¿Probaste verte a ti mismo…?

Marcelo H Barba

En realidad esta nota debería llamarse “Usando la Tecnología”; esa que siempre llevamos con nosotros y a veces no sabemos cómo sacarle el jugo de una forma más aprovechable. Me refiero a nuestros aparatos celulares inteligentes (ya no digo más teléfonos…) porque se han convertido en puras estaciones de tecnología, capaces de hacer de todo, además de actuar como teléfonos tradicionales.

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Sin ánimo de atrasar el juego, la propuesta es que encendamos y grabemos algunos videos de nuestros swings. Obviamente, que la cosa será más entretenida si lo hacemos entre jugadores amigos, pero consideremos lo siguiente:

Mientras cada golfista que compone la línea se prepara, adopta su stance, realiza dos o tres swings de práctica y finalmente ejecuta su tiro (de cualquier hoyo y sitio), existe un tiempo ‘muerto’ en los acompañantes que esperan por su turno, que podría aprovecharse para que alguien encienda su “Smart-Phone” y registre esos segundos de ejecución.

Si bien podríamos grabar cualquier ejecución, el mejor sitio de espera de todos los jugadores (antes que se dispersen en búsqueda de sus propias pelotas) es en el tee de salida de cada hoyo, aunque eventualmente también existan otras oportunidades donde algunos estén lo suficientemente cerca -uno del otro- como para ‘filmarse’…

En principio, estas acciones no deberían producir ningún atraso, ya que no estamos cargando más segundos a la espera y preparación de cada tiro.

Una buena recomendación sería, designar de antemano a un responsable por ‘filmar’ las acciones, preparado y enfrentando al ejecutor -como si fuese un profe frente a su alumno- a una distancia lógica.

La siguiente propuesta (aunque sea ridículo, vale aclararlo) es que no haya segundas ni terceras tomas del mismo cuadro. La idea no es transformar un partido de Golf en un set de filmaciones.

Es decir, se graba ‘la toma’ tal y cual salió, sin posibilidades de repetición, aunque en realidad si lo analizamos, tendremos tantas oportunidades de registro como de golpes que realicemos en los 18 hoyos… (Si hay alguien cerca que desea hacer de filmador y no le agregamos tiempos a la ejecución).

Pienso que lo óptimo sería tomar sólo 4 o 5 escenas ‘claves’ de nuestras habilidades: 1) El swing de salida de algún hoyo; 2) un swing del 2do. tiro desde el fairway; 3) uno desde el rought; 4) otro desde un bunker, y si realmente hay tiempo… 5) alguno de ejecución del Putter. Ya está, con eso podremos trabajar mucho en nuestro swing (y pasarla bien).

Si luego de finalizar el juego, tranquilos (solos o en grupo de amigos) tuviéramos la posibilidad de “ver” fríamente lo que hizo cada uno, en cada oportunidad ‘clave’ y en sus distintos tipos de swing, no sólo nos divertiríamos, sino que además aprovecharíamos cada circunstancia para aprender más sobre nuestros errores, que seguramente advertiríamos con mayor facilidad a través de un video casero, que lo único que pretendió fue registrar con naturalidad cada ejecución.

Ya me imagino los preparativos del grupo de golfistas… vayan preparados este fin de semana para realizar algo distinto y divertido, con el valor agregado que cada uno le quiera poner a su nueva forma de aprender mirándose a sí mismo…

Buen Golf, pásenla bien y que lo disfruten todos.

Marcelo H. Barba

Publicado: 26 noviembre, 2019 - Por admin - Leer mas...


Los Temas a Evitar

Marcelo H Barbajugadores-golf

 Puede que tengamos la suerte de jugar juntos con nuestros amigos y compañeros de siempre… o no. En cuyo caso, tendremos la oportunidad de compartir nuestra experiencia con otras personas que recién allí conoceremos.

 

Normalmente uno sigue el protocolo de la educación y del respeto, comenzando por presentarse y saludar amablemente a quienes luego serán nuestros acompañantes durante los próximos 18 hoyos, inclusive intercambiando las tarjetas de score entre los jugadores. Leer más …

Publicado: 20 noviembre, 2019 - Por admin - Leer mas...


Hice lo que pude… Dedicado a las Chicas

 

 Marcelo H. Barba

Después de explicaciones, idas, venidas, profesores… e instrucciones, no me quedó otra que abdicar en mi intento de convencerla para que jugásemos juntos.

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En realidad hice un esfuerzo y hasta conseguí un buen profe, pero como a mi esposa no le atraía el Golf era casi imposible persuadirla, sobre todo, por lo que significaba su decisión en términos de compromisos horarios, de prácticas y algunos cambios de hábitos (alejarse un poco de sus amigas precisamente los fines de semana, cuando podíamos dedicarle horas a la práctica y al juego).  Leer más …

Publicado: 13 noviembre, 2019 - Por admin - Leer mas...


Ni lo pienses… ó te caes.

Hace unos días miraba la tele. Mientras hacía ‘zaping’ para encontrar Golf, me puse a observar con detenimiento a un equilibrista en su riesgosa caminata. Un tipo súper concentrado caminando sobre un cable a más de 15 metros de altura (creo…).

Este acróbata hacía algo muy claro para no caerse, no observaba nada que no fuese el punto de llegada. Nunca miró hacia atrás ni para abajo. Quizás ello lo hubiera sacado del ‘trance’ en el que estaba, con el consecuente peligro para su vida. Leer más …

Publicado: 6 noviembre, 2019 - Por admin - Leer mas...


Cómo ganar algunos golpes…

 

Marcelo H. Barba

En realidad no existe una receta mágica para ahorrarnos golpes en un partido de Golf; en todo caso se trata de respetar un conjunto de situaciones que pueden ayudarnos muy positivamente a lograr ese objetivo.

