octubre 15, 2010

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No me equivocaré si digo que esta pregunta sea, tal vez, una de las más clásicas que se hicieron, hacen y harán todos los golfistas que intentan mejorar su juego sobre el green.

Tampoco estaremos lejos de la verdad, cuando tratemos de analizar la cantidad de variables que intervienen en el proceso de cálculo, y veamos que jamás seremos lo suficientemente precisos como para llegar resultados confiables.
A propósito, dejaré de lado en este análisis, el tema puntual de la orientación y de dónde poner la mira, es decir hacia dónde deberíamos apuntar cuando jugamos con determinada caída de terreno; eso conforma por sí mismo otra variable de ajuste personal, que deberá ser considerada junto a las demás que explicaremos más abajo; finalmente será un tema íntimo, de experiencias, percepciones de nuestra vista, consejos de nuestro caddie, etc.
Más allá de la rapidez con que rodará nuestra bola (naturalmente tenderemos a pensar que se trata de esa única variable), cuando deseemos ser precisos sobre la prolija superficie de un green, deberemos considerar otras cuántas cosas adicionales en forma más conciente.
Subrayo lo de ‘conciente’ porque nuestra mente es y trabaja como una gran computadora, que en forma totalmente automática, procesa toda la información que nos rodea, sin que nosotros podamos advertir dicho suceso.
Quizá lo llamemos ‘intuición’ para darle un nombre más entendible, pero nuestras pequeñas neuronas estarán haciendo mucho más que eso…
Gracias a Dios, nuestro cerebro no funciona de una forma matemática y por ello precisamente, podremos resolver enigmas (ó aproximarnos a la solución) de temas que no están relacionados con el álgebra, que poseen variables no ‘empíricas’ ni son mensurables al 100%
Entonces, comencemos por identificar una primera cuestión:
Ese cálculo -que parecía simple- sin embargo, surge de una fórmula compleja que contendrá alguna aritmética elemental, pero también se verá directamente modificado por valores lógicos y parámetros muy subjetivos… imposibles de medir.
Algunas de las tantas variables que entran en juego para nuestro cálculo son:
1. La velocidad nominal que ese día posee el green
2. El largo del pasto que lo cubre.
3. La dureza de la superficie.
4. La humedad de la superficie.
5. La inclinación del terreno.
6. El viento, el sol, la temperatura, la arena y la eventual lluvia.
7. Nuestro propio ‘equipo’ (pelotas, putter, etc.)
8. Nuestras sensaciones y percepciones (ahí los quiero ver…)
9. Nuestro estado mental y físico.
10. La suerte, los planetas alineados, en fin.

Vamos paso a paso…
La velocidad nominal…
En este punto tendremos alguna aproximación bastante confiable, dependiendo de la calidad y nivel profesional de la cancha donde juguemos, para poder conocer anticipadamente el «Índice» de rozamiento que ese día tienen los greens -en promedio-
Este índice, internacionalmente conocido, surge de la medición de cuántas pulgadas rodará una pelota de golf estándar, cuando la misma sea liberada desde una regla-guía inclinada, que es sostenida manualmente por un especialista (ó quien cumpla las funciones de mantenimiento de la cancha y sus greens). A esa tablilla se la conoce con el nombre de «Stimpmeter» y tiene la forma de una regla con perfil de «V», por donde se deslizará libremente la pelota.
Las recomendaciones (emanadas de la USGA) para estas mediciones de velocidad son:
En greens lentos: 4,5″ (la bola debería rodar esa distancia en pulgadas cuando se libere del Stimpmeter, ó sea, aproximadamente 1,40m.)
En greens medios: 6,5″ (la bola debería rodar esa distancia en pulgadas cuando se libere del Stimpmeter, ó sea unos 2 metros)
En greens rápidos: 8,5″ (la bola debería rodar esa distancia en pulgadas cuando se libere del Stimpmeter, ó sea unos 2,58 metros)
En el US Open, sin embargo, recomendaron estas otras velocidades:
Greens lentos: 6,5″ // Greens medios: 8,5″ // Greens rápidos: 10,5″ (que equivale a 3,20 metros).
Resumiendo… si vamos a una cancha y llegamos a acceder ó conocer este valor de velocidad de greens, sólo sabremos una cosa. Que una cifra de «8,5» ó más, harán que nuestra bola corra como loca por encima de un vidrio…
Veamos más indicadores.
El largo del pasto que lo cubre…
Relacionado (diría que íntimamente) con el punto anterior, encontraremos distintos largos y tipos de pasto, con distintas orientaciones de corte y con otras características que no podremos administrar por encima del grip del putter que usaremos…
Naturalmente un pasto alto hará que nuestra pelota se deslice en forma lenta; si además, éste se encuentra regado de arena, por la proximidad de un bunker que atrapó otras pelotas (y gracias a los jugadores que salieron de la trampa y dejaron una prolija siembra de arena…) la pelota se frenará mucho más de lo acostumbrado, se ensuciará y además, tomará un rumbo loco no deseado.
Todo esto hará que finalmente carguemos con mayor potencia nuestro golpe de putt, para compensar y de alguna manera equilibrar todo aquello que la frene en su recorrido.
Recuerden una regla simple: A mayor velocidad, el recorrido de la bola será más recto y no será necesario exagerar tanto las caídas.

