Jugar sin la cabeza…

Marcelo Barba

Tantas veces hablamos, leímos y escuchamos cosas sobre la influencia que tiene nuestro estado mental en el Golf… sin embargo no llegamos a comprender cabalmente qué es lo que uno siente en ese proceso real. Este efecto -obviamente- se trasladará y contagiará al resto de nuestras actividades que requieran cierto nivel de concentración. Acabo de comprobarlo personalmente.

Por diferentes circunstancias -que ya no vienen al caso recordar- hace unos meses pasé por el mal rato de quedarme sin trabajo. A pesar de que tenía la promesa de volver a firmar otro contrato, mientras aguardaba ansioso a que sucediera, el tiempo pasó tan lentamente que me pareció una eternidad. Experimenté un bajón anímico que arrastró más pensamientos y actividades. Leer más …

Publicado: 23 junio, 2020 - Por admin - Leer mas...


Algo Radical …….

Marcelo Barba

Promediaba el hoyo 11 y en realidad no había ejecutado un tiro ‘tan’ malo, simplemente apunté allí y salió
precisamente hacia allí… hacia las raíces de ese añoso, gigante y hermoso árbol a un costado del fairway.
Una pena, pensé, porque hubiera sido un buen tiro…
pelota
Bastante molesto, me dirigí a preparar la próxima ejecución, rumiando pero a la vez esperanzado en que,
con un hierro 7 podría volver al pasto y recuperar la compostura para afrontar el resto del hoyo, desde
unas 90 yardas, quizás más.
Dejé mi bolsa a unos metros del árbol y me fui agachando entre unas ramas hasta donde suponía estaba
escondida mi pelota, pero ya llevaba en mis manos el hierro siete. (Primer error)
Sin advertir ni observar con mayor detenimiento el asiento de la pelota, me preocupó más la altura de
ciertas ramas que me impedían realizar un swing completo, con lo cual, tomé el palo más corto y le pegué
con todas mis fuerzas. (Segundo error…)
Alcancé sólo 40 yardas… con la cabeza de mi pobre hierro 7, que se desprendió de la vara cuando impacté
de lleno a una de las raíces del gran macizo (que parecía reírse de mis resultados); y me temblaron hasta
los dientes postizos…
Acababa de asistir una nueva lección de Golf, en vivo, con mi propia persona y con mi ‘ex-hierro7’.
Qué aprendí:
Primero, que antes de ir tan decidido a pegar un tiro, tomando automáticamente el palo que
‘supuestamente’ creía me ayudaría a recuperar la situación, nunca debí dejar la bolsa sobre el fairway (por
vago y por creer que ese era un tiro más), en cambio, debí haberme acercado hasta la pelota con todo el
equipo y recién allí tomar la mejor decisión sobre qué palo utilizar…
Esto es Golf amigos, y nada se puede dar por supuesto, ni conocido, ni superado; cada golpe es diferente al
que ‘creemos’ dominar. Pero de todo se aprende.
Segundo, antes de impactar una pelota en las zonas cercanas a cualquier tipo de árbol, tendría que
haberme asegurado (más allá de poder realizar un swing completo) si el asiento donde reposaba la misma
era bueno, sobre todo, porque podría descansar justo detrás de una hermosa y gruesa raíz disimulada y
bien tapada con otras hojas, pero me ganó la ansiedad… y lo pagué caro.
Salí debajo del árbol empuñando una vara descabezada y tratando de encontrar la otra parte que había
volado junto con la pelota… las encontré a ambas y traté de borrarme el episodio, aunque no pude.
Para no aburrir a nadie, diré que no fue mi mejor día de Golf. Esa imagen me persiguió hasta el 18.
No obstante lo desventurado del episodio, confieso que aporté una cuota de alegría para los amigos que me
acompañaban en la vuelta, ya que no pudieron aguantar sus carcajadas y bromas sobre mi vehemencia
(que obviamente compartí durante y después del encuentro, pero sin mi 7…)
Qué debí hacer y no hice..?: a) Llegar a la pelota, verificar que efectivamente era mi pelota; b) Calmarme;
c) observar todo lo que podía, incluyendo las raíces y demás elementos que rodeaban a la misma (quizás
pudiendo limpiar mejor la zona que rodeaba a la pelota, evitando moverla); y d) recién ahí elegir el palo
más adecuado para quitarla, sin la intención de ganar más distancia de la que necesitaba… Esta breve
rutina me hubiera ayudado por ejemplo, a seleccionar el putter (sí… un putter) para sacarla hacia un
costado, evitando la raíz pero alejándola lo suficiente de la zona de riesgo.
Estimados golfistas… creo que cuando uno ejecuta un tiro -no tan bueno- y, lamentablemente termina con
su pelota pegada a un árbol, tiene que mentalizarse (prepararse mientras camina hacia ella) que ese
simple hecho hará que perdamos mínimamente una ejecución, ya que será poco probable, salvo que se
arriesguen a quebrar la vara del palo, que podamos recuperarnos de esa zona ciega y complicada hasta
para hacer un swing; lo más importante en todo caso, será calmarnos, respirar 2 o 3 vece con profundidad
y resignarnos, cualquier otro tipo de reacción ‘intempestiva’ nos ayudará a cometer errores, a sumar golpes
y furia…
Mis deseos de buen Golf, con muchos amigos; pocos árboles en el camino (y que cuiden mucho a sus
palos).
Hasta la próxima
Marcelo H. Barba