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Mis pensamientos y convicciones me llevan a pensar que todo, en definitiva, se trata de nuestra actitud es decir, de querer y de proponernos a nosotros mismos cambiar en algo para obtener otra cosa diferente.

Obvio que la pregunta que sigue es: ¿en qué deberemos cambiar o qué cosa deberíamos cambiar?

Para ahorrar golpes en nuestras ansiosas vueltas de Golf de los fines de semana (para sumar 5 golpes menos, siendo conservador), podemos iniciar la lista por aquí:

a) Comencemos a jugar a partir de las 10 de la mañana. Entre dicha hora y el mediodía es el mejor horario para una serie de circunstancias que nos beneficiarán en el ahorro de golpes.

La explicación más simple es que a esa hora no nos encontraremos con humedad excesiva en el pasto. El piso mojado por el rocío, se irá secando a medida que el sol caliente la tierra. Parecerá obvio, pero cualquier cosa que ruede sobre un pasto seco rodará más que en el mojado… y ni hablar de los greens, porque allí experimentaremos todas las sensaciones de la humedad, desde la pelota que pica, se hunde, corre poco y siempre nos quedamos cortos del hoyo; hasta el otro extremo (según avanza la mañana) donde la veremos rebotar como picando sobre un tambor y deslizándose como si fuera por encima de un vidrio cuando todo está seco y caliente…

Por último, el hecho de salir a jugar más tarde nos dará la posibilidad (no despreciable, por cierto) de dormir y descansar unas horas más, esas que a veces necesitamos y no podemos disfrutar en nuestra cama. Podremos tomarnos un buen desayuno, en lugar de salir apurados con un café en la boca, y alimentarnos un poco mejor para sostener las energías que necesitaremos.

Llegar descansado a la cancha de Golf nos otorga un “hándicap” por sobre quienes comenzaron hace tres horas al amanecer, que supuestamente estarán mal alimentados, casi vestidos con sus pijamas y en pantuflas…

b) Si a pesar de todo insistimos en despertarnos con los primeros rayos del sol, o nos echan de la cama… tampoco salgamos a la cancha temprano. Aprovechemos la ocasión para practicar unas 30/50 pelotas en la zona de práctica. Eso nos aflojará el chasis, las articulaciones y nos dará una primera sensación de juego antes de poner nuestra pelota sobre el tee del 1.

c) Una vez parados sobre el tan esperado tee del 1, aquel que nos terminará de despertar con una bofetada de realidad, haciendo que nuestros primeros tiros sean despreciables… mi consideración entonces, para ahorrarnos otros golpes adicionales es simple: Olvidémonos del Driver por un rato.

Observemos más detenidamente nuestra bolsa de palos y escojamos cualquier otro que no sea el driver, a pesar de que tengamos frente a nuestros ojos un tremendo y largo Par 5… Sin miedo, tomemos nuestro hierro 7 (es un ejemplo) y ejecutemos un humilde tiro de 130 yardas, que no es tanto pedir.

Si todo funcionó como pienso… la bola habrá aterrizado en el medio del fairway sin ningún problema adicional (de esos que suman multas por irse al agua, por fuera de los límites o a un hermoso y húmedo bunker).

Mientras vamos entrando en calor y comenzamos a sentir las sensaciones del Golf, miremos al resto de los acompañantes (los que irónicamente se asombraron cuando nos vieron ejecutar la salida con un hierro). Ahora disfrutemos en silencio los destinos aventurados de cada cual, pero ni hagamos una mueca, sólo pensemos en que nos ahorramos un golpe… y apenas comenzó la vuelta.

Lo que sigue, dependerá de nuestro ánimo que seguramente estará mejor que al comienzo; de la distancia del hoyo y de las ganas que tengamos de pegar un hermoso 2do golpe con nuestra confiable madera 5 o 7…

d) Hace calor… hidratémonos. Aquí no hay secretos ni alternativas.

Llevemos siempre una bebida y tomemos un par de tragos cada 20/30 minutos, aunque no sintamos sed. Es fundamental estar hidratado para lograr una buena concentración. Cuando aparece la sensación de sed lamentablemente es tarde… y si la cosa avanza en esa dirección, en minutos más tendremos más ganas de tirarnos debajo de un regadero que de pegar un buen tiro.

e) Caminemos ágilmente, pero saquemos de nuestros bolsillos cualquier cosa que haga ruido (llaveros, monedas, etc.), apaguemos el celular o pongámoslo en modo vibrar y pidámosle a nuestros acompañantes que hagan lo propio. Pensemos más, detengámonos y observemos un poco más de lo habitual antes de ejecutar el tiro, luego volvamos a caminar ágilmente. Mantenerse activo en una caminata ágil impedirá la pérdida de calor en nuestros músculos y eso, es otro secreto importante para cuando estemos pegando y necesitemos potencia.

f) Hagamos un paso ‘frugal’ por el bar del hoyo 9. Una fruta, una bebida, una visita al baño y nos vamos. Evitemos un encuentro sibarita con los amigos de siempre y cambiemos en algo nuestra costumbre en ese sentido… cuanto más comamos, más tardaremos en digerirlo; nuestra sangre estará distraída ‘allá abajo’ tratando de resolver cosas del cuerpo en lugar de irrigar y mantener concentrado a nuestro cerebro.

g) Existe un ejercicio mental importante para no arrastrar nuestras miserias al próximo hoyo y seguir así, de hoyo en hoyo, recordando lo mal que nos fue, perdiendo la concentración de lo que vendrá y lo que está por resolverse en el presente. Practiquemos el mecanismo de hacer de cuenta que justo recién ahora comenzamos a jugar (aunque estemos por salir del hoyo 6, no importa); borremos el mal recuerdo inmediato a como dé lugar, pongamos nuestra cabeza en blanco y pensemos que acabamos de comenzar el partido.

h) El ahorro se pone sabroso (el ahorro de golpes digo) sobre el mejor lugar del campo: En el Green…

A esta altura de los acontecimientos, supongo que todos los que nos consideramos medio fanáticos le habremos dedicado unos cuantos minutos de práctica al putting-green, intentando tomarle la mano a las velocidades del pasto y a identificar cómo estamos de precisos con nuestra puntería. En lo personal, considero que invertir ese tiempo de práctica antes de salir a jugar evitará que nos sorprendamos cuando nos enfrentemos al Green verdadero del primer hoyo (aunque convengamos y coincidamos, en que no todas las zonas de ‘putting’ de los clubes se asemejan a los verdaderos greenes que posee el campo).