La dureza de la superficie…
Si pudiéramos estar descalzos sobre el green, inmediatamente advertiríamos la resistencia de la superficie que estamos pisando.
Pero llevamos zapatos de Golf, que encima de ser bastante rígidos están separados del piso por unos cuantos taponcitos (que además, seguramente estarán sucios con pasto, barro ó arena… con lo cual, será más dificultoso aún sentir la sensación esponjosa del pasto que pisamos).
Independientemente de ello, alguna señal nos dará el mensaje que tanto buscamos, como por ejemplo, nuestra observación del piso.
Miremos detenidamente las marcas que dejan las pelotas al caer: los piques; las marcas de las pisadas de nuestros zapatos y de los que nos acompañan; allí podremos darnos una idea bastante aproximada de cuán duro está el piso.
En general, sepamos que a mayor dureza de terreno, mayor será también la velocidad que tomará la pelota cuando ruede sobre el mismo.

La humedad de la superficie…
Dependiendo (fundamentalmente) de la hora en que decidimos jugar, sin perjuicio de que llueve ó no; tengamos presente que cuanto más temprano juguemos, más rocío ó humedad encontraremos sobre el green.
Esta característica se agudizará en invierno, donde (dependiendo de las latitudes que vivamos y juguemos) podremos encontrarnos con algo de escarcha ó nieve.
Aprovechemos todas las señales… La que sigue es muy buena:
Cuando uno comienza a jugar muy temprano, en las primeras líneas y además, tiene la suerte de ser la segunda que sale a la cancha; podrá ver que sobre el green quedaron las marcas de los recorridos de las pelotas de las líneas de juego que nos precedieron.
Fijémonos detenidamente en ellas como para poder tomar más referencias de las caídas y del recorrido ‘ideal’ que deberíamos darle a nuestra bola.
Casi todas las canchas que conozco son metódicamente regadas por la mañana temprano, antes de comience el juego del día.
Algunas, inclusive, por el excesivo calor del verano son nuevamente humedecidas cada dos ó tres horas (manual ó automáticamente) para lograr que la superficie reciba adecuadamente las pelotas que caen de aire (y no se comporten como un tenso tambor) y para evitar también, que el sol no termine quemando ni deteriorando el suave pasto de dicha zona.Obviamente, toda esta humedad le pondrá frenos importantes al recorrido ideal de nuestras pelotas.

La inclinación del terreno…
En realidad conozco muy pocas canchas de Golf que posean greens ‘planos’, sin ninguna caída.
Casi todas las buenas superficies tienen una leve ó pronunciada inclinación hacia alguno de sus lados.
Existe otra regla no escrita que dice: que cuando uno observa una leve caída ó tiene dudas sobre la misma, en general, la superficie se ‘inclina’ naturalmente hacia alguna laguna, río ó descarga de agua.
Sea cual fuera nuestra situación, en el tema que nos ocupa ahora: «la velocidad», tengamos presente que la misma se incrementará cuando apuntemos hacia el fondo de la caída, y aunque suene demasiado obvio, sepamos también que deberemos ser más firmes con el putter cuando estemos ‘barranca arriba’.
El consejo en estos casos es simple.
Por un lado, además de observar nuestro recorrido desde atrás de la pelota, miremos con detenimiento la línea que une a la pelota con la bandera, desde cualquier costado. Así obtendremos otro dato adicional para incorporar a la fórmula que estamos tratando de resolver.
Por otro lado, si apuntamos hacia abajo, imaginémonos que la bandera está unos 30 ó 40 cm. antes de lo que realmente está.
Si jugamos con pendiente ‘hacia arriba’, hagamos de cuenta que deberemos pasarnos del hoyo unos 20 a 25 cm.