Publicado: 7 junio, 2020 - Por admin - Leer mas...


¿Puedes soportar el Golf…?

Marcelo H Barba

De verdad, ¿crees que puedes…? Sin explotar ante cada pésimo tiro, ni ante cada pelota perdida, ni cuando ves que tu bola sale como misil al medio del agua..? Sin siquiera emitir un ‘educado’ insulto o revolear tus palos al aire..? 

2018 U.S. Open

Si eres capaz de no transformarte en el doctor Jekyll o en un oso de montaña frente a estas ejecuciones desgraciadas, has llegado –mi querido y pequeño saltamontes- a un nivel de autocontrol similar al de un Monje Tibetano.

Cuando conocí Méjico, hace tiempo, me sorprendí por lo difícil que fue (y debe ser) conseguir alguna comida sin picante. Diría imposible… todo, hasta un simple trozo de queso tiene incorporado una intensidad de picante que, para quienes no estamos acostumbrados a ese sabor, resulta verdaderamente difícil de soportar…

Mi asombro aumentó, cuando con mi esposa vimos a un pequeño de 10 años o menos, comiendo unas papas fritas sentado en la vereda, sacudiéndose ante cada bocado. Le preguntamos por qué movía su cabeza cada vez que se metía una en su boca. Muy naturalmente contestó que era por el picante pero a pesar de eso… le encantaba lo que comía.

Un compañero de Golf que se iniciaba, hacía algo parecido. Ante cada error que cometía en su juego, maldecía al cielo y decía que ‘eso’ no podía soportarlo… arrojaba su palo al piso y gesticulaba, luego comentaba que este deporte lo tenía como enfermo, al no poder dominarlo pero a la vez, no podía pensar siquiera en dejarlo porque lo atrapaba, le gustaba, sentía rechazo y admiración al mismo tiempo, era como una sensación que no sabía cómo describir.

Una vez me preguntó: “¿Cómo podés soportar esto sin explotar..?”

Más allá de entenderlo, intenté expresarle que todos los que practicamos Golf, en gran medida y con el tiempo (años), vamos aprendiendo a domar, a tranquilizar al enano verde y maldito que llevamos dentro, porque de otra forma sería imposible continuar jugando, o terminar los 18 hoyos sin que nos asista un equipo médico de resucitación…

Trataba de convencerlo diciéndole que las reacciones que nos generan esas malas ejecuciones son lógicas, que en definitiva uno las va asimilando como una gimnasia para mejorar el ‘autocontrol’ (quizás sea en otra vida…) para hacer algo parecido a lo que vemos en los profesionales, cuando justo después de pifiarla toman una postura de extraterrestre y hacen como si nada hubiera pasado; luego ejecutan un tiro de recuperación –maravilloso- y quedan muy cerca del hoyo… es increíble, no?