Digamos otra vez -como lo leímos y nos lo dijeron tantas veces- que tenemos que recurrir inexorablemente a una rutina confiable que nos permita: marcar y limpiar la pelota; observar lateralmente si sube o baja la línea; ídem para los costados tratando de ver si cae a la derecha o izquierda; hacer un ‘putt-swing’ de práctica para medir la potencia que le daremos; en fin, hasta podríamos incorporar la rutina de acomodarnos los calzones tal como lo hace el tenista Nadal antes de ejecutar su saque.

Lo importante de todo esto, sobre el Green, es no innovar. Tomemos nuestro putter como lo hicimos siempre y peguemos como pegamos siempre. Lo remarco así, porque si queremos ahorrarnos golpes, las prácticas de nuevas posiciones, golpes, grip de las manos, etc., deberíamos hacerlas antes y sobre un Green de práctica.

Cualquier cosa que nos distraiga o nos saque de concentración, debería ser una alarma interna que nos indique que deberemos revisar todo nuevamente, no toda la rutina, sino los ángulos, direcciones y potencia del golpe.

Si tenemos dudas de nuestra potencia (un factor generador de golpes adicionales) nunca, jamás, nos quedemos cortos del hoyo, es decir, es preferible pasarnos y volver, que frustrarnos por no haber llegado. Para aquellos casos en que la pendiente sea a favor del hoyo y nuestra pelota se encuentre por encima del mismo, hagamos de cuenta que el hoyo está una palma más cerca de la pelota de lo que realmente está.

Otro consejo práctico muy útil, es observar a los demás. Aunque parezca una tontería, el hecho de mirar y analizar la rodada y caída de cada uno de los tiros que nos preceden, nos ayudará a calcular nuestras variables. A veces vemos a golfistas que se apuran por ejecutar primero que otros, otras veces los vemos distraídos sin prestarle atención ni a la velocidad de caída que tienen ciertos tiros difíciles, en fin… como dice el refrán “Mirando se aprende mucho” aquí es 100% aplicable pero reformulándolo diría: “mirando al Green nos dejará conocer algunos de sus mil secretos”.

Cuando subimos al Green y aún persiste la humedad y rocío de la mañana, en su superficie hallaremos otra señal… allí habrán dejado sus imperceptibles líneas de rodada los golfistas anteriores a nuestra línea; y esas sutiles marcas podrán ser de gran ayuda para rectificar alguna de las caídas y potencias que originalmente nos imaginamos.

A bajar esos golpes de más y mis deseos de excelente Golf para el fin de semana.

Marcelo H. Barba

 

Publicado: 24 octubre, 2019 - Por admin - Leer mas...


Y ahora… para Seniors (por no decir ‘viejitos’)

 Marcelo H Barba

Notas atrás, compartimos sugerencias y experiencias relacionadas con buenos profesores, profesionales y algunos consejos para quienes se iniciaban y hacían sus primeras salidas al campo de Golf.

Unknown

Ahora intentando un equilibrio, hablaremos de los mayores, de quienes ya transitaron y acumularon sensaciones y están en la otra punta de la recta; de ese largo camino que emprendimos y aún estamos transitando con la ilusión de no terminarlo nunca.

En ciertas ocasiones, sea por temas de salud, de los huesos y articulaciones y de esas malditas cosas que se gastan… se nos hace difícil mantener una frecuencia de juego mensual. Quiero decir, ir los cuatro fines de semana, o los cuatro sábados del mes o quizá sólo algunos domingos. Y ello sucede, porque de lunes a viernes no hay tiempo suficiente para reponernos al 100%.

Entonces… nos ungimos con cremas mágicas ‘anti-algo’ o nos tragamos un par de pastillas ‘potentes’ que ayudan a tapar los malestares, pero lamentablemente nos afectan otras partes del organismo. Qué lucha señores…

Mientras viajo rumbo a la cancha (porque a pesar de los achaques sigo insistiendo) en un sábado primaveral y radiante, voy pensando en prepararme mentalmente, es decir, aceptar sin tanto tormento y con más de sabiduría, que estos episodios de salud –inevitablemente- se presentarán con alguna frecuencia y habrá que aprender a convivir con la patología. Otras opciones no tenemos…

Más allá de aceptar (a veces no tan dócilmente) que uno va perdiendo algo de potencia y distancia, confieso que también algunos días no logro completar 18 hoyos… pero eso no es molesto; al contrario, me retiro bastante bien y entero en el bar del 9… prefiero abdicar ahí que cargar con dolor de rodillas por un par de días; además, el bar es el punto más cercano al vestuario…

A pesar de ello me siento un tipo feliz… Por el placer de estar en contacto con la naturaleza; por la alegría de compartir el Golf con mis ‘infaltables amigos de siempre’; por seguir practicando este ‘vicio’, que ni me obliga a ser mejor, ni más rápido ni competitivo con nadie, sólo a estar atento con el campo que circunstancialmente deseo conquistar, haciéndole algunos pares (y si se distrae… algún birdie).

