Colaboración de Marcelo Barba
La tengo…. al fin lo logré…
Creo que es uno de los peores comentarios (aunque sean con nuestra propia
conciencia) que uno puede hacer en este deporte.
Pero lamentablemente y aunque suene de perogrullo el ser humano es humano. Todos tenemos nuestra cuota de amor propio y de ego y, a veces no se puede evitar el hecho de pasar por este tipo de situaciones exitistas, donde caminamos muy peligrosamente por la raya que divide la suerte de la buena experiencia.
El refranero popular dice que »Una golondrina no hace verano» y aquí, en el Golf, es totalmente aplicable. Que la varita mágica de la fortuna nos toque, en determinada circunstancia de nuestra actividad deportivo-amateur no significa que en todos los casos o de allí en más, tengamos siempre la misma suerte.
Hay días, determinados días, que uno se siente inspirado; que la pelota sale para donde uno desea, que el pique de la misma nos beneficia y, en lugar de caer para el bunker sale para el otro lado y corre hacia la bandera… que hagamos lo que hagamos sobre el green la pelota termina entrando, aunque le peguemos pésimo.
Esos días que además, nos toca jugar con una regla local de «lie mejorado» y podemos lograr un asiento de pelota inmejorable, en fin, pasan tantas cosas que, o nos creemos o nos autoconvencemos que poseemos »dominio» sobre el juego. Hasta llegamos a pensar que deberíamos jugar 5 ó 6 puntos menos de handicap…
Ni hablar, si adicionalmente el resto de los jugadores de nuestra pobre categoría no tuvo un buen día…
Entonces nuestro éxito casi es un hecho contundente y con ello accederemos al primer puesto del torneo. Otra cosa que sumará a favor de nuestra humilde actitud y nos embriagaremos más, creyendo que ya encontramos la autopista del triunfo (con peaje pago y todo) hacia el éxito deportivo…
Sin embargo, nuevamente el Golf (y van…) nos hace ver la realidad rápidamente y con ello, nos ayuda a crecer como personas y aprender de nuestros propios errores, dado que en cuanto volvemos a jugar la próxima semana, erguidos e hinchados de un falso orgullo, frente al público que se abre paso ante nuestra sola presencia y no deja de aplaudirnos y solicitarnos autógrafos (!!despierten caraduras, que sólo es un sueño!!!), vemos crudamente cómo se deshacen nuestrasilusiones y surgen las miserias humanas de todos los días…
Sin quererlo ni pretenderlo más que en cualquier otra oportunidad, gané un torneo. Me sorprendió tanto como a cualquiera que ve su propio nombre escrito en la pizarra de novedades… Respiré profundo.
La semana siguiente jugué en forma mediocre, con frío y mal tiempo. También gané y quedé con la boca abierta… pensando en los millones de dólares que les hice perder a mi familia por no dedicarme profesionalmente al Golf.
La tercer semana antes de llegar al Club ya me sentía Tiger Woods, llegué sacando pecho, orgulloso de mis dos victorias y me dispuse a repetir »la rutina» de ganar otra vez, pensando una y otra vez en lo fácil que resulta esto del Golf en definitiva… que se tarda un tiempo, pero al final uno llega a dominar sus secretos.
Nunca jugué peor que ese día.
Volví al vestuario avergonzado, como si hubiera recibido una paliza soberana, lleno de bronca conmigo mismo, sin siquiera con ganas de tomar una ducha, peromientras el agua caliente me terminaba convenciendo con su chorro potente y reparador, fui llegando lentamente a estas conclusiones: …Soy una Rata del Golf !!!
Más aún, soy un Aprendiz de Rata del Golf…
No se puede ni se debe.
No debemos permitir nunca que nuestros ojos dejen de mirar la realidad, que nuestra mente deje de pensar en lo que somos y lo que hacemos en este magnífico desafío personal y deportivo.
Nadie, ni siquiera los grandes profesionales se terminan convenciendo de que se llega, que uno puede finalmente dominar las innumerables posibilidades yvariantes físicas y psíquicas que conforman este deporte, comenzando por la grandeza de la humildad, de esa humildad que tiene el que no sabe nada y
escucha; del que siempre está en una actitud de alumno, de aprendiz, de hombre que desea llegar a parecerse a un maestro, aunque más no sea en sus zapatos.
Esta última semana volví a enfrentarme. A mi mismo y a la pelotita blanca, pero con otro pensamiento, con otra posición humilde, bien anónima y desapercibida.
Me mantuve callado y sin emitir palabra en casi todo el partido, concentrado en lo que hacía, en cada golpe y en cada movimiento. Enfrenté cada tiro como sifuera el primero que hacía, lentamente y recordando lo que había aprendido hace mucho tiempo atrás, cuando no sabía ni para qué servía un »sandwich» en labolsa de palos…
Salí segundo.
Hice una fiesta »interna» con globos, payasos y fuegos artificiales, sin que se me moviera un sólo pelo para el resto de la gente que me rodeaba, me sentí retribuido, contento, correspondido y como si el mismo Golf me hubieracontestado positivamente al cambio de actitud y al hecho de haberle confesado mimiserable soberbia de rata.
Cuando llegué a casa y me preguntaron ¿Cómo te fue…? solamente respondí:
_ Bastante bien… creo que hoy aprendí algo nuevo…
Un abrazo y hasta la próxima.




