marzo 5, 2019

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Marcelo H Barba

Después de unos ardientes días de calor, por fin el clima cedió y nos dio un respiro para que nuevamente decidamos juntarnos en una cancha. Los amigos de siempre decidimos animarnos a una vuelta de Golf, pero en un campo algo especial…

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Para ponerle al encuentro una cuota de ‘creatividad’ y dado que la cancha lo permitía, antes de comenzar nos propusimos realizar un juego entretenido.

Nos encontrarnos en el estacionamiento y luego de los saludos decidimos seleccionar tres (3) palos –además del Putter- para que nos acompañasen en toda la vuelta… Si, así de sencillo y loco, saldríamos a jugar con 4 elementos y algunas pelotas.

Es preciso aclarar que ese campo permitiría hacer lo que íbamos a hacer.

Se trata de un trazado que -podría decirse- se encuentra en un permanente estado (malo) de cambios y desarrollos. Por ahora, posee solamente seis hoyos cortos, que son jugados en dos vueltas para recorrer por lo menos 12 y, si uno desea aburrirse mucho, se puede sumar otra vuelta de 6 para completar los 18 tradicionales. Tremendo…

Es una cancha no muy alejada de la ciudad (en la localidad de Villa Adelina), que tiempo atrás y en un mejor momento de mantenimiento supo administrar la Asociación Argentina de Golf (AAG).

Luego de un tiempo quedó en manos de los marinos. Sin un destino claro ni una administración adecuada (se hizo evidente que no tenían muchas ideas de lo que es el Golf y menos aún del trazado que debería presentar una cancha para poder jugarlo bien), sufrió adecuaciones y mutaciones en su recorrido, entendiendo que -quizás- el deseo de los nuevos dueños-administradores haya sido fusionar un recorrido de Golf con zonas de esparcimiento y reuniones familiares, lo que inevitablemente produjo la anulación y reducción de hoyos, para darle cabida a una piscina, parrillas y canchitas de fútbol. En fin, algo que fue pensado ‘a medias’, desarrollado ‘a medias’ y que jamás funcionó adecuadamente para ninguna de las actividades.

A pesar de ello, el predio se ofrece como una alternativa especial (y muy económica) para quienes deseen seguir moviendo su osamenta, mantener medianamente el swing y de paso reunirse con sus amigos (lo más destacable). En la práctica, digamos que resulta mejor que ir al Driving a tirar un balde de 100 pelotas. Aquí por el mismo precio, se puede caminar más y utilizar varios palos.

Para comenzar, decidimos dejar en el baúl de los autos el ‘arsenal’ que normalmente cargamos en la bolsa cuando jugamos en una cancha de Golf (no aquí). Opinamos sobre la necesidad de no desprendernos de tal o cual palo, y por fin elegimos los indispensables… según nuestras propias condiciones de juego, de confianza y sensaciones.

Al tratarse de un recorrido corto, mi elección para los tiros de potencia –aunque parezca un eufemismo- fue una madera 7, la que utilitariamente sería apropiada tanto para el tee de salida como para el fairway, con buen loft y excelente sensación de dominio. No me equivoqué, y luego de jugar me hizo dudar porqué motivo no la utilizo más en los Par 5 de otras canchas.

Por el lado de la ‘ferretería’ elegí un hierro 7; un lob (de 60 grados) y a mi viejo y confiable putter, obviamente.

Sólo uno de mis tres amigos cargó su bolsa completa, ya que hacía tiempo no jugaba por un malestar en su rodilla. Otros dos decidieron cargar sus drivers, sendos hierros 5 y un pitch (creo que uno llevó un sand) y salimos a la cancha con una bolsa súper liviana… diría que sin necesidad de llevar un carro (ni la bolsa).

El día se presentaba estupendo, aunque con mucha humedad en el fairway y en los pastos bien mojados del rought, esto nos haría comprobar rápidamente que las elecciones en los hierros fueron buenas, por lo menos para quienes adoptamos la ‘dieta liviana’.

Podría describir hoyo a hoyo lo que experimentamos, pero sería largo y repetitivo. Lo que sí me parece interesante contar, es que prácticamente todos hicimos los mismos scores que si hubiéramos jugado con los 14 palos de la bolsa…

Una señal clara que nos habla de dos temas interesantes: a) la flexibilidad de cada uno para adaptarnos a las circunstancias y a los pocos elementos que disponíamos; y b) que en muchas ocasiones, en las que pensamos que ganaremos distancia con la ejecución del driver, la realidad es que necesitaremos -casi siempre- otro golpe más para llegar a destino o retomar el fairway que dejamos por algún lateral… en cambio, al tomar un palo menor (como un hierro o madera de fairway) por más que ello nos obligara a ejecutar dos golpes para lograr la misma distancia, ambos tiros no correrían riesgos de desviarse hacia algún lateral y serían realizados con un swing más suave y menos exigente.

Uno se preguntará: ¿qué hubiera pasado en distancias más comprometidas? (aquí no había ningún Par 4 largo y menos un Par 5), como para utilizar –por Ej.- una madera de fairway más potente, además del driver o cualquiera de los hierros;  con lo que elevaríamos la cantidad de palos a llevar a 4 (más el Putter).

Sea como fuere, la práctica resultó entretenida, ya que no faltó el encuentro con los bunkers y zonas complicadas, donde al no contar con el palo más apropiado, tuvimos que inventar posiciones o golpes no tan comunes para adecuarnos a los palos que llevábamos.

Independientemente de la cancha de Golf que elijamos, considero que este es un ejercicio recomendable para ganar más experiencia, por lo menos, para divertirnos, salir un poco de la rutina, probar nuestras destrezas y creatividad en las ejecuciones…

A divertirse y a probar nuevas sensaciones..!!!

Hasta la próxima y buen Golf, junto a sus amigos de siempre…

Marcelo H. Barba

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