Justicia abrirá la puerta y pondrá una alfombra de bienvenida a la peor lacra de ladrones, mediocres e incapaces para que accedan al poder, nos saqueen y nos dirijan. Será difícil desalojarlos, pero no imposible…

Les mando a todos mis amigos de GR – Latino y a los lectores de su excelente sitio de Internet, mis saludos, mi fe y los deseos orientados a resolver definitivamente y sin violencia los problemas que hoy los oprimen y afligen.

Que Dios los bendiga. Un fuerte Abrazo.

Marcelo H. Barba.

Publicado: 20 marzo, 2019 - Por admin - Leer mas...


Abajo o arriba…?

Marcelo H Barba¡

Upss qué pregunta…! Pero tranquilos, nos estamos refiriendo al Golf; y ésta es otra de las tantas variables que se presentan en nuestras ejecuciones (como si hubiera pocas), relacionada con el nivel del piso donde queda apoyada nuestra pelota, respecto de la altura de nuestros pies al momento de ejecutar.

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Cada vez que la trayectoria de la pelota finaliza sobre un desnivel significativo de terreno, que difiere del nivel del piso donde se apoyan nuestros pies, enfrentaremos un tiro incómodo, que nos obligará a corregir el stance, la forma de tomar el palo y el objetivo al cual queremos enviar la pelota.

Esas diferencias de cota, harán que la dirección del tiro se desvíe considerablemente, motivo por el cual, tendremos que apuntar más a la izquierda o a la derecha según estemos más arriba o abajo del nivel donde impactaremos a la pelota.

Vamos por algunos detalles:

Para los golfistas diestros:

Cuando estemos preparando un tiro, sea este desde el rought o fairway, para seguir acercándonos a la bandera, normalmente alinearemos nuestras rodillas y hombros hacia donde deseamos enviar la bola. En el caso de los diestros, toda la parte izquierda del cuerpo quedará ‘alineada’ hacia el objetivo.

Ahora bien, al advertir que la pelota reposa sobre un desnivel por encima de nuestros pies, tendremos que corregir la dirección hacia la derecha de donde apuntamos, dado que esa particularidad de diferencias de cotas, hará que nuestro tiro tome un rumbo hacia la izquierda ‘estilo gancho’.

Por el contrario, si el desnivel donde descansa la pelota es por debajo de nuestros pies, deberemos corregir la dirección apuntando más a la izquierda de lo que pensábamos, porque el tiro saldrá hacia la derecha como un slice, o un exagerado ‘Fade’…

En cualquiera de los casos (arriba o abajo de nuestro Stance), deberemos hacer ajustes significativos a la ‘mira’ con la que apuntamos, para corregir los desvíos que naturalmente se presentarán.

Para los golfistas zurdos:

En este caso se invertirá la solución que planteamos para los golfistas derechos con la posición del cuerpo, es decir, que todo el flanco derecho del cuerpo quedará alineado con el objetivo, una vez así, si la pelota quedó apoyada por encima del nivel de los pies, será necesario corregir el tiro apuntando más hacia la izquierda, ya que la bola tendrá una fuerte tendencia a desviarse a la derecha. Cuando la pelota en cambio, se encuentre por debajo del nivel de los pies, se deberá apuntar más a la derecha, ya que la pelota volará naturalmente hacia la izquierda.

Nada es tan fácil, ni derecho, ni plano como quisiéramos; tampoco sucede en el Golf…

Que tengan buena semana, sean diestros, zurdos, o ambidiestros… y que esta ayudita también sea útil para tratar de dominar algunas tendencias políticas extremas…

Hasta la próxima..!!

Marcelo H. Barba

Publicado: 27 noviembre, 2018 - Por admin - Leer mas...


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