En definitiva esa actitud que toman (los pro) termina pareciéndose a la de los mejicanos, acostumbrados al picantísimo sabor de sus comidas. Evidentemente sienten algo, se estremecen, pero ese picor ya es tan común que les encanta…  En esa misma línea de pensamiento, creo que con nuestro juego deberíamos también acostumbrarnos a esas ‘sacudidas’ que nos generan los pifies, por lo menos para que nuestro próximo tiro de recuperación sea medianamente aceptable.

En lo personal creo que el Golf sigue proponiéndonos una rica mezcla de ‘sabores’ y sensaciones que tiende al equilibrio puro, que nos obliga en cierta forma a aceptar los extremos de una manera más inteligente, a aprender que nos movemos en un mundo salpicado de pérdidas y ganancias, a disfrutar las magníficas sensaciones que nos da cuando hacemos un par, un birdie o un hoyo en uno… y a sobreponernos de las caídas que tendremos en todos los recorridos.

Ningún día es igual al otro, nada nos podrá asegurar que si el sábado presentamos una tarjeta de 90, al día siguiente podamos repetirlo; lo vemos en la tele, en los torneos y en los profesionales, cuando alguno de ellos pareciera estar iluminado y la mete desde la luna, o cuando ese mismo ‘genio’ dentro de 15 días ni siquiera pasa el corte…

Al Golf se lo ama o se lo ama… no existen términos medios cuando uno lo juega y se entrega, ni la posibilidad de odiarlo o de no ‘soportarlo’, porque si lo analizamos detenidamente nos estaríamos odiando a nosotros mismos.

Para concluir digamos que no existe golfista sobre el planeta que no pueda ‘soportar’ sus permanentes desafíos.

Que tengan muy buen fin de semana de Golf, experimentando todas las sensaciones que éste nos deparará.

Eso es Golf.

Marcelo H. Barba

Publicado: 5 junio, 2020 - Por admin - Leer mas...


Dieta de Palos.

Marcelo H Barba

Después de unos ardientes días de calor, por fin el clima cedió y nos dio un respiro para que nuevamente decidamos juntarnos en una cancha. Los amigos de siempre decidimos animarnos a una vuelta de Golf, pero en un campo algo especial…

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Para ponerle al encuentro una cuota de ‘creatividad’ y dado que la cancha lo permitía, antes de comenzar nos propusimos realizar un juego entretenido. Leer más …

Publicado: 17 mayo, 2020 - Por admin - Leer mas...


Harto de estar harto (del aislamiento y del corona).

Marcelo H Barba.

Estoy en casa, sano, no me quejo… trabajo cómodamente desde aquí, junto a un termo, mi mate y algo pecaminoso para comer. Cada cinco minutos pienso en mi familia y me sube el nivel de ansiedad por no poder verlos ni abrazarlos… pero paralelamente nunca dejo de pensar en mi querido Golf.

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Me imagino la selva que debe estar creciendo en los fairways, el pasto y los yuyos hasta nuestras rodillas en los greenes; ya debe haber monos, gorilas, algunas jirafas y cocodrilos en los lagos… Desde hace más de un mes y a punto de cumplir dos… que nadie se ocupa de nada… (y quién sabe si no llegamos en ese estado a fin de año). Leer más …

Publicado: 9 mayo, 2020 - Por admin - Leer mas...


Llueve: ¿qué hacemos…?

Marcelo H Barba

¿Qué podremos hacer hasta cuando esto pare? 

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La realidad es que el tiempo está loco… Muchas áreas del país están secas y ansiosas de agua, mientras que en otros sitios sufrimos un clima excesivamente lluvioso y, si el pronóstico no cambia, ‘los del lado húmedo’ deberemos esperar muchos fines de semana para que los campos de Golf se recuperen y queden jugables. Pero precisamente ahora seguirá la lluvia y ni siquiera es posible pisar un fairway.  Leer más …

Publicado: 8 mayo, 2020 - Por admin - Leer mas...