El viento, el sol, la temperatura, la arena y la eventual lluvia…
Todos estos factores, juntos ó por separado, son parámetros que deberemos considerar a la hora de nuestros cálculos.
No está demás recordar aquellos torneos jugados en el Open Británico, en canchas castigadas permanentemente por los vientos del mar del norte; cuando los profesionales se apuraban a marcar su bola sobre el green, para que no se moviese (ni hablar, cuando tomaban el stance para ejecutar su putt y el viento les jugaba una mala pasada…)
Fijémonos detenidamente en la geografía que rodea al green; si éste está en una plataforma sobreelevada y desprotegida, si hay árboles a su alrededor, ó si se trata de una zona hundida y semicubierta por vegetación que actúa como protección natural de los vientos.
En fin, hay mucho por observar y decidir antes de pensar en la potencia que le imprimiremos a nuestra bola.
El sol y la temperatura del momento que jugamos pueden llegar a secar las superficies.
No será lo mismo jugar el green del Hoyo 1, que luego de tres horas jugar el del 16 ó 18… no serán las mismas humedades de pasto, ni las velocidades que tomarán las pelotas sobre dichas carpetas, a pesar de ser la misma cancha y tratarse del mismo partido de Golf.
Cuando vayamos a marcar y limpiar la pelota que quedó sobre el green (más Señales) fijémonos en algo que nos dirá mucho de la velocidad que necesitaremos darle para llegar al hoyo.
Si la pelota quedó sucia de arena, ello nos indicará un camino más lento y recto, dado que el green pudo haber sido preparado con arena (época de resiembra) ó que algún jugador anterior levantó demasiada arena desde un bunker vecino. Aumentemos entonces la velocidad que teníamos pensada, a fin de corregir esas pequeñas variables.

Nuestro propio ‘equipo’ (pelotas, putter, etc.) …
Este quizás sea el ítem más importante. Nuestras propias herramientas.
De nada vale hacer cálculos, estimaciones ó pulir nuestra sensibilidad sobre el green, si es que no confiamos en un 130% en nuestro Putter.
Tampoco valdrá la pena preocuparnos tanto, si no jugamos siempre con la misma marca y modelo de pelota.
Para no caer en recomendaciones obvias, diré sólo algo básico:
No intente jugar un buen partido de Golf si es que antes no probó y se familiarizó definitivamente con su Putter. Por más que sea nuevo, por más que sea el más costoso, preciso, tecnológico y lo haya seducido en la tienda de Golf el día anterior.
Guárdelo bien.
Si quiere un buen ‘score’ y pretende ganar un torneo, recurra al Putter viejo, a ese que tantas alegrías y decepciones le dio; pero nunca piense que por el sólo hecho de comprar uno nuevo, resolverá sus problemas sobre el green, en todo caso los mejorará a un mayor costo.
El tema de las pelotas se refiere a la calidad, dureza, confiabilidad en que permanezca esférica luego de tantos golpes, balanceada, etc. Valen las mismas recomendaciones que con el Putter: conozca bien y téngale mucha confianza a la marca y modelo de pelota que normalmente utiliza; sobre todo hoy, que existen más de cinco modelos de esferas con dos, tres, cuatro y hasta cinco núcleos, que le confieren distintas calidades de dureza y peso.

Nuestras sensaciones y percepciones (ahí los quiero ver…)
Siempre trate de guiarse por sus experiencias previas. El Golf es, además de todo lo que es, un ejercicio de memoria. Recuerde, traiga a su mente las sensaciones que tuvo en ese u otro green, parecido, similar ó el mismo que fue jugado meses atrás.
Todo jugador sabe hasta dónde puede exigirle a su putter, cómo alinearse, apuntar, corregir caídas que sólo él observa, darle en definitiva su propio ‘toque’ y estilo (usar sus talentos). Póngase en sintonía con el green; mírelo de todas partes, recuerde sus secretos, visualice el recorrido de su pelota hasta que caiga dentro del hoyo.
Adquiera (aunque no se vende) una rutina pre-tiro y no salga de ella. Ejecute cada acción preparatoria, movimiento y golpe final como si fueran una fotocopia del putt anterior. Si algo lo saca de ritmo ó lo distrae, salga del stance; de unos pasos atrás y comience con toda su preparación nuevamente.
Recuerde algo que es una verdadera injusticia: «Un putt de 10 cm. valdrá y sumará lo mismo que un excelente drive de 300 metros»
No juegue lento, simplemente no se apure y tómese el tiempo que realmente precisa sobre el green.