Todo es un proceso y lo acepto como parte de los cambios que va sufriendo nuestro cuerpo. Sería necio no hacerlo. Doy gracias que la mente (gracias a Dios) no se deteriora a la misma velocidad que el físico, porque de otra forma ni sabríamos quiénes somos ni a qué vamos al Golf.

Uno se resiste un poco y todavía piensa que sus músculos, nervios y huesos seguirán respondiendo inmediatamente a las órdenes que les envía el ‘coco’, pero la realidad es que reaccionarán más tarde o quizás más débilmente.

Pero en todo caso, pensemos que siempre hay alternativas.

Tanto como aquel novato, que oportunamente necesitó ayuda de un buen tutor o profe, que lo guiara en su crecimiento, resulta que… ahora nosotros… también requeriremos un apoyo profesional (es lógico y natural) para adecuar nuestro juego al cuerpo (¿o será el cuerpo al juego?) y a esos elementos que siempre utilizamos desde hace tantísimo tiempo y jamás pensamos en adaptarlos.

Desde mi punto de vista, existen dos aspectos (o tal vez más…) por el que deberíamos encontrar alguna solución:

  1. Desde el Físico y la Mente: Si bien es un tema personal, no obstante, cada uno sabrá cómo se siente con su cuerpo, si lo cuida lo suficiente; si se alimenta correctamente; si necesita alguna visita al médico, con análisis clínicos, dietas, refuerzos vitamínicos, etc.; ya sea para mantener o recuperar su estado y rendimiento físico; pero siempre, dependerá mucho de la atención que le demos a las ‘alarmas’ internas que recibimos y nos alertan de alguna rápida “entrada a boxes”, como en la F1…
  2. Desde nuestros palos: Este punto en particular no depende de nosotros, o por lo menos no tanto; porque estaremos limitados a opinar y transmitir esas nuevas sensaciones que experimentaremos, cuando nos hagan probar otras alternativas más adecuadas a nuestras posibilidades ‘reales’.

Serán los profesionales (con sus propias metodologías y elementos) quienes en definitiva nos midan y recomienden algún cambio, como por Ej.: bajar la dureza de varillas de los palos, porque ‘antes’ usábamos varas muy rígidas y ahora (con nuestra velocidad de cabeza de palo) necesitaremos durezas menores y flexibles para sacar el máximo rendimiento a cada golpe.

Obvio… también nos ofrecerán sus consejos para corregir aquellos movimientos erróneos o viciosos que (en un 99% de los casos) sin quererlo, fuimos adquiriendo e incorporando para corregir o creer que así eliminábamos ciertas debilidades.

Cuesta un poco, pero en definitiva hay que aprender a ‘escuchar’ lo que nos dice el cuerpo…

Estamos a tiempo de tomar buenas decisiones con pocos ajustes técnicos y eso nos dejará más satisfechos con los resultados que obtengamos.

Tampoco dejemos de visitar dos sitios: el consultorio médico y la tienda de Golf especializada en “Fitting”, ya que en esos dos lugares seguramente encontraremos soluciones para adecuar y sintonizar nuestras nuevas fortalezas.

No escapamos… ni en la etapa de comienzo, ni en la del final… así es el Golf y será difícil prescindir de la ayuda especializada.

Que tengan un magnífico juego y ojalá puedan ser 2 o más en el mismo mes… (ojo, somos mayores y sólo me refiero al Golf).

Pero no dejen de verse, como todas las semanas, con los amigos de siempre..!!

Hasta la próxima.

Marcelo H. Barba

 

 

 

Publicado: 8 octubre, 2019 - Por admin - Leer mas...


¿Qué pretendes del Golf…? (O: Cómo se reacomodan nuestras exigencias…)

Marcelo H Barba.

Eran los años del ‘comienzo’. Recuerdo que ese día estaba enojado, no creía el pésimo tiro que acababa de realizar… El profe me detuvo a punto de patear la bolsa y me dijo:  _Marcelo, ¿qué pretendes de tu Golf…?

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Mientras lo miraba tratando de comprenderlo, justo cuando iba a contestarle algo…  ‘Alfredo’ siguió:

_Perdón, te lo pregunto porque hace casi un año que lo juegas y quisiera saber si tengo que adaptarme o reconsiderar algo de lo que te enseño… Si me respondes que deseas ser un golfista que no cometa errores, ni quieres pifiarla y terminar sancionándote como si fueras un aprendiz de profesional, tendremos que hablar algo más…

Me calmé, tomé agua y le contesté que esa no era mi idea. Ahí comenzó un diálogo interesante que intentaré recordar y transmitir para su propia regulación de nervios y expectativas, que obviamente son lógicas ante situaciones parecidas. De esta anécdota ya pasaron casi 25 años…

_Antes que nada –dijo- hablemos y reconozcamos algunas ‘limitaciones’.

_Primero, recién estas aprendiendo. A entender al Golf. Ya hablamos y sé que no vives ni te alimentas del mismo, ni creo tampoco que lo hagas en el futuro. Por el contrario, vives de tu trabajo en la oficina y sólo lo practicas los fines de semana, con algún día excepcional entre semana si tus tareas lo permiten… ¿es así?”

Obviamente asentí y me quedé esperando más.

_El segundo punto, limitante aunque no condicionante, es que en 2 años cumplirías 40. Pero a pesar de no haberte formado desde joven en esta disciplina, creo que como todo ‘adulto’ que decide ingresar al Golf podrás pasarla bien, divertirte y jugarlo correctamente. Eso te lo aseguro.

