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En Málaga hay numerosos proyectos paralizados y expertos advierten que hay campos «al borde de la quiebra».
La Costa del Sol siempre se ha llamado, además, la Costa del Golf. Con más de medio centenar de campos, es uno de los destinos más importantes de Europa con la ventaja de que se puede jugar durante cualquier mes del año, una virtud para aquellos golfistas nórdicos o británicos que ven cómo en invierno se hielan las instalaciones en sus países de origen.
Durante el boom inmobiliario de los últimos años, rara era la promoción urbanística de lujo en la costa que no llevara aparejada un campo de golf. La Junta quiso poner freno a esa supuesta saturación urbanística que tomaba como excusa el golf y aprobó un decreto en 2008 que limitaba el desarrollo de viviendas. Los promotores se le echaron encima y el miércoles, dos años después, la Junta suavizó ese decreto dando una mayor flexibilidad a la hora de construir inmuebles anexos.
La marcha atrás de la Junta, sin embargo, ha llegado en un momento completamente distinto y ahora son los promotores los que no están por la labor de realizar nuevos campos hasta el punto de que en la provincia apenas hay proyectos. Varios de los que se anunciaron años atrás han caído en el olvido por problemas administrativos o financieros y aquellos que sí siguen adelante lo hacen con precaución.
Los expertos subrayan que un campo de golf, en solitario, no es negocio. No es rentable ya que lleva consigo un importante volumen de gastos en su cuidado y mantenimiento. Ramón Dávila, presidente de la Asociación de Empresas de Turismo Residencial, Turismo Deportivo y Turismo de Salud de Andalucía (Promotur), explica que «es necesario un número equilibrado de viviendas para que el proyecto sea sostenible tanto ambiental como económica y socialmente», y cifra ese número entre 300 y 700 inmuebles. El nuevo decreto permite hacer viviendas siempre que la Junta declare el proyecto de interés turístico y, para ello, debe tener 18 hoyos, medir más de 70 hectáreas, dejar un 20% de la superficie para plantaciones o tener un certificado de calidad.
A la posible paralización por el carácter normativo se le suma la crisis económica. Ricardo Arranz, presidente de la Federación Andaluza de Urbanizadores y Turismo Residencial, señala que los empresarios «no están en disposición de hacer nuevos campos» y subraya que en los últimos años se ha podido perder entre un 30 y un 40% de jugadores. Según los datos del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, a comienzos del presente año había 273 federados menos en Málaga que un año atrás. Arranz afirma que esa disminución de jugadores -muchos son británicos y la depreciación de la libra o la crisis les ha influido- está provocando que los campos hayan tenido que disminuir el precio de los green fees y se ha abierto una guerra de precios. Eso redunda en un peor servicio y en un peor estado de la instalación, un «círculo maligno» que está provocando, según Arranz, que «haya una decena de campos en Andalucía que están al borde de la quiebra».




