diciembre 2, 2021

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«‘¡Esto no es para cobardes!’, suele decir Ángel Cabrera en los asados, en referencia a nuestro querido deporte”’. Así empezaba un gran relato de Hernán Rey que distribuyó entre sus amigos allá por 2013, cuando Cabrera perdió el desempate del Masters contra Adam Scott. En el original, la palabra no era “cobardes”, sino un argentinismo menos conveniente que también empieza con ‘c’ y tiene el mismo significado.

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Este sábado 11 de abril, ESPN puso en el aire nuevamente (a las 16.30.00 de ARG y URU,15.30 CHI, 14.30 COL, PER y ECU) la vuelta final de otro recordado Masters, el de 2009, que Cabrera sí ganó. Por ese motivo pensé que sería buena idea escribir algo sobre Cabrera. Recordé entonces aquel magnífico relato de Hernán. Está inspirado por la experiencia que vivió durante unas semanas, en las que fue caddie de Cabrera en el año 2002. Gracias a su generosa autorización voy a transcribir los párrafos más destacados de aquel relato que describen, de manera singular, el juego y la personalidad de Cabrera.

 

Para encontrar este evento, ingresar a la Guía ESPN

 

“Tuve la suerte de llevarle los palos al Pato en el año 2002. Qué mejor experiencia para un joven profesional como yo que ponerse esa bolsa blanca al hombro. Era la posibilidad de hacer un curso intensivo sobre cómo jugar al golf. Cabrera no es docente, quizá porque ignora de dónde sale gran parte de la magia de su golf. Ve el tiro y su talento ejecuta. No le pregunten cómo y olvídense de pedirle que lo explique, es imposible. Con el Pato se aprende mirando.

 

Después de una primera semana aceptable en el Honda Classic, fuimos al Bay Hill Invitational en Orlando. El anfitrión era el Rey Arnold Palmer. Estaban Tiger Woods, Phil Mickelson y los mejores jugadores del mundo, casi un Major. Cualquiera se intimidaría un poco ante tantos buenos jugadores, y ante la presencia del gran Arnie. Pero Cabrera parece haber nacido para escenarios grandes y para los Majors. No los respeta de más. Tiene una cuota de inconsciencia que le juega a favor al competir.

 

El Pato jugó muy bien las tres primeras vueltas. En la última se puso fino con el putter, y cuando el Pato emboca es casi invencible. Así logró acercarse a los punteros.

 

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Mi primer momento de nervios fue en el hoyo 7, un par 3 en subida. Después de solo siete vueltas de competencia yo creía saber las distancias que el Pato pegaba con cada palo. Incluso cuando le tiraba un poco más fuerte. Pero Cabrera, como dije, juega a otra cosa, siempre tiene más, un resto. Teníamos 184 yardas a la entrada, y otras 7 a la bandera. Eran 191 yardas a una bandera corta y con un bunker antes del green. Había que hacer un full swing para poder frenar la pelota, y lograr una trayectoria bien alta. El Pato me pregunta: “¿Si la apuro con el 9, llegamos?” Sentí un escalofrío, pensé que había escuchado mal. Venciendo el pánico hice lo correcto, darle confianza al jugador. “Sí Pato, si le das bien llegás”, respondí confiado. La pelota picó apenas pasando el bunker y quedó cerca del hoyo. Ese fue mi primer susto grande y la bienvenida al mundo de Cabrera golf.

 

“Otro momento difícil vino en el hoyo 16. Un par 5 alcanzable en dos golpes con agua corta, a la derecha del green. El tiro de salida quedó en una loma, antes de un bunker, en subida y metida en el rough. Teníamos 221 yardas al hoyo. Casi me peleo para convencerlo de que no tenía lógica tirar al green en dos. Gané la pulseada, sacó a buena y no dijo más nada. Para mi desgracia no hizo birdie. Más tarde, en el hotel, yo defendía mi idea de no haber tirado al green en el 16. Le dije que era imposible frenar la pelota en el green desde ese lie, y que además poníamos el agua en juego. Cabrera me dio la razón a medias, pero me dijo: “Es verdad que no podíamos dejar la pelota en el green con el segundo tiro, pero desde atrás del green podía embocarla para águila, y desde 100 yardas, en el fairway, era imposible”. Mientras yo me preocupaba por no hacer un bogey, él pensaba en hacer águila. Hay otros jugadores que ganan de una manera más conservadora, pero no se llaman Cabrera.

 

Después de 17 hoyos bien jugados, Cabrera se había dado la chance de ganar el torneo. Al tee del hoyo 18 estábamos segundos y Tiger nos llevaba solo dos golpes.

 

Parados en el fairway, Cabrera me preguntó la distancia al hoyo. El green del 18 en Bay Hill es como una banana hacia la derecha con agua adelante. La bandera estaba bien a la derecha. Es importante aclarar que con un bogey en ese hoyo final se aseguraba la tarjeta para el PGA Tour del año siguiente. Gran dilema. Arriesgar apuntando a la derecha y ganar, era la gloria. No arriesgar apuntando a la izquierda, aseguraba un bogey y la tarjeta. No hace falta decir cuál fue la decisión del Pato. Teníamos viento cruzado en contra de derecha a izquierda, jugando 175 yardas. El Pato no se tomó un segundo de más. Le pegó apenas limpia con su hierro 7, y el viento, que tenía que moverla 10 yardas hacia la izquierda, la movió cinco. La pelota pico en las piedras y se fue al agua. Dropeó, le tiró otra vez al hoyo y se volvió a ir al agua. Trilpe bogey. Otro torneo para Tiger.

 

 

El Pato pasó de segundo solo, a noveno compartido con varios. Perdió 332 mil dólares y la tarjeta del PGA Tour. Fue lo que menos le importó. Mientras él entregaba la tarjeta me senté en una escalera ahí cerca, con la cabeza entre las piernas tratando de entender qué había pasado. A los pocos minutos sentí una mano pesada en mi hombro. ‘Quedate tranquilo nene, si pudiera jugar el hoyo otra vez, la tiraría igual’, me dijo. Cabrera ciento por ciento. Se la había jugado. No se fue contento de Bay Hill, pero sí tranquilo. Había sido fiel a sí mismo.”

 

Notables estas anécdotas que relata tan bien Hernán Rey. Confirmando sus palabras, cuando en 2007, definiendo el US Open en Oakmont, el Pato tuvo otro momento decisivo. Luego de hacer bogeys en los hoyos 16 y 17, Cabrera volvió a arriesgar todo en el hoyo 18. Su tremendo drive de 350 yardas le dejó sólo un pitch al green para ganar su primer Major. Esa jugada, y alguna otra más, le salieron bien…

 

Hernán Rey es profesional de golf. Jugó en la gira europea entre 2005 y 2008. Fue comentarista de ESPN durante diez años. Actualmente tiene una academia de golf en Orlando y colabora con la Asociación Argentina de Golf (AAG), ayudando a los aficionados argentinos que están estudiando y jugando al golf en Estados Unidos.

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