_Por otro lado, no te ofendas, pero no observo cualidades deportivas que me hagan pensar que eres un diamante en bruto, un Tiger ‘tapado’ que nadie descubrió hasta ahora… con lo cual, si realmente deseas probar si puedes convertirte en profesional, me animo a acompañarte en tu ilusión y, con mucho trabajo y horas de dedicación (entre 6 y 8 por día, durante el resto de tu vida…) veremos qué sucede. Pero sinceramente… no creo que sea tu objetivo. ¿Qué pretendes lograr con tu Golf…?.

Todo eso me sonó duro, pero fue tan útil y real que me acomodó la estantería… Se lo agradecí a través de los años.

Esa charla tenía más de un objetivo. Como dije, pasaron más de 25 años y sigo jugándolo, practicándolo y aprendiendo sin olvidarme que en Golf, no es conveniente ni produce beneficios auto-flagelarnos por jugar mal, del mismo modo que cuando estamos aprendiendo y pensamos (en algún momento) que logramos dominar tal o cual tipo de golpe, porque nadie se explica el motivo por el cual, en el siguiente hoyo… la pifiaremos haciendo lo mismo que antes salió perfecto.

El profe me prestó un video de profesionales famosos cometiendo errores. _No obstante, lo más interesante que quiero que veas –dijo- es lo que le sigue inmediatamente a las malas ejecuciones. Observa bien los tiros de recuperación. Ellos aprendieron a borrar de su mente el error y crean un excelente tiro para dejar su pelota sobre el green. Alucinante.

En la misma línea enigmática hay que detenerse y tratar de explicarse el motivo por el cual, el mejor profesional que ganó un torneo, en el siguiente encuentro ni siquiera puede pasar el corte clasificatorio. ¿Cómo se entiende…? ¿Tiene acaso alguna lógica?

_Piensa que estos profesionales se dedican sólo al Golf, todos los días de su vida y varias horas cada día; que están siendo apoyados y en parte presionados, por sus sponsors con muchos miles de dólares para que trabajen de eso y sean exitosos. Practican inclusive antes y después de cada torneo y a pesar de todo, cometen errores. Este es otro de los enigmas del Golf. Jamás nadie podrá decir que llegó a dominarlo, diría que ni siquiera te animes a pensarlo, porque justo en ese momento caerás por un tobogán hasta el piso.

Quizá la quimera más buscada por cualquier ‘alquimista’ del Golf, sólo se reduce a esta frase: “Lograr Regularidad”.

Todo me encajaba en la lógica y la razón; necesitaba tiempo para digerir cada palabra de esa charla, pero aun así, entendí que mi único y humilde objetivo (el humanamente cumplible) era pasarla bien y divertirme; sin dejar de lado la natural sensación y ganas de superación que todos traemos, es decir, que más allá de disfrutar también era aceptable que quisiera jugar cada vez mejor, bajar mi hándicap y sentirme reconocido… pero ¿hasta qué nivel sería lógico exigirme…?

Esta respuesta también me la brindó Alfredo, fue simple:

_Así como te observo jugando y con el nivel de compromiso que le dedicas, creo que comenzarás a bajar tu hándicap y a ganar algún torneo; me animo a decir que el año próximo tus ‘28’ golpes se irán reduciendo hasta los ‘20’ o menos. Pero, a partir de allí te diré algo importante…

_Te darás cuenta que tu “zona de confort” se instalará cerca de los ‘18’, ya que contar con un golpe más en cada hoyo es genial, pero también verás, que esforzarte para bajar dos o tres golpes adicionales y mantenerte entre 15 / 16 de hándicap, te costará más horas de dedicación (que hoy no tienes) y no te dejará divertir tanto…

Todo me parecía profético. Hoy testifico que en realidad fue profético.

A muchos años de distancia de aquel diálogo me considero un golfista feliz, que se divierte muchísimo y que no perderé el sueño por firmar una tarjeta de más de 100 golpes (confieso que entre amigos -a veces- ni las llevamos), pero a esta altura de los años sabemos muy bien cuándo hacemos pares o dobles boogies… y en mi mente aún siguen contando esos 18 cómodos de hándicap que seguiré conservando por siempre. Algunos podrían pensar que estoy a favor de la indulgencia, del conformismo o de la resignación con uno mismo; pero al contrario voto por la lógica, la razón y mi sensación de felicidad y disfrute. Piénsenlo…

El otro cambio que me costó incorporar (aunque todo llega), es que a cierto nivel de la vida, más crecidos digamos, con más responsabilidades laborales, con demandas de familias que atender por el ‘Papi…’ (sí, aunque los hijos tengan 40 años…), más el tiempo que obligada y naturalmente debemos dedicarle a los amigos y actividades sociales –no golfistas-hicieron que comenzara a pensar distinto, para entender más conscientemente el cambio que se iba produciendo en mis sensaciones de juego…

Me refiero a las ganas de competir y de ganar, por las que todo amateur atraviesa cuando practica y ejercita su deporte (humildemente hablo de las pequeñas competencias que se dan dentro de un Club). Decía que sin ser tan consciente del proceso, finalmente terminé adoptando un cambio positivo. El de “Competir” por el de “puro disfrute”.

A todos nosotros, más temprano de lo que creemos, nos llegarán los días de sentir más placer por compartir una buena caminata y circunstancial juego de Golf entre amigos, en un hermoso campo a puro sol, estirando las horas que podamos conseguir y paladeando una buena cerveza al final, que jugar para ganar una medalla o premio en cualquier torneo porque ya pasamos esa ‘etapa’. En estos tiempos nos resultarán más gratificantes los instantes de puro disfrute que cualquier otro evento competitivo.

¡Gracias Golf…!!!

Si no lo han hecho ya, pregúntense internamente: ¿Qué pretendo de mi Golf…?, y sean francos con sus respuestas.

A partir de ese acto de sinceramiento, les pronostico mejores momentos con los amigos de siempre (y con uno mismo) y como siempre, les envío mi deseo para que compartan un buen encuentro de Golf…

Marcelo H. Barba

Publicado: 1 octubre, 2019 - Por admin - Leer mas...