Nuestro estado mental y físico…
Todos los que jugamos Golf sabemos que no hay dos días iguales. Menos mal…
Tendremos aquellos en que nunca sabremos porqué, la bola se metió en el hoyo con el primer putt; ese tiro que sacamos del bunker voló y corrió hasta el fondo de la taza… ó ese putt de 20 metros con más de dos caídas que, luego de zigzaguear en todo su recorrido, terminó cayéndose con el último aliento dentro del hoyo.
Tendremos también un poco de ‘esos’ otros días, para balancear digamos, momentos despreciables en que no nos saldrá bien ni el saludo matinal.
Lo que debería quedar claro, en todo caso, es que el Golf posee -más que cualquier otro deporte- un componente psicológico fundamental. Tan importante es, que será imposible concentrarnos y jugar bien (ó hacer las cosas que pretendemos hacer) si nuestras neuronas no están alineadas en el mismo sentido del juego.
Existen varios ejercicios conocidos para lograr concentración, metodologías especialmente orientadas a focalizarnos en los aspectos físicos que gobiernan nuestras ejecuciones, pero para que funcionen bien habrá que practicarlas de la misma manera que uno lo hace con determinado palo de la bolsa.
El Golf es, en definitiva, un permanente juego de ‘Equilibrios’ entre lo físico y lo psíquico; nuestro mejor punto deportivo estará en la zona media, como esa burbuja de aire que muestran los niveles de los carpinteros…
No pretendamos utilizar al Golf como una terapia de descarga de nuestros problemas, eso no funcionará jamás.
Lo que sí funciona y debe ser entendido como terapia exitosa, es el ejercicio mental de descargar cada preocupación en su correspondiente lugar; las cosas del trabajo en el trabajo, las de casa en casa y las de nuestro querido Golf, en la cancha. No mezclemos los continentes ni los contenidos…

La suerte, los planetas alineados, en fin…
Para finalizar esta lista de componentes y variables que en definitiva conforman una ecuación -tan especial- para intentar, ó por lo menos aproximarnos a administrar la potencia de nuestras confiables bolas sobre el green; llegamos al último condimento de la ‘receta’.
Como cuando preparamos un plato elaborado de comida, esa ‘pizca’ de sal ó de pimienta que ha de complementar la cocción; en y sobre el green, nos hará falta también un pequeño toque de suerte.
A la suerte hay que ayudarla… decía un profesor que sabía un siglo más que yo.
Hay que ayudarla con paciencia, con observación y concentración, para esperar el turno preciso y mientras tanto poder analizar el comportamiento que tendrá la bola de otro jugador en su recorrido hacia el hoyo.
Hemos visto gente ansiosa, apurada, que pretende terminar un hoyo no tan bueno, pidiendo permiso al resto de los jugadores para realizar su Putt antes que ninguno; inclusive, cuando quedan cortos en la línea y a escasos 20 cm. prefieren ejecutar otro Putt en lugar de marcar, limpiar su bola y aguardar su turno… pero en lugar de quedarse mirando detenidamente las jugadas de sus compañeros, desaprovecha la oportunidad y cuando ejecuta su último toque de 20 cm., termina dejándola pasada y a mayor distancia…
En todos los órdenes de la vida (y del Golf que no escapa a las generales de la Ley), siempre existirá una cuota de suerte, en todo. Es un axioma.
Lo rescatable de este punto, en conclusión, es que esa cuota jamás superará en porcentual al resto de los componentes ‘gobernables’ por nosotros mismos. Así que no aseguremos ni respaldemos todo sobre el factor Suerte; a lo sumo démosle un humilde 10% ó menos, como esa ‘pizca’ de pimienta que terminó por condimentar ese sabroso plato.

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