Marcelo Barba
Todos los golfistas sentimos un gran placer al llegar al green, al ver que nuestra pelota quedó posada sobre esa prolija y suave alfombra. Es una sensación especial que no se la relaciona con la cantidad de golpes que nos costó conquistar ese objetivo parcial. Debe parecerse al que siente el alpinista que llega a la cumbre y saborea su conquista.
Allá arriba cambia todo. En el green cambia el entorno, el pasto, la velocidad de la bola, las herramientas que usamos, nuestro humor y el nivel de concentración al que recurrimos para embocar la pelota en no más de dos golpes… Si señores, en ese sitio cambian tantas cosas, pero lo mejor de todo es que ahí precisamente da comienzo la otra parte del Golf… Leer más …