S.O.S. UN PROFESOR POR AQUÍ, POR FAVOR…!!

Marcelo H Barba

(Continuación de “La importancia de un buen Profesor”)

Días atrás compartimos unas líneas relacionadas con los recuerdos y la necesidad de contar en algún momento de nuestra formación, con la asistencia de un buen profesor.

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Me había comprometido en continuar con este tema para compartir, más que nada, mis propias experiencias y ofrecerlas para quienes quieran aprovechar algunos ‘atajos’ y ahorrarse unos dineros…

Comenzando con esta 2da parte, voy a ser sincero y decirles que no se puede aprender Golf sólo tomando clases, aunque lo hagamos con el mejor profesor del mundo. Eso es –solamente- una porción del aprendizaje.

Así como alguna vez tuvimos la oportunidad de enfrentarnos a un simulador (de avión, moto, automóvil o de Golf) e intentamos entender y comprender cada uno de los comandos que aparecían frente a nuestra vista, no podremos decir que dominamos ninguno de esos dispositivos virtuales, si además, nunca tuvimos la posibilidad de realizarlo “en vivo”, es decir, sentarnos frente a un auto real (por Ej.) y probar cómo funciona cada uno de los elementos que supuestamente aprendimos en las clases ‘virtuales’.

Pasa lo mismo cuando deseamos asimilar otro idioma. Del mismo modo también, será complicado aprenderlo y dominarlo, si solamente lo hacemos a través de los libros, de un profesor y de algunos videos. Inevitablemente necesitaremos “el vivo”, es decir, convivir algún tiempo con las personas y en el mismo sitio donde se desarrolla y se utiliza el idioma que intentamos aprender. De otra forma y con mucha suerte nos convertiríamos en expertos teóricos que sucumbirían ante el primer diálogo real…

No se aprende Golf con ningún libro, ni revista especializada, ni memorizando todas sus reglas; ni tampoco mirando los cientos de videos de los mejores profesionales, desde que comenzaron a jugarlo.

Pero todo lo anterior irónicamente, resulta indispensable para entenderal Golf… no obstante, no es suficiente…

En primera instancia recurriremos a nuestros ‘amigos-golfistas’ y quizás también a nuestro primer instructor de Golf, el que con dos o tres sesiones nos enseñará lo básico como para impactar decentemente una pelota, en un sitio de práctica razonablemente adaptado, con una coqueta alfombrilla para pararnos y colocar nuestras pelotas sobre un ‘tee’; frente a un balde de 50 o 100 pelotas duras, abolladas y lastimadas por miles de golpes. Y con eso pensaremos que ya está…

Luego de una larga ‘temporada’ en esos Driving de práctica, simulando al Golf, hasta podríamos llegar a convencernos de haber conocido y podido dominar algunas técnicas y golpes… Y no está nada mal que así sea.

Pero en algún punto de nuestra ‘capacitación virtual’ llegará el día… más temprano que tarde y no podremos contener nuestra ansiedad. Entonces, saldremos a recorrer un campo real de Golf por 1ra vez, obviamente con alguien que nos apadrine y franquee el acceso. Que esté dispuesto a pasar un inolvidable día junto a nosotros.

A ese punto de nuestra instrucción seguramente seremos poseedores de una hermosa bolsa, de un set de palos, de nuevos y lustrosos zapatos, muchas pelotitas, una vistosa gorra, guantes y demás atuendos que el ‘protocolo’ nos contagió. Así estaremos dispuestos –sin dormir- desde la noche anterior para hacer el debut tan esperado…

Llegó el momento. Ahora pondremos a prueba lo que aprendimos, enjaulados y practicando en un Driving que jamás borraremos de nuestra memoria. Pero… Casi inmediatamente nos enfrentaremos a la realidad.

Nada de lo que supusimos que funcionaría lo hará como pensamos. Habrá pasto real bajo nuestros pies, viento, sol, humedad, barro, gente jugando y otras tantas más mirándonos en el tee del 1… (y eso nos hará sentir fatales)

Apoyaremos la pelota, listos para iniciar el hoyo 1 y luego de dos o tres swings de práctica -o de nuestro mejor revoleo artístico del drive- impactaremos la bola (hacia algún lugar del Planeta…). Nos invadirán unas irresistibles ganas de irnos antes de seguir recorriendo el campo, pero gracias a la calma que nos transmitirá quien nos acompañe, terminaremos de convencernos de seguir avanzando hacia el green, preocupándonos por no realizar más de 14 ejecuciones para meterla en el hoyo-1.

S.O.S…!!!  ¿Qué hicimos mal? ¿Qué cosa nos faltó…? ¿Estuvimos aprendiendo Golf, o acaso qué…?

Todos los comienzos en general se presentan algo traumáticos… tal vez, esa sensación sea en definitiva el ‘incentivo’ que necesitamos para comprender mejor lo que sigue.

Entender la necesidad de ser asistidos por un Profesor, a diferencia de aquel valiente instructor que oportunamente nos dio acceso a las primeras herramientas.

Y aquí viene lo importante:

Cuando tomemos la decisión de recorrer un campo real junto a un Profesor, este buen profesional comenzará por cuidar mucho nuestro aspecto mental, anímico y el fortalecimiento del amor propio. ¿Cómo lo hará…?

Pues bien, nos acompañará pacientemente en los días y horarios donde prácticamente nadie juega y la cancha parece estar a nuestra entera disposición, sin presiones ni miradas, sin tiempos perentorios, sin público… tomándonos los tiros que necesitemos cada ocasión que ejecutemos, pisando y sintiendo una verdadera cancha de Golf bajo nuestros pies.