Sacando… sin pelota

Marcelo H Barba

Trataré de transmitirles y compartir una experiencia personal, que podría ser considerada por aquellos que aún guardan ciertos temores cuando aterrizan en un bunker y desean salir del mismo antes de su quinto golpe…

RBC Heritage - Round One

Cuando comencé, como todos los que subimos la misma escalera de instrucción y práctica, fui tratando de incorporar escalón por escalón, lo que aprendía con un profesor, más lo que leía en las revistas especializadas, más lo que también observaba cuando acompañaba a algún golfista amigo, lo que mostraban en la tele, en fin… era una ‘esponja’ de Golf.  Leer más …

Publicado: 16 abril, 2020 - Por admin - Leer mas...


¿Qué es lo Difícil…? (qué ‘obstáculos’ nos esperan en un recorrido)

Marcelo Barba

 

Una serie de dudas que nos preocuparán, ya pasamos o estamos pasando en muchos partidos de Golf.

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Preguntas que desafortunadamente no tienen una sola contestación, sobre todo cuando visitamos campos donde no habíamos jugado antes. Las dificultades seguirán acompañándonos, cambiando y apareciendo otras nuevas; pero a medida que vayamos adquiriendo cierta experiencia las iremos solucionando o (como suele pasar en nuestra vida) nos acostumbraremos a cargarlas…  Leer más …

Publicado: 8 abril, 2020 - Por admin - Leer mas...


Volver a cero…

Marcelo H Barba

Alguna vez pasaremos por momentos erráticos y veremos que lo que creíamos haber aprendido dejó de funcionar, no desesperemos ni intentemos cambiarlo todo, porque entonces no cambiará nada… vayamos de a poco y con calma.

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Es posible que en todo el cúmulo de habilidades que aprendimos y creemos estar reproduciendo bien, exista algo, una cosa mínima, que en ese inmenso sistema de engranajes que diseñamos, alguno dejó de funcionar. Concentrémonos sólo en eso, intentando recuperar la partitura que eventualmente perdimos y que ahora tocamos ‘de oído’.

Hasta el más excelso pianista de concierto, que se sabe cada nota y compás que reproduce frente al público, necesita tener la partitura frente a sus ojos, no deja nada librado a su buena memoria ni a las miles de veces que lo practicó.

Si tuviésemos que hacer una lista de las habilidades que aprendimos y pusimos en práctica cada vez que empuñamos un palo de Golf, créanme que nos asombraríamos de lo que incorporamos y sabemos.

Comenzando por nuestras propias manos, los dedos, los brazos y codos, nuestros hombros y espalda; el ‘stance’ que adoptamos con nuestras piernas y pies; nuestras caderas, muñecas, cuello y cabeza, en fin… seguro me olvido de otras que practicamos mil veces, como las ejecuciones desde la arena, los tiros largos y las difíciles lecturas del green; pero a pesar de todo, no llevamos un registro ni tenemos la posibilidad de recurrir a dichas experiencias mientras recorremos un campo de Golf. Ahí estamos en vivo, recurriendo a nuestra mente y sin ninguna partitura que nos dé una ayudita.

El aprendizaje de esta disciplina de precisión y coordinación requiere, desde el momento que decidimos adoptarla, que nos transformemos en sutiles ingenieros de cosas microscópicas. Pequeñísimos ‘engranajes mentales’ que se irán acoplando de a uno en los sitios adecuados de nuestro cerebro, para desde allí saber cómo dirigir músculos, tendones y nervios; para que finalmente, cada pieza se mueva en su momento justo, con una potencia adecuada y con la más alta precisión que podamos; habilitando además a que otros elementos del sistema se liberen y actúen en consecuencia.

Podríamos cambiar esta imagen tan ‘mecánica’ por otra de tipo musical, donde el cerebro hará las veces de un maestro-director de orquesta filarmónica y cada uno de nuestros músculos, huesos y nervios ejecutarán una partitura única, precisa y perfecta para que todo suene y se escuche como una buena melodía… y si algún elemento perdiera el compás o desafinase… el resultado terminaría siendo malo, destemplado y torpe.

Cuando todos comenzamos con nuestra propia ‘orquesta’ apenas si podíamos juntar 3 ó 4 músicos y hacer sonar la melodía de “La Cucaracha” (bastante desafinada por cierto…); pero no nos acobardamos e insistimos.

También pensamos que en algún momento podríamos llegar a desarrollar una exquisita sinfonía, y eso nos pareció un sueño incumplible, pero seguimos, hasta que por fin pudimos hacer coordinar –al menos- los acordes parecidos a esa famosa canción de niños.