Nos ayudará a seleccionar el mejor palo para la salida de cada hoyo, a interpretar los carteles que indican (en cada tee) las distancias y dificultades; a tomar un buen ‘stance’ de acuerdo al nivel del piso de la salida; a incorporar las 1ras sensaciones de distancia y de potencia para conocer mejor lo que puede ofrecernos cada palo de la bolsa, en fin, hasta llegaremos a enfrentar las situaciones más clásicas para entender la correcta aplicación de reglas y multas, sea por sacar la pelota de límites, por hundirla en un lago, por aterrizar en un bunker y por dejarla –por Ej.- pegada al tronco de un árbol que justo está en línea con nuestro objetivo.

Mientras vayamos caminando juntos, golpe a golpe (como dice Don Serrat), también aprovecharemos esos imperdibles minutos para fortalecernos en cuestiones relacionadas con la ética y cortesía, dialogar sobre las situaciones donde deberíamos ceder el paso a quienes juegan atrás, respetar el honor de las salidas en cada tee de cada hoyo, así como el turno de ejecución en el campo y sobre el green… y mil cosas más que solamente incorporaremos a nuestro saber, si lo hacemos en compañía, en paz, tranquilidad y la belleza que además nos transmite este ejercicio de recorrer un campo.

No recuerdo bien ni puedo precisar cuántas fueron las veces que realicé estas experiencias con mi Profesor; no obstante, tengo la imagen clara de la 1ra vez que participé de un juego real, con otros jugadores, en una cancha hermosa, con mucho público… mis sensaciones de ‘inicio’ no fueron (tan) traumáticas y hoy reconozco que cuando enfrenté el tee del primer hoyo estaba mejor preparado y mentalizado, como si estuviera con mi Profesor…

Les aseguro que cuando iba a ejecutar mi 2do golpe ya no tenía mariposas en el estómago, ni sensaciones de temor y mi amor propio habían mejorado… a pesar de haberla enviado al rought con un asqueroso ‘slice’ (que luego, con el tiempo y esfuerzo pude aceptar y luego domar).

De aquellos primeros momentos a hoy, han pasado años, no obstante recuerdo y rescato la esencia de un mensaje claro que proviene de mi viejo Profesor: “Tienes que tomar la valiente decisión de salir a una cancha real. No es bueno pasar tantas horas simulando en un sitio de práctica; y del mismo modo, aceptar mansamente que para crecer bien (en experiencias de Golf y en otras cosas de la vida) a veces necesitamos de la ayuda de un tutor, como esos que les ponen a las plantas para asistirlas en sus primeros meses de crecimiento…”

Más adelante seguiremos compartiendo algunas anécdotas divertidas y consejos, que alguna vez recibí y me han dado muchas satisfacciones en la vida y el Golf, aunque aun (irónicamente) no me considere buen golfista. Intentaré traer un tema interesante y polémico: “¿Qué pretendes del Golf…?”

Buen fin de semana para todos, junto a sus amigos y quizá…  esta vez acompañados de un Profesor.

Marcelo H. Barba

Publicado: 24 septiembre, 2019 - Por admin - Leer mas...


Pensar en Golf… y sin hablar.

 

Marcelo H Barba

Mientras jugamos, probablemente hacemos cosas que son incompatibles con las metas que nos fijamos. ¿Verdad…?

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Esto es cuando queremos jugar bien y tener un buen score, pero no somos consecuentes con nuestras actitudes ni contribuimos mínimamente para que podamos lograr nuestro objetivo. Leer más …

Publicado: 19 septiembre, 2019 - Por admin - Leer mas...


La importancia de un buen Profesor

Marcelo H Barba

Cada golfista que lea esta nota, recordará quién o quiénes fueron sus mentores en esta disciplina; lo hará con respeto y con cariño, por haber sido personas tan nobles, pacientes y perseverantes que modificaron positivamente parte de nuestras vidas.

Unknown

Con las clases de Golf pasa algo interesante…

No todos los golfistas están dispuestos a ‘invertir’ parte de su tiempo y algo de su dinero en este compromiso. O se manejan de una forma ‘autodidacta’ o prefieren tomar clases guiados por un profesor sólo cuando no quedan opciones, sea para corregir un vicio, error o reeducar algún músculo averiado…

Con los años (le encontré una cosa buena a mi edad…!) diría que me resulta más fácil identificar a quiénes se formaron con o sin la ayuda de un buen profesor, ya sea por la ortodoxia en el estilo de su swing; del grado de precisión de sus ejecuciones o por el respeto y conocimiento de reglas básicas, sobre todo las de respeto y cortesía.

Mi primer profesor (tuve la suerte de encontrar a uno excelente) cuando lo conocí, luego de mis primeras consultas sobre el costo y la cantidad de ‘clases’ que necesitaría para jugar bien al Golf, lo primero que me dijo fue que él no enseñaba Golf en 20, ni 30, ni en 100 clases… que tampoco me garantizaría que jugase bien en el futuro; y que él mismo, con sus setenta y pico de años, hoy seguía aprendiendo Golf cada día de su vida…

Aprender Golf tiene un sentido que va más allá de conocer las técnicas. Lo primero que uno se imagina es lo básico: cómo pararse, cómo tomar el palo, cómo subirlo y bajarlo, en fin…; también creemos que deberemos estudiar una larguísima lista de reglas, que irónicamente jamás entenderemos mientras nunca lo juguemos; etc., etc.; pero lo que nunca aprenderemos solos, sin la ayuda de un buen profe, es su ‘esencia’, su forma de entenderlo, vivirlo y compartirlo.

Mis recuerdos del profesor que me educóen Golf, un ser inolvidable por sus enseñanzas (que no se relacionaban tanto con el Golf), el que más arriba dije que a sus 70 y pico de años continuaba aprendiendo…, cuando me presenté y nos conocimos, comenzó a estudiarme más profundamente. Era un señor profesional en todos los aspectos (en su juventud hasta llegó a ser caddie del gran maestro Roberto De Vicenzo).

Rápidamente supo entender mis fortalezas y debilidades, sin decirle nada y con sólo observar mi primer intento de swing se dio cuenta que ‘venía del tenis’; me consultó sobre mi vida, qué hacía, a qué me dedicaba y qué pretendía con el Golf; durante muchos meses de instrucción también compartimos anécdotas de ambas familias, historias de un Golf que no conocí sino a través de relatos y viejos escritos, donde él fue un buen protagonista y mejor referente; hablábamos de sabrosos vinos, de raras comidas y de momentos de la vida divertidos y de los otros, los que dejan sabor amargo…

Me aconsejaba desde la humildad y por sobre todas las cosas desde el respeto por la gente, por este maravilloso deporte y por el cuidado de la naturaleza y esplendor que cada campo nos regala en cada ocasión que lo practicamos.

Al principio creí que estaba perdiendo el tiempo (y mi dinero), pero a las pocas clases advertí que “Alfredo” (así se llamaba) no era sólo un profesor de Golf… se trataba de un maestro de la vida, por lo menos para mí.

Cuando íbamos a practicar algunos tiros al ‘driving-range’, además de enseñarme lo tradicional que todo alumno debe conocer, se tomaba unos minutos ‘extra’. Nos deteníamos y me hacía mirar. Sí señor… sólo observar a mí alrededor al resto de los jugadores que practicaban o tomaban clases, como yo en ese momento. Luego mientras tomábamos un refresco me preguntaba qué había visto.

Obviamente terminaría corrigiéndome, porque no veía lo mismo que él, pero no le importaba y me decía que todas esas imágenes que vi en ese lugar no eran de Golf… Que lo que en realidad mirábamos eran personas medio maniáticas que pretendían incendiar sus pelotas en vuelo con la potencia que le imprimían a sus tiros, la mayoría ejecutados con drivers, maderas, hierros largos… y a cualquier parte.

Continuaba: “Esto es lo mismo que yo pretenda enseñarte cirugía cerebral y ponga en tus manos un hacha o un serrucho…” “El Golf es sutil, preciso, cada vez que lo juegues es como tratar de conquistar a una mujer… sin estridencias ni brutalidad, pero con resultados contundentes”.

Aprendí (gracias a él) que un buen swing, los grandes tiros, la maravillosa potencia y la imprescindible precisión deben complementarse –de forma inevitable- con la esenciadel Golf, que proviene del ejercicio que casi nadie hace con la otra parte: con su mente, y que ésta además, se nutre de muchísima concentración; de horas de lectura, de muchas más horas de pura observación, de ejercicios de humildad para aceptar los fracasos y los pocos éxitos que cosecharemos… y por sobre todas las cosas, de aprender a conocerse a uno mismo, lo más difícil… (Debería parecerse a un arte marcial)

Alfredo me enseñó y educóen Golf y de paso, a cómo ejecutar sus tiros…

Por estos motivos es que, cada vez que algún amigo, compañero o conocido que comienza a jugar me consulta si conozco un buen profesor para recomendarle… termino por referenciarles algunos amigos del viejo Alfredo (ojalá que todavía queden vivos) que quizá conserven el ‘estilo y talento’ didáctico de aquel Don Alfredo que conocí.

Para quienes dicen que el Golf es costoso, comparándolo con otros deportes como el fútbol, natación, tenis, etc., desde el punto de vista de la instrucción les digo que sí; mucho más que cualquiera de esas otras actividades deportivas, porque además de sus elementos (que en términos objetivos no son caros) existe este componente del entrenamiento y enseñanza con un buen profesor que, a diferencia del tenis por Ej., es inevitable. Toda vez que con tener una raqueta, algunas pelotas, y alquilar un par de horas una cancha, cualquiera puede acceder, divertirse y pasar un buen rato peloteando frente a otro oponente de similares experiencias.

En Golf es literalmente imposible pretender salir a jugar a un campo sin conocer sus reglas, ni tener una vaga idea de las distancias y potencias de cada ejecución, de sus límites, de los riesgos y cuidados con los otros jugadores, ni de la ayuda concreta de un profesor. De hecho, aunque no esté de acuerdo con esto que digo, muchas canchas no dejan ingresar a jugadores sin hándicap ni permiten que golfistas novatos la recorran para una práctica.

Estoy casi 100% convencido que la mayoría de las desavenencias entre jugadores (que conforman una misma línea de juego), proviene de un origen muy claro: el desconocimiento básico de las reglas; de las multas a aplicar por infracciones; de la falta crónica de ética, honor y cortesía en el juego; de la deshonestidad; del cuidado por el medio ambiente y de las malas condiciones en que se dejan los elementos en una cancha. Sin embargo, con el apoyo, la instrucción y un buen diálogo con nuestro profesor, nada malo debería suceder.

En próximas ocasiones intentaré escribir sobre las innumerables experiencias y conocimientos que oportunamente me fueron transmitidos por este profesor (ojalá pudiera asimilarlos todos y ponerlos en práctica, pero no me alcanzará la vida)…

Como todo, habrá que esperar ‘el’ momento preciso, la maduración mental y la ocasión justa para aplicar aquello que nos enseñaron; hasta que podamos advertir por nosotros mismos que la Vida y Golf –el Golf y la Vida- tienen muchas similitudes entre sí.

Que tengan la misma buena fortuna que yo tuve para encontrarse con un excelente Profesor y Profesional de la vida… y como siempre: Mi deseo de buen Golf para todos, junto a sus mejores amigos..!!

Marcelo H. Barba

Publicado: 17 septiembre, 2019 - Por admin - Leer mas...


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