En general, nos pasará que con el tiempo y luego de mucha práctica; de ir incorporando nuevos ‘instrumentos’ y músicos a nuestra ya no tan humilde orquesta, inevitablemente… en algún momento y por un tiempo que parecerá interminable, sobrevendrá la desazón y desesperanza cuando sin ningún motivo aparente, comience a desmoronarse nuestro Golf.

Sentiremos que nada nos funciona como antes, que no supimos relacionar adecuadamente cada uno de esos difíciles ‘mecanismos’ que tanto nos costó sincronizar con el resto del juego.

Esa sensación, bastante común, que aún hoy me sigue sorprendiendo en ocasiones donde enfrento bajones anímicos y/o físicos, es superable en la medida que enfrentemos el problema con paciencia y tranquilidad.

Es decir, sin volvernos locos intentando cambiar muchas cosas a la vez, para lograr retomar la precisión y/o distancia que habíamos logrado obtener y que ahora –misteriosamente- perdimos.

Vayamos de a poco y por partes… porque seguramente se nos escapó algo de nuestra memoria muscular, sea por los vicios adquiridos con el tiempo; por intentar ‘copiar’ otro swing o estilo que nos pareció mejor que el nuestro; por pensar (erróneamente) que ya no necesitaríamos ajustes ni visitas al profesor, en fin… por creernos omnipotentes.

Y eso no es bueno, en todo lo que decidamos enfrentar, inclusive en Golf.

Lo primero (dependiendo del tiempo que dispongamos) será volver a la base, simplemente eso. Volver a cero…

Retrotraernos al comienzo y de ser posible, visitar a un profe. Nos asombraremos cuando nos haga tomar el stance que alguna vez funcionó bien, que nos guíe para realizar un swing más suave sin ponernos el palo de Golf como bufanda ni pretender poner a nuestra pelota en órbita junto a la Luna… pero con cada ‘ajuste’ nos hará recorrer nuestras destrezas y experiencias de a una en una; intentando encontrar en cada acción ‘ese’ error que nos sacó del camino. Pero lo hará analizando y cambiando una cosa por vez…

Inclusive diría, que ante la falta de tiempo para realizar esa visita al profe, nosotros mismos podremos ajustar alguna que otra variable que se salió de cauce.

Retomando nuestra esencia desde lo básico, comenzando por analizar y corregir nuestra empuñadura del grip; proponiéndonos realizar un swing al 70%; en clavar exageradamente nuestra mirada sobre la pelota; en volver a realizar los dos o tres swings de práctica que alguna vez hicimos antes de ejecutar; hasta podríamos bajar del cielo a nuestro crecido orgullo, solicitándole a alguno de nuestros amigos que observen nuestro swing y nos transmitan la imagen que ven, como para intentar corregir algún defecto que nosotros no advertimos.

Volver a cerono significará perder las habilidades adquiridas; por el contrario, será el mejor ejercicio mental y físico para identificar, en un esquema “paso a paso”, dónde se esconde el error que estamos cometiendo y cómo éste a su vez, está influyendo sobre el resto de las habilidades que creíamos inalterables.

Hasta el mejor guitarrista de concierto necesitará afinar y ajustar las cuerdas en cada ejecución…

Que tengan un excelente Golf, con amigos y muchas experiencias para disfrutar.

Hasta la próxima

Marcelo H. Barba

Publicado: 5 abril, 2020 - Por admin - Leer mas...


Atreverse…

Marcelo H. Barba 

Siempre hay una salida, siempre… Si señores, o la enfrentamos o la resolvemos ‘lateralmente’, pero dependerá de nuestra confianza y disposición mental. Hablo en este caso, de las situaciones que encaramos al decidir cruzar el agua.

Unknown

Salvo pocas excepciones, no existen obstáculos de agua que no puedan salvarse por el lado más débil, es decir, acercándonos al borde donde comienza el agua o ejecutando un buen tiro hacia alguno de los lados del amenazante lago. Pero como dije, todo es cuestión de confianza y disposición mental. Leer más …

Publicado: 3 abril, 2020 - Por admin - Leer mas...


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